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Hace rato que la lluvia paró en Bella Vista, aunque todavía el barro persiste sobre la calle Quirno. Una leyenda desorienta la búsqueda. “O cuán ingrato sería, que en esta casa llamase y al penetrar se olvidase de decir Ave María”, reza, con letra chica, en la entrada de un chalet blanco, con sobrante de patio y un perro muy animado. Precisamente allí, en la bondad de un hogar custodiado por creencias religiosas –y ajeno al mundillo del fútbol–, vive Claudio Rossi, un juez de línea internacional con una historia que no tiene desperdicios.
Un hombre de 41 años, con nueve hijos y otro en camino, y que es abogado de profesión, profesor de historia por vocación y juez de línea por casualidad. “Es que me metí en esto por error”, dice entusiasmado, y de inmediato abre el baúl de los recuerdos. “Tenía 24 años cuando me recibí de abogado y me dio ganas de hacer un curso de periodismo deportivo. Fui con un amigo a la AFA para averiguar cuál era la mejor escuela, y por una equivocación nos metimos en el primer piso. Ahí nos recibió don Roberto Goicochea (ex árbitro) para preguntarnos qué estábamos haciendo. Y yo le dije: buscando una escuela de periodismo. Y él, serio, nos respondió: no, no, querido, ustedes tienen que ser árbitros, que eso es lo que falta... Al final, hicimos el curso teórico para conocer el reglamento, y luego nos enganchamos y quedamos como profesionales”, cuenta Rossi, que también confesó su fracaso como N° 9 en las divisiones inferiores de Atlanta.
Después de cuatro años de levantar el banderín, Rossi tuvo su oportunidad para saltar al campo de juego como árbitro. Pero un poco auspicioso debut, en 1992, le negó esa posibilidad. “Como había dirigido bien un par de partidos en la reserva, me tocó arbitrar en un encuentro de la primera D. Era como un premio para mí, además de tener la chance de hacer carrera. Pero ese día fue el peor de todos, porque dirigí muy mal..., fui un desastre. No acerté en ninguna falta y, para peor, los jugadores cobraban lo que ellos querían. Agarraban la pelota y pateaban. Cuando terminó el partido, el veedor me llamó y me dijo: mire Rossi, yo voy a hacer todo lo posible para que a usted lo pongan como juez de línea, porque como árbitro es un desastre. ¡Y tenía razón! Nunca sentí el arbitraje, y si bien no soy muy bueno como juez de línea (se ríe), me fue mucho mejor...”
Tanto que participó como asistente de línea en el Mundial de Francia ‘98, en la final de la Copa Libertadores de América de ese mismo año, en las eliminatorias europeas de Corea–Japón 2002 y ahora está designado para el suspendido Mundial Sub 20 que este año se iba a jugar en los Emiratos Arabes.
La cordialidad, ante todo, parece primar en este padre de familia que divide su tiempo para atender todas sus actividades: por la mañana da clases de historia en el colegio de El Porvenir, en Pilar; luego visita los Tribunales para seguir los casos de sus clientes, y, los martes y jueves, por la tarde, se entrena con los árbitros. El domingo, claro, a la cancha: tiempo de fútbol.
“Cuando tengo libre lo ocupo de lleno con los chicos. Ellos casi ni miran la televisión, juegan en el patio y leen mucho. La familia es muy importante. Me preguntan por qué tengo tantos hijos en un país que está muy mal y dónde todo el mundo se quiere ir... Y yo digo: es al revés, la familia es esencial para salir adelante. Los mismos problemas económicos que tengo yo los tienen otros con dos hijos. No vivimos en la indigencia, pero sí en la austeridad. Tal vez no les pueda dar todos los gustos o comprarles las zapatillas que quieren, pero eso no es lo esencial”, dice el hombre, que cada vez que sale de vacaciones carga su automovil rural con todos sus hijos (“entran muy apretados”, dice) y envía las valijas por encomienda.
Rossi apostó a su capacidad y también escribió un libro de historia para el tercer ciclo Polimodal de la Universidad Católica de la Plata. Como cuenta pendiente, le queda dar las últimas dos materias para recibirse de... periodista. “Estudié para hacer investigaciones, pero no para ejercer la profesión”, aclara. Religioso practicante, se educó en el colegio Benito Nazar, con los hermanos corazonistas. Razón que lo invitó a llamar a sus cinco hijas “María”, y a los cuatro varones “del Corazón de Jesús”. La creencia también se arraigó en dos de sus hijos, que en un futuro estarán ligados a la iglesia. “Juan Manuel (17) ya estudia para ser seminarista, y María de la Merced (14) empieza este año para ser monja. Ellos eligieron este camino y a mí me hace muy feliz. Por eso van al Instituto del Verbo Encarnado, en San Rafael, para cumplir con su elección, con su sueño”.
Por allí, en Bella Vista, retratos familiares se apoyan sobre muebles de madera rústica y un cuadro resalta en la escenografía del hogar: “Viejos leños para quemar, viejos libros para leer, viejos vinos para tomar, y viejos amigos para confiar”, dice el preferido de la familia. En la casa de los Rossi, de vez en cuando se habla de fútbol...
Nombre: Claudio Rossi
Fecha y lugar de nacimiento: 19 de mayo de 1961, en Morón.
Estado civil: casado, con María José. Tiene 9 hijos: Juan Manuel del Corazón de Jesús (17), Francisco Javier del Corazón de Jesús (16), María de la Merced (14), José Ramón del Corazón de Jesús (13), María Teresita (10), María de los Dolores (8), Aldo Luis del Corazón de Jesús (7), María José (6) y María del Rosario (3).
Profesion: abogado (se recibió en 1985, en la Universidad de El Salvador)
Como juez de linea : debutó en 1988, en la división D. En la primera A, debutó en 1990, secundando a Javier Castrilli. En 1995 fue nombrado juez línea internacional y en 1998, participó en el Mundial de Francia.
“Cuando Silvera marcó el gol y fui corriendo al medio del campo de juego, tuve la sensación de que me había equivocado; después, cuando vi la jugada por la televisión, lo corroboré. Si cometo errores de este tipo, después estoy una semana para recuperarme”, dijo Claudio Rossi, que el domingo último fue asistente de Horacio Elizondo –su amigo del arbitraje, junto con Javier Castrilli–, en el clásico entre Independiente y Racing, y convalidó el gol de Silvera, que estaba en posición adelantada. Rossi sospecha que por esa jugada no dirigirá este fin de semana.
“La peor parte se la llevan los árbitros, porque cobran mal a instancia de uno y después son criticados duramente por el periodismo. Pero es el línea el que lo induce al error. No me gusta equivocarme por esto, sobre todo; en el partido entre Independiente y Racing me equivoqué yo, pero todos se la agarraron con Elizondo.”
Rossi, que piensa dirigir hasta los 45 años y después analizar su continuidad en el fútbol, aseguró: “Tuve la suerte de viajar mucho como asistente, de hacer amigos en el medio y de vivir buenas experiencias. Los insultos ocasionales nunca me molestaron (sus hijos lo asienten), pero lo más duro es cuando uno se equivoca. Uno siempre trata de no hacerlo, pero a veces las jugadas son muy rápidas y se nos escapan algunas cosas”.


