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Los aniversarios, más allá de una buena excusa para celebrar, no son otra cosa que la evocación de una identidad que permanece. La de Estudiantes sigue vigente en el día del cumpleaños número 100, tiempo propicio para reunir generaciones que dejaron huella en su historia. Nueve hombres que forjaron el pasado pincharrata glorioso y construyen el presente son los convocados para saludar el centenario de un club que ellos entienden como mucho más que eso: una familia, un hogar. Carlos Bilardo, Carlos Pachamé, Raúl Madero, Juan Ramón Verón, Eduardo Flores, Alberto Poletti, Miguel Angel Russo, Hugo Gottardi y Mariano Pavone. Por supuesto que este siglo albirrojo deparó muchos otros nombres inolvidables, pero aquí están ellos, para hacer posible el encuentro de años felices.
Y que aquello de que las señas particulares se mantienen indemnes lo demuestra el doctor Bilardo, tal vez el más emblemático e inefable de los personajes estudiantiles: la cita para la producción fotográfica en LA NACION está fijada para las 13, pero él aparece media hora antes. Como entrenador ya se le conoce su gusto por sorprender; tal vez para parecerse más a su personaje, el hombre, siempre previsor, otra vez se anticipó a todos.
Uno a uno se le suman. El Flaco Poletti. Pachamé, su socio de tantas tardes y noches al costado de la raya. "Era a la una, no a la una y cuarto...", le reprocha el doctor, a modo de bienvenida con sorna. Espontáneos, listos para empezar a brotar, surgen recuerdos y evocaciones.
Saca Poletti desde el arco. "A Estudiantes llegué a los 17 años. Me compraron a Sacachispas. El club me dio la posibilidad de educarme, crecer y hacerme profesional. Le respondí con el agradecimiento que hoy conservo", dice. Pelota para el doctor Madero, impecable y elegante como siempre, en la cancha y fuera de ella. Se le pregunta por su imagen más fuerte. "En el primer año en que yo estuve en Estudiantes, el club no tenía dinero para abonarme el sueldo, y me lo pagó con un cheque privado de su presidente. Esas cosas no se olvidan jamás. No sé si actitudes así se verán ahora o no, pero de eso yo no me olvido", relata.
Ya están todos. No, falta uno: desde La Plata, después del entrenamiento que pone a punto al equipo parael Apertura, Pavone se apura por llegar. Hay tiempo para seguir charlando porque, pese a que el encuentro mezcla épocas distantes, Estudiantes es un hilo común demasiado fuerte. "Es mi casa –dice Miguel Angel Russo, que durante su carrera como jugador no vistió otra camiseta que no fuera la pincharrata–, el lugar donde pasé toda mi trayectoria. El legado más grande que me dejó fue haberme formado como hombre, porque viví allí desde mi adolescencia." Asiente Bilardo, prócer intocable de la historia del club, el que de una manera u otra –incluso en el 83, cuando ya dirigía al seleccionado pero el equipo, con Eduardo Luján Manera a la cabeza, era su herencia– estuvo en todos sus títulos: "Empecé en Estudiantes hace 40 años. Arranqué en el 65, y jugando en el club me casé y tuve a mi hija. La mayoría de aquellos compañeros son mis amigos de hoy. Aquél no era un grupo de grupo, sino un grupo en serio. Gracias a Dios, con los años nos seguimos viendo. Recuerdo que cuando llegué, en el 65, el Toro Calandra habló en una cena, en la cancha, y dijo algo que no olvido: «Estudiantes es una familia». Pienso que a lo largo de los años mantuvimos esa idea que nos inculcaron los mayores".
Algunos llegaron desde aquella famosa "Tercera que mata" de los 60. Uno, Pachamé, que disfruta haciendo memoria: "Debuté en el 63, en un amistoso contra Jabacuara, un equipo brasileño. Osvaldo (por Zubeldía) me ponía como marcador de punta izquierdo, porque ahí me necesitaba, y alternaba como volante. Hasta que en el 65 Madero pasó atrás definitivamente y yo me quedé en el medio: Bilardo por la derecha y yo por la izquierda". Otro, Verón, el más talentoso de aquel grupo: "En el 58 empezamos en la novena con Pachamé, Malbernat, Hugo Mercerat, Pelusa Bedogni. En Estudiantes debuté en primera, en el 62, y me retiré, en el 81; fue por una lesión, porque si no, seguía. Yo en Estudiantes no tengo horarios. Sebastián, mi hijo, vive allí desde los 5 años. Mi hija Yesmil juega al handball, y el más chico, Iani, está en la cuarta de fútbol. Así que imaginate...". Y otro, el Bocha Flores: "Todo comenzó con aquella tercera famosa que integré, a la que se sumaron muchos jugadores de jerarquía que contribuyeron a reforzar un plantel muy rico. A partir de ahí se forjó un equipo con sello propio encabezado por un iluminado y adelantado como Zubeldía".
