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RIO DE JANEIRO.- Sin haber ganado ninguno de los cinco títulos mundiales de la selección brasileña, Telé Santana da Silva, fallecido ayer, a los 74 años, por el agravamiento de una infección abdominal, conquistó definitivamente un lugar entre los técnicos más queridos y admirados de los brasileños, que solían llamarlo "maestro". Nacido el 26 de julio de 1931 en Itabirito, una pequeña ciudad del Estado de Minas Gerais, Santana siempre tuvo una fuerte relación con el fútbol, ya que su padre era el técnico y el presidente del modesto Club América Recreativo de Sao Joao Del Rey.
Inició su carrera en las canchas como puntero derecho de equipos juveniles de Minas Gerais, pero luego se trasladó a Río, donde firmó en 1951 su primer contrato profesional, con Fluminense. Allí permaneció 12 años aplaudido por la hinchada, que lo apodó "Hilo de Esperanza", en alusión a su figura frágil -pesaba sólo 57 kilos- y a su capacidad de decidir partidos con su velocidad en ataque y su puntería precisa en el remate. Fue elegido uno de los cinco mejores futbolistas de la historia de ese club.
Santana abandonó la carrera de jugador en 1965, y dos años después debutó como entrenador de los conjuntos infantil y juvenil de Fluminense. En 1969 se convirtió en técnico de equipos profesionales y conquistó sucesivamente el título de campeón carioca para Fluminense y de campeón de Minas Gerais y de Brasil para Atlético Mineiro en 1970 y 1971, respectivamente.
En 1980 asumió por primera vez al frente de la selección brasileña y encantó a los admiradores del "fútbol arte" con el equipo que armó para disputar el Mundial de España 1982. Pese a que Brasil fue eliminado por Italia en la rueda previa a la final, ese seleccionado sigue siendo hoy uno de los favoritos de los brasileños, según encuestas realizadas en el país sudamericano. En México 1986, una vez más el jogo bonito del equipo de Santana no alcanzó para conquistar el título en México: la verdeamarela fue eliminada en cuartos de final por Francia, por penales.
La segunda decepción consecutiva no le quitó el ánimo a Santana, quien se rehabilitó ampliamente al frente de Sao Paulo, con los títulos del Campeonato Brasileño de 1991 y de las Copas Libertadores e Intercontinental de 1992 y 1993. La victoriosa carrera del entrenador terminó en 1996, cuando sufrió una isquemia y un derrame cerebral que lo obligaron a abandonar el deporte.
Se fue mucho más que un entrenador. Se fue el padre del jogo bonito ...

