Eduardo Domínguez: "Me han ensuciado mucho; ahora quiero disfrutar"

Domínguez en Parque Patricios, un hábitat que conoce muy bien
Domínguez en Parque Patricios, un hábitat que conoce muy bien Crédito: Victoria Gesualdi (AFV)
El capitán de Huracán cuenta cómo se liberó de la acusación de camarillero; a los 36 años y cerca del adiós, afronta con ganas los últimos desafíos
Pablo Lisotto
(0)
23 de febrero de 2015  • 10:11

En los últimos meses, Eduardo Domínguez vivió una verdadera montaña rusa de sensaciones. Junto con Huracán pasó de la desilusión tras la derrota con Independiente que en junio postergó el ascenso, a la enorme satisfacción de concretar el regreso a Primera; del dolor ante acusaciones en su contra de influir negativamente en el plantel al orgullo de alzar la Copa Argentina, primer título oficial del club en 41 años.

A los 36, Domínguez disfruta de un renovado Huracán, que no sólo interviene en el torneo de Primera, sino que también se dará el gusto de participar en la Copa Libertadores, debut previsto para este martes ante Mineros, de Venezuela, por el Grupo 3. Claro que hay algo más y no es un tema menor: existe la posibilidad de que sea su última temporada como futbolista.

—Con la Copa Argentina, le renovaron a los hinchas el póster del 73…

—Lo disfrutamos mucho, pero al mismo tiempo hay que mirar para adelante. Sentí un gran alivio por haber logrado el ascenso, pero el hincha va a querer ganar siempre, y esperamos poder darle más alegrías. Ojalá haya sido el puntapié para que Huracán empiece a crecer en ese sentido también.

—¿Qué opinás del torneo de 30?

—Es raro. Con un formato raro. Porque no es ida y vuelta. Algunos se sentirán beneficiados y otros, perjudicados. Van a ser menos partidos, más intensos. Con promedio de tres años y medio… Medio complicado.

—¿Cómo lo sentís a este 2015 con tantos desafíos para Huracán?

—Con ganas de disfrutarlo… El semestre pasado me han ensuciado mucho diciendo que yo quería agarrar como técnico apenas se fue Darío (Kudelka)… Nada más lejano.

—¿De qué forma te sacaste de encima una acusación tan fuerte como la de camarillero?

—Con tiempo. Trabajando. Siendo honesto con mis compañeros… Lo más importante es que ellos saben quién soy, y eso me deja tranquilo. Y Darío también lo sabe, porque sigo teniendo relación. Soy un agradecido a él porque aprendí mucho. Él formó este grupo y este equipo. Lamentamos mucho que haya tenido que irse para que reaccionemos.

—Al mismo tiempo, tu suegro (Carlos Bianchi) también la pasaba mal en Boca. ¿Se aconsejaron ante ambas situaciones?

—Tratamos de no meternos en la vida profesional de cada uno. Carlos es muy reservado en esas cuestiones. Sólo él sabe lo que vivió en ese vestuario. Pero todo el mundo opina. Acá en Huracán nadie sabía lo que pasaba, y se hablaba de que había tres bandos, de que estábamos todos peleados... Hoy son todos periodistas. Cualquiera dice cualquier cosa y ya los medios partidarios lo levantan como noticia, y generan que esa gente se crea periodista. Si se busca rating habría que ver con qué armas cada uno quiere ganar.

—¿La vorágine de resultados cometécnicos es irreversible o tiene solución?

—En Primera, el semestre pasado era de transición y sin descensos, y no sé a cuántos técnicos echaron… Igual, cuando se quiere, se puede. Por ejemplo, en 1997, en Vélez, en el primer campeonato con Bielsa nos costó mucho adaptarnos. Y ahí el presidente Raúl Gámez lo sostuvo y dijo que era lo mejor para el club. Y el torneo siguiente lo ganamos de punta a punta, con una solidez impresionante.

—¿Te hacés cargo de la palabra "referente"?

—No me siento "el referente". Somos varios jugadores con mucha experiencia. Y no es algo que pase por la edad o por llevar la cinta. En 2009 el capitán era Paolo Goltz, que tenía 22 años… Sí me hacen sentir respetado, y eso me hace feliz.

—A los 36 años, ¿qué es lo que te motiva a seguir?

—La motivación pasa por las ganas de seguir creciendo. Yo vine a Huracán con un sueño y lo pude cumplir. Y ahora el sueño se renovó, y eso alimenta las ganas de seguir. Por ahora, el cuerpo me responde y me da pilas.

—¿Tenés una fecha definida para colgar los botines?

—Y… (respira hondo) Es muy probable que este sea mi último año. Voy a tener 37 años en diciembre… Nunca pensé llegar a esta edad jugando en Primera División y en la Libertadores. Hoy mi planificación es hasta diciembre, y después la idea es seguir ligado al club.

—¿La etapa del adiós se maneja solo, en familia o con profesionales?

—Me siento muy contenido por mi familia y por el club, pero nadie más que yo va a sentir lo que yo siento y vivo en este proceso. Es algo muy personal.

—¿Tenés alguna cuenta pendiente con el fútbol?

—Soy muy feliz con la carrera que hice. Algunos dirán que fue mucho y otros que por ahí tenía potencial para un poco más. Lo que hice ya está y lo disfruté mucho. Me siento exitoso. Desde el hecho de haber visto crecer al Pity Martínez, al que hoy lo vendieron en 4 millones de dólares, a todo lo que está por fuera del fútbol, que es realmente por dónde pasa la vida, en donde están la familia y los amigos, y donde yo me siento exitoso.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.