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Sería interesante ir un día a una cancha de fútbol, cualquiera y de cualquier categoría, solamente para oír las canciones de las hinchadas. Sería interesante, también, realizar un trabajo estadístico sobre cuántas de ellas gastan sus gargantas exclusivamente en el aliento para el propio equipo, y cuántas se basan en dedicatorias o agresiones hacia otros clubes. Los que alguna vez han pisado un estadio saben que las segundas vencerían a las primeras. La conclusión es muy clara: el hincha argentino piensa más en el odio al rival que en su propio amor.
Dejemos a las nefastas barrabravas de lado por un momento. No hay que asociar todos los males del fútbol argentino en ese grupo minúsculo. Porque esos mensajes de odio y de agresión no pertenecen a unos pocos, sino que son cantados por todos. Incluso, esas dedicatorias se hacen piel y voz en los mismos protagonistas. El ejemplo es reciente: segundos después de obtener la clasificación para Sudáfrica 2010, los jugadores y el cuerpo técnico de la selección cantaban en contra de alguien en lugar de a favor de ellos mismos. La alegría transformada en bronca.
Así entiende la gran mayoría de los hinchas argentinos su lugar como simpatizante de un club. Así se entiende, también al folklore del fútbol. Pero la pregunta que debe responderse es: ¿de qué folklore estamos hablando? ¿O se trata de una palabra desfigurada en el sentido de su creación?
Desde ciertos lugares se ampara cualquier hecho repudiable en materia de violencia e intolerancia en la palabra folklore. Y se agrega que sin él, sin el bendito folklore, el fútbol dejaría de ser la pasión que es para transformarse en un espectáculo sin alegría. Eso es darle al hincha un lugar exagerado y a la vez equivocado en relación con su protagonismo. El mejor lugar para quien ama a su club es el del asociado que vota, elige, acompaña y entiende a un club como un espacio en el que su pasión y la de tantos otros se unen para un bien común propio. No para pensar en cómo dañar a otros.
Los ataques a la sede y al estadio de Independiente son una derivación del mal entendido folklore. No importa si los autores fueron hinchas de Racing, como indicarían las primeras investigaciones. Porque los que hoy tienen una camiseta de culpables, mañana serán las presuntas víctimas, y viceversa. Los que están en una vereda cruzarán rápidamente a la otra con mayor velocidad de la que una pelota cruza de un arco a la mitad de la cancha. Porque el folklore está cada día más lejos de la pelota y más cerca de las pintadas.
cbeer@lanacion.com.ar


