El valor de tener al Caño Ibagaza

Claudio Mauri
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27 de mayo de 2003  

Salvo los que siguen con minuciosidad lo que depara la Liga de España, es probable que la mayoría de los aficionados al fútbol le haya perdido el rastro a Ariel Ibagaza. Es factible que no tengan más datos que los que indican que juega en Mallorca desde 1998. Emigró de un club periférico, Lanús, y recaló en España en otro de atenuada repercusión. De ahí que las portadas y los grandes titulares sólo lo tienen aisladamente. En este mes obligó a que la atención mediática se detuviera en él y le reservara un sitio importante en los escaparates. Porque con sus pases y gambetas activó la maquinaria ofensiva que destrozó a Real Madrid (5 a 1) y superó a Barcelona (2 a 1), en este caso con una asistencia para el segundo gol que describió una parábola perfecta.

Lo cierto es que Ibagaza, de 26 años, fue creciendo como futbolista mucho más de lo que indica su 1,64 de estatura. Está plenamente adaptado a la exigencia europea y se convirtió en un jugador de equipo sin resignar picardía con la pelota ni capacidad de condución. Si bien los focos van detrás de Riquelme y Aimar en la última convocatoria, Marcelo Bielsa le hizo un merecido lugar en la lista para los amistosos del seleccionado con Japón y Corea del Sur. Quizá tenga la posibilidad que se le frustró cuando fue citado para la Copa América de Colombia 2001, a la que la AFA luego renunció.

De las condiciones de Ibagaza no sólo habla bien su rendimiento, sino también la mayoría de los técnicos que lo dirigieron. Lo valoran de una manera especial, por encima del elogio de ocasión. Además de llevarlo de Lanús a Mallorca, a Héctor Cúper le hubiese encantado convencer a Massimo Moratti de que lo contratara para Inter. "Nunca encontré un jugador de su capacidad para ver el pase", dijo alguna vez Cúper. El veterano entrenador Luis Aragonés, tras tenerlo en Mallorca, también quiso que lo acompañara al Atlético de Madrid. Cuando estuvo el alemán Bernd Kraus estableció una comparación superlativa: "Ibagaza es tan importante para Mallorca como Rivaldo para Barcelona". A su actual técnico, Gregorio Manzano, también lo tiene encantado: "Es superior a Aimar", sentenció. De su ídolo Ricardo Bochini, el Caño Ibagaza asimiló la simplificación y la visión para el pase, algo que satisface tanto a la tribuna como a los técnicos.

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