Cruyff, el eslabón perdido entre Di Stéfano y Maradona que llega hasta Messi

Pablo Vignone
Pablo Vignone LA NACION
Perla del archivo: Lionel Messi y Johan Cruyff, durante una entrega de premios
Perla del archivo: Lionel Messi y Johan Cruyff, durante una entrega de premios
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6 de mayo de 2018  • 23:59

Una línea imaginaria que uniera Barracas, la cuna de Alfredo Di Stéfano , con Villa Fiorito, la patria chica de Diego Maradona , mediría aproximadamente 18 kilómetros. La FIFA podría considerar oficialmente ese trecho como la distancia patrón del fútbol. Sería la forma más simple de unir a los dos hípertalentos salidos de Buenos Aires y alrededores; para el caso (y contradiciendo a Fito Páez), Rosario, la ciudad natal de Lionel Messi , siempre estuvo lejos.

Hay que considerar ese vínculo geográfico porque, a diferencia de los múltiples lazos que unieron a Maradona con Messi, puestos de manifiesto por Cristian Grosso el viernes pasado, grandes diferencias estructurales impidieron, en cambio, establecer lazos similares entre Alfredo y Diego, más allá de la indudable pertenencia de ambos a la estirpe del fútbol argentino. Di Stéfano jugó su último partido con la selección en 1947, 30 años (y de los más turbulentos para el equipo nacional) antes de que Maradona hiciera su debut con la celeste y blanca. Y entre el retiro de uno en España, en 1966, y el estreno de otro en la Argentina, en 1976, transcurrió una década. Esos 18 kilómetros se habían multiplicado casi que por mil…

Los memoriosos rescatan un par de cruces entre los dos. En el Nacional de 1981, Di Stéfano era el técnico de River, Maradona era el astro de Boca. En poco más de un mes se midieron en dos ocasiones: Diego marcó en ambas, pero Boca no pudo con River en ninguna…

Quizás, a la hora de fantasear con un eslabón perdido entre los supercracks, haya que ir a buscar lejos para dar con el apropiado. "Para mí todo empezaba en la calle –escribió Johan Cruyff en la segunda página de su autobiografía- Desde que puedo recordar, jugábamos al fútbol dónde podíamos". Betondorp, en Amsterdam, tan distante de Barracas o Fiorito pero a metros de De Meer, la sede del Ajax, fue un terreno igualmente propicio para la concepción de un genio futbolístico. El mismo Cruyff se encargó de poner en claro, con referencias constantes, que la influencia más grande de aquellos chicos fue, precisamente, el argentino de Barracas: "(Pensaba) en cómo se puede sacar provecho del contrincante, en cómo se puede trabajar mejor con el espacio, como ya lo había hecho Di Stéfano", escribió.

El retiro de su ídolo lo encontró ya figura en el Ajax, equipo con el que llegaría a ser el sucesor de Di Stéfano en el continente, ganando tres Copas de Europa entre 1971 y 1973. Luego, en el Barcelona, sembró un camino por el que más tarde transitaría Maradona, que llegó al club catalán cuatro años después de la salida del holandés. Como jugador, el concepto colectivo de Cruyff fue mucho más próximo al de Di Stéfano que al individualismo de Diego. En algo coincidieron: ambos dejaron el Barcelona peleados a muerte con el polémico presidente Josep Lluís Núñez. En el equipo ideal de Cruyff, el que armó para darle un cierre a su autobiografía, Di Stéfano y Maradona tuvieron su lugar.

Pero la conexión los supera a ambos. Como creador del Dream Team, el Barcelona de los ’90, Cruyff es el impulsor de las ideas madre de las que uno de sus discípulos, Pep Guardiola, se valió -con el invalorable concurso de Messi- para dictar capítulos memorables de la historia moderna del fútbol.

Dicho de otra manera: sin Cruyff, el eslabón perdido entre Di Stéfano y Maradona, quizás Messi no habría sido lo enorme que es.

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