

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
La solidaridad y la beneficencia necesitan de todos. La convocatoria es amplia para contribuir con la noble causa de ayudar a los más desposeídos, a los que están más expuestos a la vulnerabilidad social. Un compromiso que adquiere mayor trascendencia cuando se trata de asistir a chicos en riesgo. Desde hace seis años, la Fundación PUPI (Por un Piberío Integrado), dirigida por el futbolista Javier Zanetti y su esposa Paula, lleva adelante la organización de un partido con el fin de recaudar fondos para solventar el funcionamiento de la entidad que se ocupa de chicos y familias de escasos recursos. Un espacio donde la contención y la integración son los pilares.
El fútbol suele ser un instrumento útil para este tipo de iniciativas. Quedó demostrado en las 12.000 personas que estuvieron ayer en las tribunas de la Bombonera. Mediante la contribución del precio de las entradas (de 10 y 30 pesos), asistieron a un partido que traspuso las fronteras del fútbol en sus convocatoria. Porque del encuentro participaron varios jugadores en actividad (Zanetti, Gago, Burdisso, Mauro Zárate, Gonzalo Rodríguez, Saviola, Ayala, Sebastián Blanco, Ortigoza y Bossio, entre otros), algunos que ya colgaron los botines (Francescoli, Balbo, Redondo, Gancedo, Olarán, Jiménez), figuras de otros deportes (Marcos Milinkovic, Matías Rossi), actores (Sebastián Estevanez), músicos (Tavo). Todos, divididos en dos equipos: Fundación PUPI, que tuvo como técnico a Diego Maradona, y Los Amigos de Javier, dirigido por Antonio Mohamed. El fin solidario fue de la mano del placer de los que jugaban y del entretenimiento que recibían los que estaban en las tribunas.
Muchos aplausos recibieron Francescoli, reconocible en alguna de sus elegantes fintas, y Milinkovic, que actuó como un delantero incansable, con el mismo entusiasmo con que remata sobre la red de voleibol. Se dio el gusto de hacer un gol.
El árbitro Angel Sánchez hizo de cómplice al invertar un penal que él terminó convirtiendo tras recibir un pase. Un clima cada vez más alegre y distendido se fue apoderando del encuentro.
También hubo momentos para la emoción y para que dos chicos se llevaran un recuerdo imborrable. Uno fue Pablo Maciel, integrante de la Fundación Cecilia Bacigalupo, que se ocupa de jóvenes afectados por una discapacidad mental leve o moderada. Maciel hizo un gol y corrió desenfrenadamente hasta fundirse en un abrazo con Maradona. Una situación similar vivió Pablo Sanguinetti en el otro conjunto. El acto solidario tuvo su cuota emotiva y sensible. El fútbol había tendido su escenario más humano.


