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Pocos momentos en la vida deportiva de Leonardo Astrada pueden compararse con el que vivió el 17 de julio de 1989, en el Monumental. Faltaban diez minutos para el final del partido que River le ganaba a Deportivo Español por 1 a 0 cuando el Negro, cabellera enrulada, nervios de pibe de 19 años, se saludó con Gustavo Zapata y empezó así a recorrer los primeros instantes de su extensa y exitosa trayectoria como jugador de fútbol, que en estos días finalizará como el que más títulos ganó con la camiseta de River.
Quizá, como él mismo dijo, ese momento sólo pueda compararse con el que vivió frente a Gimnasia y Esgrima La Plata, el último domingo: esa tarde, 40.000 hinchas le ofrecieron una emocionante ovación cuando, a los 30 minutos del segundo tiempo, se abrazó con Luis González, que le dejó su lugar en el equipo. "Olé, olé, olé, olé, Leo, Leo...", gritaron desde los cuatro costados, hasta el grito que dejó a Astrada al borde de la desconcentración: "Vení, vení / cantá conmigo / que un amigo vas a encontrar / que de la mano de Leo Astrada / todos la vuelta vamos a dar..."
Ese día, Astrada resumió sus sentimientos respecto de su carrera: "Fui tocado por la varita mágica; permanecí 14 años en River y logré varios títulos con grandes equipos. No fue fácil. Hice un sacrifico enorme, pero estoy orgulloso por haber vestido esta camiseta, que me permitió ser alguien en el fútbol".
El Negro, El Jefe, Maguila, como sea que lo llamen, habla como si nunca se hubiera ido de River. Es que, para él y los hinchas, el año que jugó en Gremio, de Brasil (2000) no cuenta en las estadísticas del corazón.
Lamentablemente, el momento de la consagración de River coincide con un hecho doloroso para él y su familia: el secuestro de su padre, Rubén, de 61 años, que se produjo el jueves último. Por eso, sus compañeros le dedicaron el éxito ante Olimpo.
Astrada marcó una época dorada en River como volante central. Fue campeón 10 veces y también ganó la Libertadores y la Supercopa. Sólo le faltó el título intercontinental (River cayó ante Juventus 1 a 0 en 1996). Lo dirigieron Reinaldo Merlo y Norberto Alonso –quienes lo hicieron debutar–, Daniel Passarella, Américo Gallego, Carlos Babington, Ramón Díaz y, ahora, Manuel Pellegrini.
Jugó en la selección, fue campeón en la Copa América 1991, en Chile, dirigido por Alfio Basile y disputó el Mundial de Francia 1998.
Los años lo transformaron en un ineludible referente del equipo y en el hombre más escuchado por el plantel. Es el que une al grupo, el que pilotea tormentas, el que aconseja a los pibes. Astrada es el futbolista más querido de River.
Desde su regreso de Brasil, en 2001, su carrera comenzó la etapa final. Sufrió una lesión durante el año del regreso de Ramón Díaz a la conducción de River y jugó pocos partidos. Con Pellegrini recuperó su protagonismo, aunque ya no era titular indiscutido y este año disputó sólo 8 encuentros, seis como titular.
Se retira uno de los futbolistas que más partidos disputó con la camiseta de River, el que tiene el récord de presencias en la Copa Libertadores (70 encuentros), el más ganador de todos. Se va alguien que se hizo grande en River sin gambetas, sin goles, sin lujos; con sacrificio, silencio y un corazón gigante.
Astrada empezó su carrera campeón y la termina igual. No podía ser de otra forma. Surgió de las inferiores y llegó a lo más alto. Como él, otros jóvenes quieren seguir su ejemplo: los Pereyra, los Ahumada, los Mascherano y todos los que corren campos en las divisiones menores.
Ya hizo el curso de técnico y muchos lo ven, en un futuro no muy lejano, sentado en el banco junto con su amigo Hernán Díaz. Si sucede, no será un regreso, porque como le cantaron los hinchas ante Gimnasia, "el Negro no se va, el Negro no se va...".



