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Sistemas y estilos no son la misma cosa. Comprender los sistemas, en cualquiera de sus expresiones, está al alcance de todos. Decir que un equipo juega 4-3-3 o 4-2-3-1 no explica casi nada. Estas descripciones se han vuelto comunes en el lenguaje del fútbol; se sobrevalora la táctica de posiciones sin más detalles que eso.
El dibujo es apenas un recurso gráfico para hacer más sencilla la comprensión, pero insignificante sin las aclaraciones estratégicas pertinentes y sin los comportamientos colectivos que definen a un equipo.
"Entiendo el sistema como la unión de individuos que se colocarán sobre el campo, mientras que el estilo de juego será la personalidad o identidad que tendrá el equipo" (Enrique Durán, mertiperarnau.com).
Ahí están las profundidades de un equipo, en el estilo. Es necesario vincular la distribución de los futbolistas con las características individuales, y además, todas esas conjeturas quedarán supeditadas a los rasgos fuertes de un equipo. El estilo es el contorno, el trazo que da forma y que contiene todo lo demás.
Alejandro Sabella le devolvió a la selección cosas que estaban perdidas: tranquilidad, armonía, convocatorias estables, sentimiento de grupo. Todos elementos valiosos (muy valiosos).
Otra cosa que se celebra es que habla de fútbol, se aparta de los ruidos innecesarios, sólo hace foco en el juego y se empeña en explicar sus argumentos con convicción y respeto.
Lo que no tiene una respuesta tan categórica es si la selección tiene un estilo claramente definido. Sabella procura un equipo versátil, que sea capaz de elegir, en el menú de conductas a adoptar, la opción más conveniente dependiendo de cada rival y circunstancia. ¿Puede un equipo manejar tantas variantes? ¿Se puede construir un estilo "variable"?
Cuando pensamos en la actual selección de Alemania, pensamos en orden y simetría; si pensamos en Holanda, vemos circulación, dinámica, buen trato de pelota; si pensamos en España, nos remite a algo parecido al Barcelona.
Son los rasgos distintivos, las virtudes sobresalientes. Si pensamos en la selección argentina, lo primero que se nos ocurre es "Messi". Luego, Agüero, Di María o Higuaín. El estilo actual de nuestra selección se define mucho más por los nombres propios que por las múltiples maneras que pretende jugar el equipo, sin que ninguna sea la dominante.
Si no es sencillo jugar regularmente bien de una determinada forma, cambiando el molde constantemente parece más complejo aún. En el afán de controlar todas las tácticas, el resultado puede ser igual a no controlar ninguna: la dependencia casi total del talento individual.



