"El fútbol para ciegos me dio una nueva oportunidad"

La especial historia del arquero Lencina, el único de los Murciélagos que puede ver
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28 de diciembre de 2009  

Derecha. Izquierda. Abajo. Arriba. Atrás. Ahora. Ahí. Pegale. Arco. Todas son palabras que un arquero de fútbol para ciegos utiliza para orientar a sus compañeros. Todas, cortas y precisas. Sucede que es el único jugador vidente dentro del campo de juego. Por caso, es el guía imprescindible en un deporte donde son esenciales los sonidos que hace la pelota con sus cápsulas sonoras. Aunque también hay mucho de intuición.

Desde mediados de 2000, tras el Mundial de la especialidad en Jerez, España, Darío Lencina se apoderó del arco de Los Murciélagos. Previamente, su trayectoria como futbolista se había desarrollado en Villa Dálmine, de Campana, un equipo animador de los torneos de ascenso desde 1961. Hasta allí, su historia no es muy distinta de la de cualquier futbolista. Pero lo atípico es que Darío nunca había atajado oficialmente, sino que había jugado siempre como mediocampista.

Corría el año 1998 y Darío, con 18 años, sentía que había dado el gran paso. Que su sueño comenzaba a hacerse realidad. Pero previo a su ansiado debut en primera, tan sólo unos meses antes, en un entrenamiento sucedió lo impensado. Una jugada aislada comenzó a cambiarle la historia. Un desafortunado rechazo de volea le provocó una fisura en la quinta vértebra lumbar. Era el principio del fin. El recorrido desde su domicilio, en Escobar, hasta los consultorios de la AFA se hizo frecuente. Fueron tres meses de rehabilitación, aunque nunca volvió a ser el mismo. "Ya no arriesgaba como antes", cuenta Lencina. El tiempo pasaba y sufría los entrenamientos más de la cuenta. Era un punto de inflexión. Tenía que tomar una decisión.

Con bronca y mucha resignación, un año después, decidió abandonar el fútbol con sólo dos partidos en primera. Entonces, intentó arrancar de cero. Tenía que dar vuelta la página. Había perdido todas las esperanzas. El dolor y la frustración eran inmensos. Sentía que había estado cerca, muy cerca de convertirse en un jugador profesional.

Hasta que, a los pocos meses, su padre le preguntó si se animaba a atajar. A ser arquero del equipo de no videntes de la municipalidad de Escobar. "Al principio, creí que mi viejo me estaba cargando. No conocía el fútbol para ciegos. Y cuando profundizó la propuesta, no lo dudé", dice. Debutó frente a Panovi. En los minutos previos, la incertidumbre lo invadía e irrumpía una y otra vez en su cabeza. "Me preguntaba qué estaba haciendo. No sabía cómo actuar, cómo tratarlos... todos eran prejuicios", explica. Pero esas dudas se disiparon rápidamente. "Ellos fueron prácticos. «Vos sos la voz de mando del equipo, vos nos tenés que indicar cómo ubicarnos», me explicaron. Y al minuto de juego, se me fue ese miedo", agrega. Esa tarde su equipo ganó 1 a 0 y para Darío era como volver a respirar. "La felicidad que sentí ese día fue inmensa porque era volver a hacer lo que más me gustaba", recuerda. Pasaron diez temporadas y el N° 1 de Los Murciélagos no se arrepiente de aquella arrojada determinación.

-¿Qué te dio el fútbol para ciegos?

-Me hizo crecer como persona. Empecé a ver la vida de otra manera. Los chicos me ayudaron a ser mejor persona. Me abrieron la cabeza. Pude dejar de lado ciertos prejuicios y superarme junto con ellos. Tienen una fuerza de voluntad y de superación impresionantes.

-¿Cómo te adaptas te al grupo?

-Por ejemplo, aprendí Braille [método de lectura y escritura táctil pensado para personas no videntes] para jugar con ellos al truco.

-¿Cuáles son los objetivos del seleccionado?

-Para 2010 el Mundial de Hereford [Inglaterra] y la Copa IPSA [similar a la Copa FIFA]. Sería en abril y el Mundial en agosto. El proyecto del técnico [Martín Demonte] es que este grupo llegue a los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Ahí creo que me retiro.

  • El reglamento de la FIFA tuvo su cuota parte...

    Darío Lencina pudo sumarse al fútbol para ciegos porque por el estatuto de la FIFA, el arquero no debe haber estado federado como tal dentro de los cinco años bajo la órbita del organismo que rige los destinos del fútbol mundial. Actualmente, el N° 1 de Los Murciélagos, defiende los colores de Ardec, de Rosario, equipo con el que hace dos semanas se consagró campeón en Tunuyán, Mendoza. Vencieron 2 a 1 en la final al River de Silvio Velo, considerado el mejor jugador argentino.
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