El lateral que iba a ser de selección, perdió el rumbo y ahora llegó a San Lorenzo

Gino Peruzzi, ahora en San Lorenzo
Gino Peruzzi, ahora en San Lorenzo Fuente: Archivo - Crédito: Prensa CASLA
Ariel Ruya
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19 de enero de 2019  • 00:17

Tiene 26 años y hace casi 8 que es profesional. Juega en una posición que suele ser una aventura en el aire en los últimos años en el fútbol argentino: lateral por el sector derecho. Los jóvenes, en las inferiores, se niegan en jugar en ese sector, prefieren otros rumbos, más atrevidos. Vélez lo cobijó con la pasión de los que saben de qué se trata: es una sucursal de promesas con futuro. Sus primeros partidos fueron una pequeña gran revolución: marcaba, se proyectaba, entendía a la perfección el arte del sacrificio y la sorpresa. Es más: en la Copa Libertadores 2012, fue la sombra de Neymar en un encuentro áspero frente a Santos. Ricardo Gareca, el conductor de Vélez, dispuso el ingreso de un joven Gino Peruzzi , de 19 años. No le dejó tocar la pelota.

Después del 1 a 0 del equipo de Liniers, un joven Neymar saludó al defensor, lo felicitó. Los medios brasileños destacaron esa proeza y, de a poco, Peruzzi se hizo famoso. Integró el Sub 20, primero y fue citado, tiempo más tarde, a la selección. Al fin, el mundo del fútbol doméstico había encontrado al reemplazante natural (un poco tardío) de Javier Zanetti. O, al menos, esa sensación tenían los especialistas.

Alejandro Sabella lo citó para los amistosos "clásicos de las Américas", en Brasil y en la Bombonera, con suerte despareja. En junio de 2013, en Quito, fue parte de un 1-1 de eliminatorias, sufrió la altura y los embates por los costados. En agosto, su veloz ascenso es capturado por Catania, que lo compra en unos 3.500.000 de dólares. En Italia dura dos temporadas, hasta que Boca entra en escena en 2015. Juega poco, se crean debates maliciosos de cómo "suelen ganarle la espalda", tiene una temporada a préstamo en Nacional, de Montevideo y vuelve, apenas porque el contrato así lo certifica.

Los rumores lo comprimen. "No quiere jugar en Boca", lo acusan. Lesiones, sin lugar para Guillermo Barros Schelotto (ni Jara ni Buffarini dan en la talla, tampoco) y estados de ánimo negativos crean un combo peligroso para la subsistencia. "Creo que todo pasaba por el sistema de juego, arriesgábamos mucho y a veces quedábamos mal parados. Tuve la mala suerte de que cada contragolpe a las espaldas mías terminaba en gol. La gente no me bancaba mucho y llega un punto en el que el cuestionamiento de la gente un poco te afecta ", contó, alguna vez.

Sólo actuó en tres partidos en el semestre xeneize: 3-1 sobre Colón, 2-2 con Racing y 0-0 con Rosario Central. Convincentes actuaciones. "Jamás me negué a concentrar, mucho menos a jugar. Estoy feliz y lo que más quiero es jugar con esta camiseta. Estaría bueno aclarar esto para que no se siga haciendo la boludez cada vez más grande y la gente no se coma eso. Me quiero quedar porque estoy feliz acá, así que estoy esperando", fue su réplica. No esperó más: San Lorenzo lo acaba de incorporar. Horas atrás, firmó el contrato que lo ligará al Ciclón hasta el 30 de junio de 2022. El club de Boedo adquirió el 80 por ciento de su pase en 800 mil dólares (el 20% restante pertenece a Boca), y se convirtió en el sexto refuerzo.

Detrás del brillo que no fue, del futuro de selección errante, vuelve a empezar, a los 26. En un grande, con la Libertadores en el horizonte. Para espantar antiguos demonios.

Por: Ariel Ruya
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