Con una gran segundo tiempo, volvió el campeón

El Tanque Silva, y su festejo tras el penal
El Tanque Silva, y su festejo tras el penal Fuente: LA NACION - Crédito: Emiliano Lasalvia
Vélez demostró, una vez más, su diferencia con respecto al resto de los equipos argentinos; venció a Banfield por 3-0 y dejó en el recuerdo su tibia presentación ante Godoy Cruz.
Lucas Bertellotti
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16 de agosto de 2011  • 10:56

Da la sensación de que Vélez entiende el fútbol de una manera diferente al resto de los equipos argentinos. Tiene un estilo marcado, acompañado por un funcionamiento que no depende de las individualidades. Por momentos parece un equipo de otra liga, por la precisión de sus hombres para jugar a uno o dos toques, por respetar la idea de buscar siempre a un compañero libre, con la prioridad de no sacarse la pelota de encima. Ayer superó a Banfield por 3 a 0, con comodidad, y dio indicios más que suficientes para perfilarse, una vez más, como candidato al título. Logró dejar atrás el flojo empate ante Godoy Cruz, en el debut del torneo. Volvió a jugar como acostumbra. Volvió el campeón.

Aunque le costó acomodarse en los primero minutos, Vélez se mostró superior en todo el partido. Cuando no tuvo espacios para jugar, encontró el desequilibrio y la desfachatez de sus individualidades, especialmente de Juan Manuel Martínez, para generar peligro y atacar con agresividad. Con el gol de penal de Silva, a los 20 del primer tiempo, bien cobrado por el árbitro Díaz, luego de que Dos Santos se llevara puesto a Papa, encontró tranquilidad para sacar aún más diferencias en el juego.

"¡Sacala, por favor!", gritaba un plateísta de Vélez, desesperado porque Ortiz, apremiado por la presión de los delanteros, no rechazaba la pelota en su área. Pero el central decidió levantar la cabeza y tomarse un segundo más para dársela a Cubero, por el sector derecho. Es una secuencia que representa las intenciones del equipo de Gareca. Los defensores saben que la prioridad es cuidar la pelota. Rechazan sin sentido pocas veces, sólo cuando es el último recurso.

Banfield ayudó a que Vélez se sintiera el dueño absoluto del partido. No pudo reaccionar nunca, salvo en algunos intentos de Jonatan Gómez, aislado en el sector derecho, y Carboni, con buen criterio para distribuir correctamente desde el medio campo. La tibieza del equipo dejó mal parado al entrenador, Sebastián Méndez, que ahora parece tener un futuro incierto en el cargo.

Cuando, a los 3 minutos del segundo tiempo, Ortiz puso el 2 a 0 con un gran cabezazo, tras un córner de Ramírez, pareció todo terminado. Con mediocampistas posicionados casi sobre los extremos, principalmente Augusto Fernández, por la derecha, Vélez generó situaciones aún con mayor facilidad. Silva estrelló un remate en el palo y Luchetti tapó varios otros desde fuera del área.

El Burrito Martínez puso el 3 a 0, a los 37 minutos, tras concluir, con un potente zurdazo, una gran jugada colectiva. Cuando faltaba un minuto para el final, Franco no pudo conectar un centro bajo de Augusto Fernández. En esa acción, seis jugadores llegaron a posición de gol.

Tras la finalización del partido, el público de Liniers aplaudió de pie al equipo. Lo tiene bien merecido.

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