Copa Libertadores: River piensa en Cerro Porteño, pero Gallardo no lo deja confiarse

Marcelo Gallardo.
Marcelo Gallardo. Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk
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21 de agosto de 2019  • 07:00

Una de las máximas de Marcelo Gallardo en su trabajo como entrenador es aclarar que con las derrotas se suele aprender y crecer más que con las victorias. Por eso, cuando todo era satisfacción y las sonrisas se multiplicaban en el vestuario después del histórico 6-1 sobre Racing del sábado pasado, el DT de River ingresó al vestuario, felicitó a sus dirigidos y fue muy claro con su mensaje: "Que la victoria no nos confunda".

Mañana, el inicio de la serie de cuartos de final de la Copa Libertadores ante Cerro Porteño será el séptimo partido de un semestre que se inició con cuatro empates y dos recientes victorias. Pero el presente es tan efímero y la alegría de una excelsa victoria dura tan poco, que el disfrute no se estiró: el plantel se entrenó el domingo por la mañana en el gimnasio del Hotel Alvear Icon, el lunes por la tarde lo hizo en el Monumental y desde ayer al mediodía se encuentra concentrado en el Hotel Hilton de Pilar, el nuevo refugio que reemplazó al Sofitel de Cardales (como ocurrió ante Cruzeiro).

Tal como sucedió en varias ocasiones durante los últimos años, los pilares del trabajo que se desarrolló en la pretemporada recién se empezaron a observar con notoriedad luego de los primeros encuentros. Es que las cuatro igualdades en fila (1-1 con Gimnasia de Mendoza, 0-0 con Cruzeiro, 1-1 con Argentinos Juniors y 0-0 con Cruzeiro) mostraron a River con carencias de juego, desatenciones defensivas y poca efectividad, en el inicio menos goleador del ciclo.

Todo se despabiló con el 3-0 a Lanús y el 6-1 a Racing, en dos goleadas que podrían haber sido todavía más abultadas: el Millonario fue muy superior a sus rivales, mostró un aceitado funcionamiento colectivo, impuso su jerarquía y desequilibrio en todas las líneas y recuperó el poder de fuego de sus delanteros y volantes con nueve goles en dos juegos. Eso sí, en la intimidad de un grupo que mantiene hace años su línea de trabajo hay una premisa fundamental: "Ni hoy somos los mejores, ni ayer éramos los peores".

Y esa visión se apega a lo que contó Gallardo en Avellaneda: "Los jugadores son conscientes de que venimos haciendo un buen trabajo. Tuvimos un buen inicio de semestre, de menor a mayor, y ahora empezamos a tomar vuelo. Pero les dije que esta victoria, que fue muy abultada y clara, no nos confunda. Y no nos va a confundir porque siempre nos hemos comportado de la misma manera. Ya está el foco del jueves rápidamente. Hay que seguir porque hay mucho camino por delante".

Un punto vital es el hecho de "empezar a tomar vuelo". ¿Por qué? Porque cualquiera podría pensar que un 6-1 en un clásico, de visitante y ante el último campeón del fútbol argentino es un pico de rendimiento. Pero para no enviar un mensaje equivocado, la mesura es fundamental de cara a lo que vendrá: mañana inicia la serie con Cerro Porteño en el Monumental, el domingo se mide con Talleres en Núñez, el próximo jueves definirá su futuro en la Copa en Paraguay y el domingo 1° de septiembre recibirá a Boca, en el primer superclásico del año.

Sin ir más allá, el entrenador hoy terminará de definir la formación con una defensa afianzada (Armani, Montiel, Rojas, Martínez Quarta y Casco), un mediocampo con tres fichas seguras (Enzo Pérez, Palacios y Nacho Fernández) y un ataque con tres nombres para, en principio, dos puestos (Pratto, Suárez y Borré). El buen nivel de la gran mayoría de los jugadores le da variantes al DT, que posiblemente defina entre De La Cruz y Carrascal al cuarto volante, aunque también puede optar por un esquema con tres delanteros, algo que no es usual.

Con el regreso de Pinola (ayer recibió el alta médica), la primera convocatoria de Paulo Díaz y la revitalizada carta de Scocco, River llega envalentonado a su nuevo desafío. Más allá de los motivos para ilusionarse, el cuerpo técnico recurrió nuevamente a la reclusión en Pilar para buscar ese aislamiento que permita que todos mantengan los pies sobre la tierra. Es la única receta, según Gallardo, para seguir por el mismo camino.

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