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Marcelo Salas fue otra de las grandes decepciones de River en la última parte del año. No por sus actuaciones, claro. Sino por sus reiteradas lesiones, que le impidieron jugar en forma continua en la entidad de Núñez. Anteanoche, otra vez sufrió una molestia física: a los 16 minutos del primer tiempo le dejó su lugar a Daniel Montenegro, víctima de una contractura en el isquiotibial de la pierna izquierda, por un golpe recibido a los cinco minutos del encuentro ante Cienciano.
El médico Luis Seveso confirmó ayer la lesión, en el regreso del plantel millonario. "Sintió un dolor muy fuerte, intentó seguir por todos los medios, pero fue imposible", explicó.
El chileno se quedó en Iquique, en donde el plantel hizo una escala, y en su país comenzará con las vacaciones. Desde que regresó a River, las lesiones de Salas fueron un verdadero calvario que, además, perjudicaron el rendimiento del equipo.
Desde que volvió, en julio último -había sido operado de los meniscos de la rodilla derecha cuando actuaba en Juventus-, el Matador no tuvo continuidad. Sufrió contracturas varias y a fines de agosto último se desgarró el bíceps femoral de la pierna derecha, la misma dolencia que volvió a sufrir en octubre y en noviembre últimos.
Apenas 335 minutos jugó el Matador desde su regreso a Núñez. Nunca actuó en un partido completo. Y marcó apenas dos goles. Ante Independiente, por el Apertura, y otro frente a Cienciano, por la primera fina de la Sudamericana. Eso sí: la de ayer fue la primera lesión que sufrió el Matador en la pierna izquierda.
Salas ya había tenido dos finales abruptos. El primero fue en la cancha de Banfield, cuando una ruptura fibrilar en el aductor derecho lo marginó a los 23 del primer tiempo. Y el segundo sucedió ante Olimpo: 60 segundos bastaron para que el chileno bajara los brazos, después de resentirse en la cicatriz del desgarro.



