

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
Nadie deja de reconocer en Marcelo Bielsa a un profesional serio y responsable, que asume su trabajo con una rigurosidad y dedicación absolutas, casi sin parangón entre sus colegas. Su rectitud ética tampoco está en tela de juicio. Cuesta imaginar que deba revisar esos atributos a la hora de pensar en un ciclo más fructífero que el que cerró en el Mundial.
Este bagaje le permitiría sentirse realizado y ser exitoso en un trabajo convencional, pero el fútbol tiene sus caprichos y misterios, en los cuales seguramente reside su irresistible atracción. Y pusieron a un técnico capacitado como Bielsa en la situación de un fracaso, al menos momentáneo. En su encuentro con la prensa de hace unas semanas, puesto a hacer su autocrítica, Bielsa admitió que le faltó intuición para resolver algunas situaciones puntuales, y puso algunos ejemplos.
La carencia de la intuición no es un dato menor, sobre todo en un entrenador, en cuyas decisiones siempre debe haber una pizca de olfato, un sexto sentido, un pálpito que está al margen de lo racional, de la conclusión sesuda.
Tiene su lógica que Bielsa hable de una intuición no debidamente desarrollada, ya que es un DT más volcado a la ciencia que a lo artesanal, más apegado a lo contrastado que a lo imprevisible. Para su pesar, el fútbol le da bastante cabida a lo impensado. Es analizable desde el estudio, pero es inmanejable como acontecimiento predecible.
La intuición de un técnico es difícil de cuantificar. Sólo puede ser demostrable a través de ejemplos. A través de un cambio oportuno, la correcta elección entre dos jugadores que están en un mismo nivel o el ojo clínico para que un discreto proyecto de inferiores explote en primera. Carlos Bianchi da el perfil de un agudo intuitivo. Basta con recordar su corazonada para hacer entrar a Palermo cuando aún no estaba del todo repuesto de una operación de ligamentos, en aquella goleada a River por la Copa Libertadores que tuvo un gol del delantero.
La escasa intuición de Bielsa también puede encontrarse en su inclinación a manejarse con gran parte del plantel que dejó Passarella, sin aventurarse con otros jugadores que pedían selección. Bielsa vuelve a dar batalla, apoyado en su completa logística, y encomendado a que la etérea intuición no vuelva a abandonarlo.




