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El ingreso en el hotel Emperador impacta y deja perplejo al cronista. El lujo reluce aquí y allá, pero las joyas son de carne y hueso, porque la vista se clava en tres pesos pesados. Y, más allá del profesionalismo, no hay razones para no admitir el shock cuando, ahí nomás, charlando como viejos amigos y quebrando -eso sí, con ayuda de un tercero- la barrera del idioma están sir Bobby Charlton (65 años) y Antonio Rattin (65), nada menos que un pedazo de historia del fútbol.
El tercero, vale aclararlo, es Hugo Porta, que con gusto oficia de traductor entre ambos. Y entonces, sin saber sobre qué temas sobrevuela la charla entre ellos, la mente se transporta a través de la máquina del tiempo al 23 de julio de 1966. Son poco más de las 20 y en el legendario estadio Wembley rugen 90.000 espectadores, aunque el tiempo hará rugir a muchos más a través de las generaciones. Van 35 minutos del primer tiempo y el árbitro Rudolf Kreitlein acaba de expulsar a Rattin, que sólo acepta irse del campo a regañadientes y estrujando el banderín del córner con los colores de la bandera inglesa antes de sentarse cómodamente sobre la alfombra de la reina, mientras a su alrededor caen los más variados objetos. Luego, en la segunda etapa, llegaría el gol de Geoff Hurst que le daría el pase a las semifinales a Inglaterra, a la postre el campeón mundial.
Hoy, a casi 37 años y con Charlton y Rattin frente a frente, las imágenes cobran vida porque ellos están juntos para contarlo, aprovechando la presencia del inglés como miembro de la Academia Laureus, que propicia, a través de su fundación, la reinserción social a través del deporte.
-Cada vez que vengo a la Argentina lo veo y disfruto con él. Vine a la Argentina unas seis o siete veces y siempre me encontré con Antonio. Además, quiero agradecerle el apoyo que nos da (Charlton).
-Gracias a Dios pudimos vernos nuevamente, je, je. Ya no somos pibes, así que espero que todavía podamos repetir este encuentro una vez más (Rattin).
-Esto es lo bueno que tiene el fútbol: es un deporte que rompe barreras, porque fíjese que no hablamos el mismo idioma y, aunque necesitemos de traductores, cada vez que nos vemos se ha entablado una sincera amistad (Charlton).
Rattin, hoy diputado y titular de la Comisión de Deportes de la Cámara baja, le deja la pelota a su amigo.
-Las cosas no cambian, todo sigue en el mismo sitio, por más que removamos el tema. Recuerdo que fue un gran partido, porque la Argentina tenía un equipo muy bueno, con destacadas figuras. Lo que pasa es que, como dice Antonio, el tiempo pasa y los recuerdos se ponen difusos (Charlton).
-Con Bobby nos enfrentamos tres veces. Ya en el 62, cuando jugamos por primera vez y perdimos por 3-1, me habían dicho que él estaba en el equipo y que tenía mucho talento. Después jugamos otra vez en el 64 y ganamos por 1 a 0. Y la última vez fue la más famosa (Rattin).
-Nunca pude entender la reacción de Rattin ese día. El árbitro lo había expulsado y él no quería irse. Los jugadores sudamericanos tienen algunas actitudes que no entiendo y él encima era el capitán, debía dar un ejemplo de compostura (Charlton).
-¿Ya se lo había dicho?
-Claro que sí. Para mí fue algo inentendible (Charlton).
-Inglaterra fue el rival más duro que podía tocarnos, porque eran los locales y era una época muy distinta. Ellos nos hicieron un gol de carambola y encima el árbitro nos había dejado con un hombre menos. Y en aquella época no había cambios, no se podía reemplazar ni al arquero (Rattin).
-¿Alguna patadita?
-Es posible. Pero si hubo algo, ya quedó en el olvido. De viejo, uno se pone sentimental. Hoy somos muy buenos amigos.
No es mucho el tiempo que tienen para compartir. Y LA NACION es testigo de una más que cordial despedida.
-Bobby, espero que podamos vernos nuevamente en un tiempo próximo. Lo que pasa es que ya estamos grandes y uno nunca sabe (Rattin).
-No dudes de que nos volveremos a ver. De hecho, quedás invitado desde este momento a la inauguración del nuevo estadio Wembley (Charlton).
-Te agradezco. Espero que podamos cumplir ese sueño (Rattin).
-Y si llegás a ir por Inglaterra, no dudes en llamarme para vernos y ayudarte en lo que necesites. Siempre serás bienvenido (Charlton).
-Suerte y salud (Rattin).
Hasta el próximo recuerdo.
Como parte de la Academia Laureus –presidida por el ex atleta norteamericano Edwin Moses– y a través de su fundación, sir Bobby Charlton está orgulloso de poder ayudar a mejorar la calidad de vida de muchos jóvenes: ”Coincido con la frase de Nelson Mandela, que dijo que el deporte tiene el poder para cambiar el mundo. La política no puede hacer lo que los deportistas sí. Creo que las cosas que hace Laureus, como el proyecto en Mendoza, en el Club Ciudad Oeste, no reemplazan a la política, pero ayudan. Todo es posible con los jóvenes, ellos te inspiran”, dijo el inglés.
Y Rattin le respondió: ”Quiero felicitarlos por este emprendimiento. Estoy orgulloso como deportista y presidente de la Comisión de Deportes del Congreso. Voy a cooperar en todo lo que necesiten”.

