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NARAHA-HIRONO.- La emblemática camiseta 10 del seleccionado quedó envuelta en un tironeo político. Lo asumió el propio Julio Grondona, desde Seúl. Y a poco estuvieron de hacer jirones con ella. El políglota Joseph Blatter hasta se atrevió a una humorada: "Va a ser la primera vez que un Diez argentino podrá utilizar las manos sin ser sancionado", advirtió, avanzando sobre la nueva numeración de la Argentina e intuyendo que el arquero Roberto Bonano sería el receptor de un dorsal cargado de significación.
¿Se olvidó el presidente de la FIFA de que un mago retacón de pecho inflado, antes de su obra cumbre frente a Inglaterra, ya había osado en 1986 utilizar el puño izquierdo para empujar a la red una picardía antirreglamentaria? Cuando la decisión irrevocable llegó como comunicado oficial al búnker del J-Village, enseguida Marcelo Bielsa resolvió que Ariel Ortega fuese el dueño de la 10 en el primer Mundial del siglo XXI. Nada tuvieron que ver los jugadores, que incluso se enteraron al mismo tiempo que la prensa. Y a Tito Bonano se le esfumó la posibilidad de ser el arquero más fotografiado en la historia de las Copas del Mundo. Al mismo tiempo que el futbolero paladar argentino respiró aliviado: un arquero, el puesto de los bobos, como alguna vez confesó el propio Maradona, no podía apropiarse de ese número. En cambio, a Ortega le sienta muy bien.
Mientras se archivó para una futura revisión la propuesta de Grondona de que a partir del Mundial de Alemania 2006 los jugadores puedan identificarse del 1 al 25 y así cada país descarte los dos números que prefiera, la desaparición de la Diez únicamente encadenó cuatro ausencias. Aunque el fantasma siempre sobrevoló. Tras el homenaje celebrado en la Bombonera el 10 de noviembre de 2001, nadie la vistió en los encuentros que la Argentina afrontó sucesivamente con Uruguay, Gales, Camerún y Alemania. La última vez que se la reconoció en la cancha fue en la victoria por 2 a 0 ante Perú, el 8 de noviembre. Aquella vez se la calzó Ortega y ahora la vestirá... Ortega.
Por eso en las últimas horas el personal de Adidas, aquí en Japón con Ricardo Gortari al frente, tuvo que acelerar un estampado que no estaba previsto: la 10 y la celeste y blanca volvían a encontrarse. Una sociedad explosiva y barnizada en gloria.
Siempre hay historias. Y una muy singular une a Maradona con Ortega. Todo comenzó en un amistoso con Marruecos, en Salta, previo al Mundial de los Estados Unidos. Aquel sería sólo el tercer partido de Ariel para la Argentina. Se jugaban 78 minutos cuando Alfio Basile decidió el cambio: sobre la línea de cal, un cachetazo corto del Diego en la cara del pibe de River pareció la bendición. Y tal vez una premonición: la primera vez que se cruzaron en una cancha, Ortega reemplazó a Maradona. ¿Sería el sucesor de un reinado que durante 15 años encumbró a un indiscutido monarca?
Ya en el Mundial 94 compartieron la habitación en la concentración del Babson College. El debut mundialista del Burrito se produjo el 21 de junio de 1994, en la goleada por 4 a 0 ante Grecia, en Boston, cuando a ocho minutos del final reemplazó a... Maradona. La suspensión por doping del entonces capitán del seleccionado le abrió la titularidad en la formación al jujeño de la gambeta indescifrable. En aquel torneo, frente a Bulgaria y a Rumania, con el número 17 sobre los bastones albicelestes.
Hasta que el desembarco de Daniel Passarella en la selección legalizó el recambio. La 10 fue de Ortega. Y la defendió como titular en los cinco partidos que la Argentina jugó en Francia 1998: Japón, Jamaica, Croacia, Inglaterra y Holanda. E hizo dos goles, como Diego después de heredar en España 82 la 10 que antes había utilizado Mario Kempes. Maradona, con la 10, vio la tarjeta roja ante Brasil y se marchó expulsado de España. Ortega, con la 10, vio la tarjeta roja ante Holanda y se marchó expulsado de Francia. Coincidencia. Maradona, con la 10, encontró desquite y se consagró campeón cuatro años después en México 86. Ortega va por eso. ¿Coincidencia?
NARAHA-HIRONO (De nuestros enviados especiales).- Son horas de definiciones. Después de dos semanas -la primera en el predio de Formello, en Roma- de una preparación atlética que no descuidó detalles en intensas prácticas en doble turno, desde ayer el profesor Luis Bonini resolvió bajar las cargas de trabajo del seleccionado. Una política que se mantendrá por el resto de la cuenta regresiva. Fútbol-tenis, un loco recreativo y un circuito aeróbico de exigencia leve en un único entrenamiento -a partir de las 14.30, las 2.30 de esta madrugada en nuestro país, el mismo horario del debut del próximo domingo con Nigeria- se constituyó en la única actividad física del día. ¿Novedades? Gustavo López, con una pequeña contractura, sólo trotó con la pelota. Y Claudio Caniggia, con un vendaje sobre la rodilla izquierda que ya suma 23 días de recuperación tras el esguince, corrió e hizo piques de variada intensidad. Según el doctor Donato Villani, a través de un escueto parte que llevó su firma, aseguró: "La evolución de la lesión está dentro de los parámetros normales". Y no se supo nada más.
Lógicamente sin Caniggia, esta madrugada se jugaban en el estadio del J-Village los dos últimos amistosos que entregarían más pistas sobre la formación que abrirá el Grupo F ante los africanos. En dos cotejos de una hora cada uno, repartidos en tiempos de 30 minutos, los examinadores de la Argentina eran, primero, el Football Club Tokio, décimo en la Liga Japonesa, y después el club Vegalta, de la Prefectura de Sendai, que marcha tercero y hasta la interrupción del certamen local se trataba de la revelación porque llegaba del ascenso. La presencia de Burgos o Cavallero, Gustavo López u Ortega y Batistuta o Crespo entre la alineación presumiblemente titular se presentaban como los tres interrogantes por dilucidar, en la recta final hacia el estreno mundialista.


