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SAN PABLO (De un enviado especial).- Hace 64 años, once gladiadores uruguayos silenciaron a 200 mil brasileños, que vieron esfumarse de sus manos la tan ansiada primera Copa del Mundo. Se trata de lo que todos conocen como Maracanazo. Hoy, los hinchas de Brasil parecieron olvidarse por un rato de la derrota más dura de historia del país y celebraron junto con los charrúas una emocionante victoria ante Inglaterra, que quedó devastada y a un paso de la eliminación en el Mundial Brasil 2014. La alegría no sólo fue brasilera, pero la tristeza… La tristeza sí tuvo una única nacionalidad: la inglesa.
"Volveremos volveremos, volveremos otra vez, volveremos a ser campeones, como la primera vez", la canción uruguaya irrumpió con fuerza antes, durante y una vez finalizado el partido en el Arena Corinthians. El pueblo uruguayo se levantó del golpe propinado por Costa Rica en la primera fecha y ahora se permite ilusionar con el pase a los octavos de final. Pero además del apoyo de sus compatriotas, que llegaron en gran número al estadio, los jugadores de Uruguay fueron alentados por los brasileños, argentinos, colombianos y venezolanos, entre otras nacionalidades, presentes en el estadio.

Uno de los clásico temas de la hinchada argentina también se vistió de celeste: "El que no salta es un inglés", se escucho una y otra vez durante la histórica tarde. Los goles de Luis Suárez, la gran figura del partido, despertó a casi toda una torcida que vibró a la par del equipo del Maestro Tabárez.
Pero no todo fue felicidad en el nuevo estadio paulista. Un importante número de ingleses, que le pusieron color a las tribunas con banderas, disfraces, gorros y caras pintarrajeadas, sufrió tanto o incluso más que su seleccionado. Casi no se levantaron de sus asientos, aferrados a sus vasos de cerveza, y asumieron su papel de "visitantes". Cada tanto, improvisaban unos aplausos o se levantaban para reclamarle al árbitro español Carlos Velasco Carballo.
Camisetas brasileñas y rostros pintados de celeste. Buzos de las selección argentina, con remeras uruguayas. Carteles con la bandera local, aunque con detalles charrúas. Así, aunque sin mayoría de compatriotas, la selección de Tabárez estuvo lejos de la de 1950: esta vez, no silenciaron a nadie.


