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Ya pasaron varios días desde que José Luis Calderón anunció su adiós al fútbol. Para muchos y me incluyo, merecía otro final de carrera este goleador (266 en su carrera). Días antes de la decisión final, sorprendió diciendo: "me arrepiento de haber seguido seis meses más. Debería haber dejado en junio, luego de ganar la Libertadores. Sabía que podía pasar esto de tener pocas chances, pero al pensar en el club, descuidé lo personal". Quizás la decodificación del mensaje, diga: esperaba un poco más de respeto hacia mi trayectoria y aquellos que me aconsejaron seguir seis meses más, no hicieron mucho por mí.
Cuando tambaleaba Sensini, lo tantearon los dirigentes para ver si quería ser el técnico, asumió el Negro Astrada. Terminó el ciclo del Negro y antes que acepte Sabella, le volvieron a insinuar la posibilidad de dirigir. No estaba del todo convencido, a pesar que Verón y otros referentes veían con buenos ojos el cambio de rol de Caldera. No pudo ser y comenzó la era Sabella. Mientras tanto, Juan Cruz Oller, su representante le tenía dos destinos abrochados: Chile, donde lo quisieron, del Colo-Colo, en los dos últimos años y México, donde pasó por América y Atlas. "No gracias, me quedo a jugar mis últimos partidos, acá", fue la respuesta de Calderón.
Cuentan los amigos íntimos del goleador, que él sentía no tener oportunidades de jugar haciendo dupla con Boselli o como media punta, tirado atrás. Quería jugar, sólo eso. Lo convencieron Sabella, los dirigentes y el 11, para que siguiera seis meses más. Se dio cuenta que en pleno torneo Apertura y por más que le aseguraban una plaza para Abu Dhabi, que ninguno de quienes le hablaron para que siga, hicieron mucho como para justificar su vigencia. Sintió que le habían soltado la mano. Se dio cuenta que había llegado la hora de tomar su decisión más dificil y dijo chau.
José Luis Calderón, a los 39 pirulos, colgó los botines, diciéndole gracias mil al hincha y preguntándose: ¿por que habré seguido seis meses más?




