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SAN PABLO (De nuestros enviados especiales).- Se irá por la puerta grande, por más que hoy, en el estadio Morumbí, la suerte le sea esquiva frente a Santos. Cuando llegó a Boca en 2000, proveniente de Racing, Marcelo Delgado causó conmoción en el mercado de pases: 6.000.000 de dólares desembolsó Mauricio Macri por él, y valió la pena. Contribuyó a ganar cuatro títulos (dos Copas Libertadores, una Europeo-Sudamericana y un torneo local) y esta noche va por el penta antes de marcharse a Cruz Azul, de México.
Arrancó como suplente, porque delante de sí tenía al dúo dinámico: Martín Palermo y Guillermo Barros Schelotto. Después, sobre la base de sacrificio y humildad, se transformó en una pieza fundamental. Entró en la historia xeneize como ni él lo había imaginado. Es el futbolista que más partidos jugó para Boca en la Libertadores, aun más que dos glorias del club de la Ribera como Silvio Marzolini y Rubén Suñé; además, es el goleador histórico de la Copa con la camiseta boquense, con 15 conquistas, una por encima del Mellizo y de Angel Clemente Rojas, que lograron 12 anotaciones cada uno. En total, suma 42 goles con la azul y oro.
"Me voy feliz de Boca. Creo que les cumplí a todos. Gané varios títulos, hice goles en los clásicos ante River... He tenido mis partidos regulares, pero el balance es positivo. No me puedo quejar. Igual, me gustaría el broche de oro: ganar mi tercera Copa Libertadores", sostuvo.
Demoró un poco en conquistar al hincha. Tal vez, porque es enemigo de la estridencia y no es amante de los medios. El perfil bajo suele jugar en contra de la idolatría. Se había ganado el respeto de la gente de Boca después de actuaciones descollantes, como en Tokio, en 2000, cuando el conjunto de la Ribera se impuso a Real Madrid. Sin embargo, pagó caro su error en la misma cita del año siguiente, cuando fue expulsado frente a Bayern Munich por simular una falta. Boca cayó en tiempo suplementario por 1 a 0 y otra vez el Chelo se ganó antipatías entre los hinchas.
"Aquél debe haber sido mi peor momento. Me equivoqué, pero ya pasó. Aprendí la lección. Además, pienso que fueron más las buenas que las malas. Con el hincha me voy muy bien. Es más, me pedían que no me fuera. Ojalá pueda volver algún día. Tengo 30 años, pero quién sabe cómo son las vueltas de la vida..."
Los goles en los clásicos, sus actuaciones en esta Copa ante América, en Cali, y en la primera final ante Santos, sobre todo, le devolvieron el reconocimiento perdido. No hay duda de que los tres dedos del Chelo quedarán en la historia de Boca.

