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Ya nada importaba en el final; ni siquiera los resultados de las otras canchas que dejaban a Lanús con la ilusión quebrada de pelear una definición mano a mano por el título que supo conquistar en el Apertura 2007. No importó tampoco que Lanús no cumpliera una de sus mejores actuaciones y recién sobre el final pudiera quebrar la resistencia del aguerrido San Martín, de Tucumán. El veredicto del pueblo granate quedó evidenciado en ese grito final de "¡vamos, vamos los pibes!", y en el flamear de las banderas que premiaron la entrega de un equipo que seguramente quedará en el recuerdo y en el corazón de los simpatizantes locales.
Lanús pareció jugar dos partidos a la vez: uno contra su rival, el equipo tucumano, y el otro, con la ansiedad puesta en las orejas pendientes de los resultados que venían de La Boca, la Paternal y Victoria. Tal vez por esa dualidad, el conjunto local apareció nervioso, maniatado, con imprecisiones poco frecuentes en jugadores de reconocido buen pie, como Salvio y Blanco, los dos estandartes sobre los que se apoya el buen juego de los dirigidos por Luis Zubeldía.
San Martín aprovechó las licencias de su rival y durmió el partido. El juego se hizo cansino, previsible, con pocas llegadas en uno y otro arco. Hasta que a los 22 minutos, en una jugada polémica, el árbitro Sergio Pezzotta anuló una jugada que terminó en gol de San Martín, por un supuesto foul de De Muner a Bossio, que tardó en reaccionar en la salida. Las llegadas de Lanús se contabilizaban con cuentagotas y sólo con algún remate de media distancia inquietó a Gutiérrez.
En la segunda etapa, Lanús pareció salir de su modorra y ofreció diez minutos iniciales que lo acercaron a su mejor versión. Salvio elaboró una gran jugada por el sector derecho y su centro fue despejado con esfuerzo por Noce; enseguida, una volea de Viera se fue apenas por arriba del travesaño. Además, Sand comenzó a dar señales de su peligrosidad.
De tanto buscar, Lanús ofreció algunos huecos en su defensa y en un contraataque, Gustavo Ibáñez quedó mano a mano con Bossio, pero el débil disparo del atacante tucumano quedó en las manos del capitán local.
El técnico Luis Zubeldía optó por el aire fresco de algunos hombres, y la apuesta le rindió resultado en el minuto 39: el ingresado Eduardo Ledesma remató y tras un rebote la pelota le quedó servida a Gutiérrez, que la clavó en un ángulo. Gol y delirio de la gente de Lanús, que se desahogó junto con los jugadores y los premió por su buena campaña. Un recorrido que esta vez no se coronó como hace un año, pero se miró en el mismo espejo del buen gusto.
En un partido limpio, con una sola amonestación (Serrano, en San Martín), en el epílogo, Sand intentó aguantar una pelota y recibió un golpe de De Muner. Hubo roces y forcejeos que deslucieron el final.
La carrera de José Sand, el artillero del Apertura con 15 conquistas, podría continuar en Panathinaikos, de Grecia. Lanús sólo se desprendería del goleador a cambio de 8.500.000 dólares netos.



