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La derrota de Quilmes en Victoria frente a Tigre, por 1 a 0, sorprendió a propios y extraños.Y motivos había de sobra, ya que ambos equipos pasan por realidades diferentes. Quilmes, con su eterno cartel de candidato a cuestas, mantiene el mismo plantel que el año último casi asciende en forma directa a primera y aparentemente no tiene grandes apremios económicos. Tigre, en cambio, sufrió el éxodo de 14 jugadores, redujo el presupuesto de fútbol en forma drástica y se encuentra seriamente amenazado por el descenso.
Esas desigualdades se notaron en el primer tiempo.Quilmes fue claramente superior gracias a la diferencia que establecían en el medio campo Rodrigo Braña, Lucas Sparapani y Mauricio López. Sin embargo, al equipo cervecero le costó traducir esa superioridad en goles. Y eso que oportunidades no le faltaron: el arquero Luis Ardente le sacó un cabezazo al ángulo a Germán Centurión, Eduardo Bennett se lo perdió al tirarla afuera y Pablo Dundo sacó sobre la línea un cabezazo de Fabio Schiavi.
Tigre tuvo como premisa mantener el cero en su arco y después contraatacar para ponerse en ventaja. Lo primero lo consiguió a través de la sólida tarea de los marcadores centrales, Matías Galván y Adrián Bareiro, que frenaron a dos atacantes peligrosos como Benett y Sergio Marclay. Lo segundo -atacar- fue una utopía; sólo llegó con un remate de Maximiliano Guerra, que se fue arriba del travesaño.
El segundo tiempo fue diferente. En esto tuvo que ver el penal que sancionó el árbitro Rodolfo Guerra a los 13 minutos, por una mano de Gabriel Martinez, que Schiavi tiró afuera. Desde allí, Quilmes se cayó anímicamente y desaparecieron sus conductores. Tigre, con sus limitaciones, comenzó a rondar el arco de Marcelo Elizaga, y a los 25 minutos, con un tiro libre de Paolo Frangipane que se desvió en la barrera, se puso en ventaja.
Con el ingreso de Adrián Giampietri, Quilmes trató de ser más agresivo, pero el volante no jugó bien. El equipo local, entonado por la ventaja, terminó animándose y estuvo a punto de aumentar la diferencia, algo que le hubiera puesto un digno broche a una victoria justa, festejada interminable y merecidamente por sus juveniles jugadores como si fuera una final. Quilmes, en cambio, se fue una vez más con una mueca de disgusto y las cabezas gachas.
Arsenal no pudo abrir el cerrojo que le tendió Los Andes. Y por más que generó algunas situaciones muy propicias, se debió conformar con el 0 a 0.
Gastón Losa resultó inexpugnable en un partido de opacos matices, que tuvo un episodio violento antes del comienzo. Un grupo de hinchas de Arsenal se enfrentó con otro de Los Andes, en Malvinas Argentinas e Independencia, a un par de cuadras de la estación Sarandí; se arrojaron todo tipo de proyectiles hasta que efectivos policiales dispersaron a los revoltosos, sin que hubiera heridos ni detenidos.
Defensores de Belgrano, en su estadio, igualó 2 a 2 con Godoy Cruz de Mendoza en un encuentro que mereció ganar el equipo local.
Pese a la superioridad en el juego de Defensores y de haber estado arriba con un tanto de Hugo Rodríguez, las dos veces que Godoy Cruz atacó con profundidad llegó al gol -Caiafa y Abaurre- y parecía que todo terminaba con una derrota del equipo del Bajo Belgrano; de todos modos nunca bajó los brazos, presionó con desorden, pero el arquero Torrico se convirtió en la figura de los mendocinos. Y llegó el gol de Aldaz, que selló el 2 a 2.


