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Leonardo Astrada dijo adiós como técnico de River cuando ya no supo cómo hacerle frente a las críticas, tanto externas como internas. Cada partido era clave para el Jefe, cada pequeño gesto de sus dirigidos repercutía directamente en su trabajo. La contundencia de Banfield, que lo goleó 4 a 1, y, especialmente, los insultos de los hinchas lo arrinconaron hacia la renuncia, esta vez definitiva.
Los rumores y las críticas hacia su labor estaban instalados desde hace tiempo. No alcanzaba el respaldo público que a cada rato intentaba el presidente del club, José María Aguilar. La acumulación de desaciertos de los últimos meses inducía a Astrada hacia el final. Quizá por eso cada partido de este Apertura era decisivo para el cuerpo técnico.
Ayer, Astrada no quiso hacer declaraciones tras salir del vestuario visitante del estadio Banfield. Vestido con un traje negro, sobretodo en la mano izquierda y escoltado por Gabriel Macaya (preparador físico), el ex DT caminó hacia el ómnibus que por última vez lo transportaría de regreso con el plantel. Fue Aguilar el que oficializó la noticia, con un gesto apesadumbrado, explicó: "Astrada decidió dar un paso al costado. Los dirigentes tratamos de convencerlo, hicimos un último esfuerzo, pero la situación era muy pesada para él". Cuando lo consultaron acerca de si había alguna posibilidad que revisara la decisión, el titular del club de Núñez afirmó: "Cuando se habla de hombres de bien, la renuncia es irrevocable. Me sorprendió la decisión que tomó Leo, igualmente vamos a esperar y no vamos a tomar medidas en caliente en cuanto a su reemplazante".
La eliminación de la última Copa Libertadores en las semifinales a manos de San Pablo y un mal torneo Clausura aventuraban que un ciclo terminaba en River. Porque se podían ir varios jugadores y posiblemente el entrenador. El ambiente posterior al partido con Huracán, de Tres Arroyos, en la última fecha del Clausura, se cargó con trascendidos y sospechas porque se especuló con que el éxodo alcanzaba a Astrada, que tras varias reuniones y dos horas y media después del encuentro desmintió su alejamiento. "No me voy, y jamás pensé en renunciar", había dicho el entrenador, en el medio de las penumbras que quedarían por siempre.
Nadie faltó a la verdad en aquella oportunidad: formalmente Astrada jamás presentó la renuncia, pero sí la analizó. El propio Aguilar reconoció a este medio que el entrenador tambaleó cuando escuchó los insultos de la platea San Martín en el último partido del Clausura. "Siguió porque lo convencí con respaldo", afirmó por entonces el titular de River, que insistió en destacar las virtudes del DT: conocimiento del club y honestidad, sobre todas las cosas. Parece que no fue suficiente.
Quiebres internos como el de la pelea entre Ameli y Tuzzio dieron cuenta de que la relación entre Astrada y algunos referentes del plantel era endeble en el medio del camino por lograr la Libertadores. En el regreso a las prácticas, después del receso, el DT separó del grupo a seis futbolistas; los más visibles fueron Ameli y Tuzzio. ¿Quién puede negar que la vida íntima del plantel millonario fue una fuente de problemas en lo últimos tiempos? Un episodio que empeoraba lo que ya venía mal barajado y sembraba inestabilidad.
Hoy será un día de muchas reuniones entre los dirigentes de River. De ellas saldrá el nombre de quien ocupará la plaza vacante que dejó Astrada. Se sabe que Marcelo Bielsa es una debilidad para Aguilar, a quien también le gusta Reinaldo Merlo. Y que las otras alternativas son Daniel Passarella y Ramón Díaz. La preferencia por cada candidato dependerá también del escenario político, ya que en diciembre próximo hay elecciones. Habrá que ver cuáles son las prioridades para este difícil momento que atraviesa River.
57,85 Su eficacia
Desde que asumió en enero de 2004 dirigió 87 partidos oficiales (ganó 45, empató 16 y perdió 26)
1 Los títulos
Logró el Clausura 2004 y llegó a semifinales en las últimas dos Libertadores.

