Copa América. "El arte de ganar": cómo es la filosofía de Carlos Queiroz en la nueva Colombia

Queiroz, durante una práctica de Colombia
Queiroz, durante una práctica de Colombia Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli
Ariel Ruya
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14 de junio de 2019  • 23:59

La época romántica pertenece a otro tiempo, cuando Pacho Maturana dirigía una sinfonía que se despachó con un 5-0 sobre la Argentina, en el Monumental. La etapa pragmática corresponde al último tramo de la historia, con una estantería confortable, pero sin impactos mayúsculos, con José Pekerman en la cúspide. Colombia es, ahora mismo, una selección en pausa, en el recambio de un nuevo proceso. No refleja aquellos buenos tiempos, tampoco seduce desde la lógica de la lucidez. Tiene, eso sí, nombres que rubrican un prestigio desde la imagen, por sobre el presente. Sin la magia de Juan Fernando Quintero -lesionado-, recortada la clase de James Rodríguez y sostenido en la puntería de la nostalgia de Radamel Falcao , el rival de esta noche de la Argentina en la Copa América se ofrece como una moneda al aire.

Carlos Queiroz es el experimentado y sorpresivo entrenador. El portugués, de 66 años, asumió en febrero pasado, en su primera experiencia en esta parte del mundo. Pergaminos le sobran: asistente de Alex Ferguson en Manchester United, DT principal en Real Madrid, el seleccionado de Portugal y un mundo de desafíos en un recorrido extenso, al que le faltaba el calor de lo desconocido. "Después de más de 36 años de experiencia, puedo decir que el estilo que me gusta es el arte de ganar; si el estilo es 'rock and roll', lo hacemos y si es 'samba', lo hacemos. Lo que sea necesario para jugar un partido con el arte de ganar, lo haremos", asume.

Carlos Queiroz, un hombre de convicciones
Carlos Queiroz, un hombre de convicciones Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

En el arte de ganar, tiene una idea clara. "Yo no garantizo que vamos a ganar la Copa América, pero puedo garantizar que todos los partidos vamos a intentar ganar", rubrica. Y tiene tres aspectos que definen su pensamiento. El espíritu colectivo, eso sí, está por encima de todo.

  • 1) "Todos los jugadores tienen un papel y una función, todos son iguales e importantes: es como una orquesta, uno puede tocar el violín, mientras otro toca el piano, todos son importantes"
  • 2) "No estoy acá por ser un perdedor alegre y simpático, la experiencia que tengo en mi vida me ha dicho que con un equipo funcional, las cosas se tienen más cerquita"
  • 3) "Yo estoy preocupado por un solo jugador, el que come conmigo, el que duerme conmigo... y es un jugador muy especial para mí: ese jugador es el equipo de Colombia, es el único que me preocupa".

Tiene carácter de duro, habla el español con fluidez y lleva un debate interno: respetar a los futbolistas con recorrido en el seleccionado, pero sin prepotencia en el presente, o darles espacio a algunos nuevos con hambre de gloria en la formación. Falcao o Duvan Zapata, Cuadrado o Cardona, entre tantos otros. Un primer flechazo tiene la respuesta: se inclina por la experiencia. Y el líder futbolístico es James Rodríguez, de deslucido paso por Bayern Munich, más allá de su zurda eficaz.

En la última temporada, acosado por lesiones y pérdida de confianza, actuó en 28 partidos, marcó 7 goles y logró 6 asistencias. Falcao (33 años) sufrió en Mónaco, se salvó del descenso en el último suspiro, aunque mantuvo una respetable cifra en la red: 16 tantos en 38 encuentros. Duvan Zapata (28), representa la nueva era. En Atalanta fue una sensación, luego de la clasificación directa a la Champions League. El exdelantero de Estudiantes de La Plata marcó 28 goles en 48 partidos, adaptado al rigor físico y la adrenalina del calcio, luego de jugar en Napoli, Udinese y Sampdoria. Con la misma teoría de perfilarse a favor de la sapiencia, se puede entender el caso Cuadrado (31). Postergado, el versátil volante solo participó en 23 partidos en Juventus.

Pekerman recuperó el orgullo cafetero en un proceso de seis años y ocho meses. Pasaron las copas de Brasil 2014 y Rusia 2018 y dejó, en el recorrido, respeto en el concierto internacional y algunas deudas pendientes, como una proyección sostenida en el tiempo. Queiroz se inclina por la misma solidez, pero modifica el dibujo táctico. Prefiere el clásico 4-3-1-2 o el 4-3-3, un módulo típicamente europeo, pero sin excesos. En su cabeza asoman tres premisas básicas.

  • 1) El orden defensivo, con reducido espacio entre las líneas. Los laterales solo atacan como factor sorpresa.
  • 2) Repliegue rápido ante la pérdida, con (casi) todos detrás de la línea de la pelota.
  • 3) El contraataque es la principal arma de peligro ofensivo, se aceptan pelotazos, aunque jamás como un método repetido.

"No soy una persona de un sistema. Me importa que haya procesos estructurados en lo defensivo y en lo ofensivo. Empezamos con un esquema y terminamos con otro. Dependerá de las cosas que pasen", asegura el conductor, ya adaptado al acento sudamericano, convencido de que Lionel Messi va a quedar encarcelado, atrapado en las garras de un sistema sólido y estructurado.

Por: Ariel Ruya

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