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Un rápido repaso de la vida de Marcelo Barovero, desde sus costumbres extrafutbolísticas a los primeros años de su carrera y la actualidad deportiva incómoda de River.
–¿Sos de mirar fútbol en tu tiempo libre?
–Sí, me gusta mirar los equipos que hacen algo distinto, ya sea los partidos de Alemania, de España o de Inglaterra. Son las ligas más atractivas.
–¿Tenés algún hobby por fuera del fútbol?
–Soy de ir a pescar con un par de amigos en el Litoral.
–¿Y cada cuánto volvés a Rafaela?
–En los descansos, voy tanto a Rafaela como a mi pueblo, Porteña, pero no más allá de dos veces al año por una cuestión de que jugamos todos los domingos y además tenemos un calendario apretado con la Copa. Trato de estar con los seres queridos, los amigos… tener ese momento de tranquilidad de pueblo y de los inicios. Lo disfruto, necesito volver.
–¿Cambió tu vida en el pueblo? ¿Te miran distinto?
–Un poco ha cambiado, realmente. Pero en general las cosas que hago no van a cambiar. Estar con los amigos y la familia es lo primordial. Después sí, la exposición que este club genera y uno la acepta, pero nada más. Lo más importante es lo otro.
–¿Te gustaría irte a vivir allá cuando termine tu carrera?
–Veremos con el tiempo. Estoy muy cómodo en Buenos Aires (Pilar) y anhelo jugar siete u ocho años más. Así que veremos qué me depara el futuro.
–¿Cuándo surgió el apodo Trapito?
–En Huracán, lo impuso un relator partidario. Después, en Vélez nadie me lo dijo y luego Marcelo Araujo lo retomó cuando llegué a River. Es por el espantapájaros de la revista Anteojito.
–¿Nunca te molestó?
–No, surgió y sorprendió también en River, que fue donde explotó (risas). Pero lo llevaba y lo sigo llevando de buena manera.
–¿Quiénes eran tus referentes?
–Como ídolo tenía a Batistuta, que era el que hacía los goles. Después cuando fui creciendo como arquero me gustaban Chilavert, Comizzo, Córdoba. Más adelante, me deslumbró Iker Casillas, por la edad que tenía y por dónde atajaba. Pero todo va cambiando y vas buscando algo de cada uno. Ahora, los sábados a la mañana me levanto para ver a Bayern Munich y a su arquero Manuel Neuer.
–¿Qué recordás de aquella final con Huracán, en 2009?
–Cuando un resultado se ve manchado por circunstancias arbitrales, obviamente que no es lindo. Los dos éramos merecedores de ese torneo y se dio el desenlace que nadie esperaba. Son circunstancias del fútbol que es difícil aceptarlas y comprenderlas, más que nada para el equipo que pierde y para los hinchas. No fue como hubiésemos querido ganarla, pero Vélez pudo conseguir el título.
–¿Cómo ves el presente de River en el torneo local?
–Es una situación en la que no queríamos estar. El deseo es pelear por todo, y no por estar alejados de la posibilidad de salir primeros vamos a bajar los brazos. Sabíamos que esto podía pasar. Esperemos que el campeonato nos dé alguna revancha y pelear por los primeros puestos.
–¿Por qué el rendimiento declinó tras ganar la Copa Libertadores en 2015?
–Entre otras cosas, por la falta de tiempo de trabajo. Lo que venimos haciendo es tratar de mantener lo que el director técnico nos inculca desde que empezó su ciclo. En aquel momento vez tuvimos mucho tiempo para trabajar y se vio el mejor fútbol. Después, las pretemporadas muy cortas y con muchos compromisos no ayudaron a buscar cosas nuevas. Y por esa necesidad que hace de cada partido una final, se deja de probar cosas nuevas. Éste es un fútbol muy exigente y no hay tiempo, porque hacemos las pruebas en los 90 minutos.
–¿La doble competencia los obliga a elegir?
–Todavía no. Acá no se puede elegir. Sí duele que se está jugando en 16 fechas los cupos para la Copa Libertadores del año que viene, y en un ciclo tan corto los más perjudicados somos los cinco equipos que disputamos este año la Libertadores.
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