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RÍO DE JANEIRO (De un enviado especial).- Tan sólo 20 pulgadas mide el televisor que Ricardo Ferreira logra conseguir. No importa, la selección de Brasil está jugando en el Mundial Argentina 1978 y él sólo quiere ver el partido. Ya parece haberse olvidado del reciente incidente, cuando casi prende fuego el departamento de un amigo por celebrar un gol con una bengala y lo terminaron echando. Los curiosos, también ajenos al suceso, comienzan a sumarse con la misma intención de seguir las acciones de la verdeamarela. Sobre el final del encuentro, ya son alrededor de 20 los torcedores. Pero esto recién empieza...

Así fue cómo surgió Alzirão, el punto de encuentro del pueblo carioca durante los partidos de su seleccionado en las Copas del Mundo, que ayer vibró con el triunfo ante Colombia y el pase a las semifinales del Mundial Brasil 2014.canchallena.com estuvo presente en este colorido lugar, ubicado en el cruce de las ruas Conde de Bonfim Alzira y Brandão, en el barrio Tijuca, a pocas cuadras del estadio Maracaná.
Puede asemejarse en la idea al Fan Fest, pero las diferencias vivenciales son notorias. Acá está el pueblo carioca. No mandan las grandes marcas ni las leyes FIFA, la única "obligación" es divertirse y alentar a la verdeamarela. Son alrededor de 10 mil personas que vibran en cada jugada. Festejan los goles, los cierres de los defensores, los fuera de juego en contra. Cada situación que favorezca a sus jugadores.
Según datos oficiales, durante los partidos de Brasil en Sudáfrica 2010, asistieron más de 150 mil personas.
Si bien dentro del vallado que delimita el lugar existen puntos de venta que pertenecen a la organización del Mundial, cualquier persona puede llevar sus propias bebidas. Es común encontrar a grupos de amigos, rodeando una bolsa de hielo y una heladera portátil, sufriendo con las acciones de un Brasil que sigue sin convencer con su juego.
La presencia de los patrocinadores es producto de un pacto con la FIFA. ¿Cuál? Antes del inicio del certamen, el organismo fiscalizador del fútbol quería cobrarle 10 mil dólares a Ferreira para poder transmitir los juegos de la Copa. Finalmente, y por medio de la intervención del alcalde de Río de Janeiro, las diferencias se pudieron solucionar.

Desde la Copa del Mundo en tierras gauchas hasta la actual edición, la adhesión del público fue creciendo de manera rápida y sostenida. Sin dudas, dicen los que saben, el boom de Alzirão explotó con el título brasileño en Estados Unidos 1994. Desde ese día, es normal cruzarse en este lugar con personalidades locales, como el propio Neymar, que durante los partidos de Sudáfrica 2010 se acercó para alentar por un equipo que lo había dejado afuera.
Termina el partido ante la selección cafetera y Brasil vuelve a estar entre los cuatro mejores del mundo. La música retumba por el potente equipo de sonido, mientras un grupo de zamba salta a escena para liderar los festejos. Algunos incidentes en un sector VIP amenazan con arruinar la fiesta, pero todo es controlado en cuestión de segundos por los agentes de seguridad. El televisor de 20 pulgadas ahora es una pantalla gigante. Es que ya no son 20. Son el pueblo carioca.
Producción audiovisual: Sebastián Rodeiro, enviado especial.

