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Por Martín Carrasco
Para LA NACION
LA PLATA.- Estaban demasiado entusiasmados los hinchas de Gimnasia como para empezar a estudiar los merecimientos, evaluar si ganaron bien o no, qué pasará de ahora en más y hasta dónde puede llegar esta ilusión. Tal vez temporario o quizá permanente, la cuestión es que el desahogo era lo único que fueron a buscar anoche a su estadio. Y con la victoria ante Tigre 2-1 tras haber estado en desventaja, obtuvieron ese indispensable oxígeno para soñar con mantenerse en primera.
A los dos les costó el partido. El choque equilibrado no les ofreció posibilidades concretas y entonces, apareció una de las virtudes de Tigre: aprovechar lo poco que a veces se le presenta. A los 26 minutos, un amago de Román Martínez desairó a media defensa del Lobo y cuando salió el pase del volante hacia la izquierda, Morales no perdonó a Sessa. Derechazo y 1 a 0.
Más por necesidad que por convicción, Gimnasia tuvo que abandonar su letargo. Y si bien trató de arrollar a Tigre, lo logró sólo de a ratos, más por los arrestos individuales de Barros Schelotto y de Neira que por una aceptable actuación en conjunto. Igual, con esas individualidades le alcanzó y fue una combinación entre ambos la que le permitió a Neira igualar el partido.
En los últimos 45 hubo algo más de acción, también desprolijidades. Gimnasia, aun siendo un equipo partido, endeble en defensa y algo productivo en ataque, necesitó de la suerte y un guiño del juez Delfino (se equivocó al expulsar a Galmarini por doble amarilla, por una mano inexistente en una acción que terminó en gol del Matador) para ganar. Arruabarrena, DT de Tigre, furioso, atacó al asistente Ricardo Casas por esa acción: "Vamos a pedir que no nos dirija nunca mas. Nos robaron y él vino al vestuario a vender humo".
La definición llegó con un centro de Rieloff que Neira capitalizó en el área. Tal vez Tigre, que se las ingenió para complicar con el tridente Morales-Martínez-Stracqualursi, no debió irse perdedor. Cuestión de suerte en definitiva, no de merecimientos. Eso que ayer, a los hinchas de Gimnasia, que sólo querían desahogarse, les importó poco y nada.


