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Si en algún momento existieron razones para otorgarlo, envejeció rápido el premio FIFA de la Paz. A sólo dos meses del acto en el que Gianni Infantino condecoró a Donald Trump, el último objetivo en los ataques militares de Estados Unidos impactó también en el orden establecido del Mundial. Las Eliminatorias asiáticas comenzaron en octubre de 2023. Irán fue la segunda selección del continente en conseguir la clasificación. En la semana se anunció su baja. El presidente de la FIFA es el único que trata de seguir mostrando una sonrisa.
El miércoles, Infantino contó en sus redes que se había reunido con Trump para hablar sobre “los preparativos” y “el creciente entusiasmo a falta de 93 días” del inicio de la Copa del Mundo. El presidente de la FIFA, que busca ser algo así como el canciller del mundo, también escribió que el presidente de Estados Unidos manifestó que “por supuesto, la selección iraní es bienvenida a competir”. El jueves, Trump aseguró en Truth Social, su propia red social: “Realmente no creo que sea apropiado que la selección iraní juegue el Mundial, por su propia vida y seguridad”. Si no fuese que las sociedades se acostumbran a las anormalidades, se habría visto como un escándalo temerario.

Previo a estos mensajes, el Ministro de Deportes iraní Ahmad Donyamali había anunciado en una entrevista periodística: “Como este gobierno corrupto (de Estados Unidos) asesinó a nuestro líder supremo (el ayatolá Alí Jameneí), no estamos en condiciones de participar en el Mundial”. La FIFA, según las consultas realizadas por LA NACION, por ahora espera. En primer lugar, porque no puede valerse de la declaración periodística de un funcionario. La federación debería formalizar la baja. Además, si el mundo cambió en un mes, confían en que vuelva a cambiar antes del Mundial. Para bien.
El reglamento sólo establece que, en el caso de que una selección se retire del Mundial, la FIFA “decidirá sobre el asunto a su entera discreción”. Pero no hay ningún indicio específico de cómo debería resolverlo. Tal vez sea así por la falta de costumbre: las bajas de selecciones se dieron sólo en los primeros 4 de los 22 mundiales que se realizaron. Otros tiempos, aquellos: en el de 1930, por ejemplo, Egipto no pudo presentarse porque una tormenta les hizo perder a sus jugadores el barco que los transportaría a Uruguay.
La FIFA, entonces, puede tomar cualquier decisión. Una primera alternativa podría ser el movimiento de sedes y el reconocimiento a quien reunió mérito deportivo para clasificarse: que Irán dispute sus partidos en México o Canadá y no en Estados Unidos. Pero cualquier selección participante es un potencial semifinalista. Y las semifinales se juegan en Estados Unidos. No se puede organizar un torneo creyendo de antemano en una derrota que alivie los planes. La idea generalizada es que, si se confirma la deserción de Irán, el que tomará su lugar será Irak. Justo Irak: la geopolítica se filtra por todos lados. Irak, por ahora, tendría que enfrentar el 31 de este mes al ganador de Bolivia y Surinam en uno de los repechajes intercontinentales. Esto también trae su problema: con el espacio aéreo de su país cerrado debido también al conflicto bélico, la selección iraquí no puede trasladar a sus integrantes a jugar a Monterrey y pidió postergar el partido. La FIFA no escucha y sigue. Está en plena venta de entradas, la evidencia de que no contempla la suspensión: cada vez que no se realiza un partido con entradas vendidas, llueve luego todo tipo de demandas.

Si Irak no se clasificara en el repechaje y luego hubiese que reemplazar a Irán, ¿sería lógico que acudiera en su lugar un seleccionado que perdió su chance? Si Irak sí se clasificara por aquella vía, ¿habría que darle el lugar a Emiratos Árabes, que terminó en un pobre décimo lugar de un escalafón continental? Las reglas, igualmente, no establecen que el reemplazante sea de la misma región. ¿Se utilizaría la posibilidad de un nuevo repechaje intercontinental? Muchas federaciones buscarían motivos para pedir una oportunidad. Y si Italia no se clasificara en el repechaje europeo, ¿contemplarían que es la primera selección del ranking fuera de los mundialistas? El torneo es de selecciones, Gianni: Inter Miami no puede jugar.
Solucionado este problema, luego llegará otro que nace de haber elegido a un conflictivo organizador: hay países cuyos ciudadanos tienen restricciones totales o parciales para ingresar a Estados Unidos. En esa lista figuran algunos con selecciones clasificadas como Irán, Haití, Costa de Marfil y Senegal. También existen problemas internos: las once ciudades anfitrionas en Estados Unidos habían recibido la promesa de una ayuda económica desde el gobierno federal que llegaría en total a los 625 millones de dólares. Todavía no hay noticias de esas transferencias. Y, si de dólares hablamos, se tratará del Mundial más caro de la historia.
En diciembre, The Athletic, un medio de deportes de The New York Times, publicó que los hoteles en las sedes ya anunciaban un aumento del 300% en los valores de sus habitaciones para la época del torneo. Aun así, ver un partido será más caro que dormir. Las entradas para los encuentros de fases de grupos cuestan más del doble de lo que costaban en el Mundial anterior. Las de Categoría 1 de la final superarán los 7 mil dólares. La decisión sobre el valor de las entradas corresponde a la FIFA. Y su explicación apunta a una demanda más alta que en años anteriores. Lógica pura de mercado: la FIFA advirtió más espectadores dispuestos a comprar y a pagar más. Sus balances son cuatrienales; el de 2018-2022 dio una ganancia de 7 mil millones de dólares, mientras que el de 2022-2026 proyecta 13 mil millones. En el Mundial 2022, muchos argentinos consiguieron tickets en los partidos iniciales por 80 dólares; por ese precio, para esta ocasión conseguirán sólo un estacionamiento. En tres meses, rodará la pelota y la cabeza se distraerá. Pero históricamente la llegada de un Mundial sirvió para abrir los ojos del universo. La previa de este no desmiente la idea, claramente la potencia.

