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ESTAMBUL (AFP).- Quizá la impotencia nunca haya sido tan grande, tan inoportuna. Hernán Crespo habrá guardado en algún rincón de su alma la satisfacción personal, eclipsada por la desazón que hizo añicos el corazón de Milan. Las palabras trataron de explicar tanta decepción. Sólo las lágrimas describieron el sentimiento con fidelidad.
Dos goles en la final enriquecieron la cuenta deportiva del argentino y ratificaron su vigencia pese a las alternadas presencias en el equipo italiano, como consecuencia del entredicho con Chelsea, de Inglaterra, que cotizó el pase definitivo de Crespo en US$ 12.000.000, cifra que encendió el malestar de Milan.
Siempre estuvo al acecho. Avisó enseguida, a los 13 minutos, con un cabezazo que Luis García, de Liverpool, rechazó en la línea. La voracidad ofensiva quedó satisfecha en apenas cuatro minutos, entre los 38 y los 42.
Primero, Valdanito -tal el mote que se ganó en River por su parecido con Jorge Valdano- le puso el toque final a un contraataque que empezó el brasileño Kaká y que continuó el ucranio Andrij Shevchenko. El segundo grito llegó tras un pase notable de Kaká desde casi 30 metros; el argentino definió con categoría: picó la pelota ante la salida de Dudek. Era el héroe y lo poseyó el desconsuelo.
Cuando faltaban cinco minutos para el final, en una actitud que pocos entendieron más allá de cierto cansancio, el DT Carlo Ancelotti decidió el ingreso de Jon Dahl Tomasson en lugar de Crespo.
"Cuando el arquero (Dudek) le atajó dos remates seguidos a Shevchenko a un minuto del final, pensé que no ganaríamos. Fue doloroso. Estoy contento por mi desempeño, pero perder así es muy frustrante", aseguró Crespo.
Para describir el paso de Crespo por el torneo basta con remitirse a los números. El atacante marcó seis tantos y fue el artillero del equipo junto con Shevchenko. También les convirtió dos goles a los ucranios de Shakhtar Donetsk y otros dos a Manchester United, de Inglaterra. Crespo y Shevchenko terminaron a dos conquistas del holandés Ruud Van Nistelrooy, de Manchester United, con ocho.
El delantero inscribió su nombre entre los datos históricos, ya que desde el 18 de mayo de 1960 un argentino no anotaba en la final de la Liga de Campeones. Ese día, Alfredo Di Stéfano marcó tres tantos en la victoria de Real Madrid ante Eintracht Frankfurt, de Alemania, por 7 a 3. Crespo: dos goles y lágrimas.


