El día en el que Maradona dejó de ser el Diego de la gente

Francisco Schiavo
Francisco Schiavo LA NACION
El homenaje y una triste despedida
El homenaje y una triste despedida
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19 de noviembre de 2019  • 21:49

N o hay nada peor que un corazón roto, despechado. Si Diego Maradona de verdad renunció en nombre de los códigos, ¿cómo podrá sentirse el hincha de Gimnasia que de un día para el otro lo adoptó como ídolo sin que mediara ningún vínculo? Maradona dejó huérfana a la gente de Gimnasia en la lucha por la permanencia en la Superliga. Esta vez no fue el Diego de la gente.

Maradona le soltó la mano a aquel que lo tatuó en la piel con la camiseta de Gimnasia. Hizo algo parecido con el artista que pintó una pared de su casa o con el simpatizante que juntó monedas para ponerse al día como socio y verlo dentro de la cancha. En su presentación, Diego lloró. En su despedida, las lágrimas son de otros, los que tienen mucho más para perder. Por una ilusión despojada o, mejor dicho, fugada en el momento oportuno. Raro. Porque Maradona siempre estuvo atento a las necesidades populares y no solo en el deporte.

En Gimnasia, Maradona dirigió ocho partidos, con tres triunfos, ninguno en La Plata, con el agregado de la derrota en el clásico con Estudiantes. Lo suyo pasará por otro costado. Gimnasia, seguramente, habrá reaccionado en la tesorería por el efecto catarata de un apellido ilustre. Pero deportivamente habrá sumado poco y nada. Si antes estaba complicado, qué le queda al sucesor de la leyenda.

El plantel por el que él juró pelearla hasta el final le imploró. El presidente saliente, Gabriel Pellegrino, según cuentan, trató de convencerlo. Los opositores en la inminente elección vociferaron que Maradona siempre sería parte del proyecto. ¿Hacía falta algo más? Según las partes, Pellegrino podría haber seguido en un cargo vinculado con el fútbol, por más que no participara activamente en las elecciones. Oportuno. El paso al costado de Maradona fue oportuno.

Gimnasia hizo sentir vivo a Maradona en el fútbol argentino cuando nadie lo llamaba. La expareja del exDiez, Rocío Oliva, deslizó que el entrenador ya tiene propuestas de otros equipos de Primera, quizá, bastante lejos del embudo que llevaba al Lobo directo al descenso. El tiempo, dicen, acomoda todo. Tal vez esto también.

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