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Valorado desde la angustia, con el corazón aún palpitante, Racing debe pellizcarse para sentirse con los tres puntos. La piel tiene que arderle. Vive tan al día, pasa tantas necesidades con el flacucho promedio que cuenta una y otra vez la recompensa que resplandece y le rebalsa las manos. Sólo entonces logra convencerse de que nada quedó por el camino. Y se entrega. Y, aunque más no sea por un día, posee riqueza. Más en un clásico con clima de hervidero: la sensación se triplica. Mucho más frente a River y sus aspiraciones de vanguardia. Más, cuánto más, por el incalculable valor que alimenta su ego y nutre su convicción.
Da la sensación de que Racing no puede apartarse de los finales dramáticos. Nunca. La victoria -al fin, el alivio- se dio como un consecuente relato, fiel, detallado, de sus últimos penares. Hubo bravura, empuje. Se sucedieron imágenes confusas, entre mil y un rebotes, que casi terminan con la pelota dentro de su arco. Los últimos minutos lo vieron arrinconado, con diez futbolistas por la expulsión de Caballero. Incluso, hasta por fin apareció la figura de un arquero capaz de salvarlo, Migliore.
Ya en los vestuarios lo reconocería el DT Caruso Lombardi, que habló de una estrategia armada para "la batalla". Así fue de principio a fin. Todos corrieron. Nadie reservó energías. River se desbordó por el rigor físico, con tantas ataduras como dudas. Demoró en soltarse y, además, las tempranas lesiones de Augusto Fernández y Quiroga le recortaron el campo de acción. Tanto que entró Gallardo, pero Falcao, reservado por el cansancio de los partidos y los viajes con el seleccionado colombiano, se quedó entre los suplentes.
Nada le sobró a Racing. Pero nada. Tuvo la astucia y el oportunismo para tomar una distancia decisiva y luego la protegió como si disputase la final más encumbrada. Fue con una definición de Lugüercio, cada vez más importante en la función colectiva, que aprovechó un toque atrás de Matías Martínez, en una jugada que había empezado con un centro de Shaffer desde la izquierda. Hasta entonces el desarrollo se mantuvo entre la permanente fricción, sin un dominador definido y con un juego tan entrecortado que acarreó al fastidio.
River intentó afirmarse como pudo, pero nunca encontró comodidad. Sus jugadores, por el despliegue de los locales, quedaron constantemente con la marca redoblada. Aveldaño siguió por todos lados a Fabbiani y lo controló. Rosales perdió peso por sus propias imprecisiones. Buonanotte jamás asumió el papel del conductor. Abelairas cayó en las redes de su tibieza. Y los millonarios derraparon por un pronunciado barranco. Cómo habrá estado de perdido el conjunto dirigido por Néstor Gorosito que el primer remate al arco fue a los... 27 minutos, con un tiro libre de Abelairas que Migliore desvió al córner.
Racing atacó poco, es cierto. Pero igual con eso dejó en claro que la solvencia defensiva aún no entra en la lista de virtudes de River. Un par de corridas de Lugüercio y un desborde de Zuculini exhibieron las dudas de la defensa. Es más, la Academia tuvo un contraataque inmejorable encabezado por Zuculini; Lugüercio, con River desarmado en la última línea, vio a Wagner, que falló en el mano a mano con Barbosa. Un dilema para los visitantes fue por entonces la posición de Leandro González, que se movió como un enlace, por delante de Zuculini, Yacob y Wagner.
El vencedor acentuó la tendencia defensiva con el transcurso del tiempo. Durante varios momentos todos sus futbolistas corrieron por su propio terreno. River se hizo notar. El área de Racing se volvió una de las zonas más transitadas por el obligado impulso del equipo de Núñez, pese a que no logró claridad y que insistió con los centros en busca de Fabbiani. En uno de ellos, el gigante le bajó la pelota a Buonanotte, que, solo, se demoró en el remate. La situación mejoró con el ingreso de Gallardo, que metió un par de buenos pases al vacío que no aprovecharon Rosales y el mismo Fabbiani.
Aferrado al instinto de supervivencia, Racing rechazó cada pelota lo más lejos que pudo. En el otro arco apenas aportó un remate esquinado de Lugüercio que Barbosa, con esfuerzo, rechazó. Después sobrevino el momento más lúcido de Migliore, que descolgó un par de centros y que, con sus reflejos, se lució con un fortísimo tiro de Rosales, desde corta distancia. También controló un cabezazo de Ferrari, desde una posición bastante favorable. Fueron momentos intensos, de agitación, gestos y gritos acalorados. Un remolino recorrió Avellaneda y dejó a River desprovisto de sus intenciones. Racing consiguió elevarse unos centímetros. Al menos por unas horas, no ve el fondo desde tan cerca.
En todos los estadios se hizo un minuto de silencio por el ex presidente argentino, que falleció el martes pasado. Hubo mucha emoción. "Gracias, Alfonsín", se leyó en la cancha de Gimnasia, de Jujuy.
Como local, Racing no pierde ante los millonarios desde el 12 de septiembre de 2004. Ese día, River se impuso por 2-1, con goles de Lucho González y Sand; descontó Lisandro López; desde entonces, la Academia ganó dos veces y hubo un empate.
Antes del partido, el delantero de River se acercó al banco de los suplentes de Racing y saludó al DT de Racing, que lo dirigió en un par de prácticas en Newell´s. Fabbiani también lo hizo con Sebastián Grazzini, con quien compartió el plantel rosarino.