Interviene Gottardi con la polenta goleadora del 82 y el 83, y el espíritu jovial que atesora mil anécdotas. "Yo estaba en Racing, y ahí nunca practicábamos al aire libre cuando llovía: íbamos a un salón cerrado. Al llegar a Estudiantes, la primera semana llovió. Yo busqué cuál era el lugar cerrado para trabajar. «No, se practica en el Bosque», me dijeron. «Pero llueve...», dije. «Se trabaja bajo el agua, en el barro», me respondieron. Era algo completamente distinto. Por eso el equipo era como era: luchador, aguerrido, adaptable a cualquier circunstancia." La cercanía con Russo perdura hasta hoy: el ex delantero es el ayudante de campo de Miguel en la conducción del Vélez campeón de estos días. "Me quedaron con fuerza tres momentos –agrega Russo–: los títulos del 82 y el 83, y el partido con Gremio por las semifinales de la Copa del 83. La de esa noche fue una hazaña en el nivel mundial: perdíamos 3 a 1 y estábamos con cuatro jugadores menos, pero logramos empatar 3 a 3. Era un equipo con muy buenos jugadores del club que ya habíamos madurado, como Brown, Herrera, yo y otros, más tipos talentosos como Sabella, Trobbiani, Ponce, y la aparición de Julián Camino..."
El Bocha no se quiere quedar atrás con las anécdotas. "En una gira por Nicaragua, antes de ganar las copas, encontramos un argentino que estaba de mochilero. No recuerdo el nombre, pero sí que, como no tenía un peso ni para comer, venía con nosotros a la embajada y le pasábamos la comida para que pudiera sobrevivir. Un día se sentó en la silla que estaba destinada a un representante de fútbol. El mochilero comió en el lugar del representante y cuando se dieron cuenta, lo sacaron corriendo y nunca más lo vimos."
Madero vuelve a rescatar enseñanzas. "Una vez, entre mis compañeros, después de un partido, recibí una crítica muy dura. Después de pensar un rato, me di cuenta de que tenían razón en lo que me decían. Eso provocó un cambio fundamental en mi conducta y en mi rendimiento como jugador. Esa crítica, hecha por mis compañeros, fue la mejor de todas." Pachamé arremete contra los cuestionadores del antifútbol: "Cuando surge un equipo chico, los otros dicen: «... Y, qué querés, se meten todos atrás, la tiran para arriba». El nuestro fue un equipo chico que logró cosas que muchos grandes no habían conseguido, y ésas eran excusas. Es como cuando uno le cuenta a otro: «Me recibí de ingeniero, che...», y el otro piensa: «¿Cómo c... lo habrá hecho?». Lo de nosotros no era suerte: trabajábamos mañana y tarde, y con menos recursos que otros."
Y llegó Pavone, nomás. Toma la palabra el más joven. La palabra, y el legado: "Cuando llegué al pincha lo primero que me contaron fue la rica historia del club, sus títulos y las hazañas de un grupo de jugadores encabezados por un entrenador que aún hoy es un emblema de Estudiantes, como Zubeldía. Nosotros tenemos la obligación de mantener viva la mística pincha. Es decir, el esfuerzo, las ganas, la concentración, el nunca bajar los brazos ni renunciar a nada, el espíritu ganador, luchar hasta lo último por más que las cosas no vengan bien y alcanzar los objetivos. Esto se vive desde las inferiores y cuando se llega a primera está bien internalizado. Con toda esta historia detrás, para cualquier jugador es un orgullo defender los colores de Estudiantes".
Sonrisas de fotografía, hinchas que se acercan a pedir autógrafos y más recuerdos. Con la sentencia final de Bilardo, por supuesto. "Ese equipo consiguió todo. Nos retiramos porque estábamos cansados, porque si no seguíamos ganando copas. Yo, a los 30, me cansé y me fui. Estábamos aburridos. Se fueron varios y quedaron los pibes para la final de la cuarta copa. Nosotros no éramos tapas de diarios y revistas. Eso era para River o Boca, como siempre, pero nosotros lo entendíamos. Por eso decía siempre que el fútbol es un negocio, y me mataban... Pero la gente lo dice ahora". Rúbrica personal para una escuela inconfundible, que hoy se emociona en el encuentro entre su pasado y su futuro.
Nació el 16/3/1939, en Buenos Aires. Volante. Como jugador, estuvo en Estudiantes entre 1965 y 1970. Jugó 175 partidos y anotó 11 goles
Nació el 17/3/1944, en La Plata. Delantero. En cuatro períodos, entre 1962 y 1981, jugó en Estudiantes 295 partidos y marcó 77 goles
Nació el 20/7/1946, en Buenos Aires. Arquero. Estuvo en Estudiantes entre 1965 y 1970. Jugó 160 partidos
Nació el 25/2/1944, en Ensenada, Buenos Aires. Volante. En 273 partidos en Estudiantes, en dos períodos (1963/71 y 74/76), hizo seis goles
Nació el 23/4/1944 en Ensenada, Buenos Aires. Delantero. Entre 1962 y 1971, vistió la camiseta de Estudiantes en 164 partidos. Marcó 65 goles
Nació el 21/5/1939, en Buenos Aires. Defensor. En Estudiantes actuó entre 1963 y 1969. Jugó 179 cotejos y anotó nueve goles
Nació el 31/7/1953, en Elortondo, Santa Fe. Delantero Jugó 310 partidos para Estudiantes, en los períodos 1976/83 y 1986/87. Convirtió 127 goles
Nació el 9/4/1956, en Lanús, Buenos Aires. Volante Hizo toda su carrera en Estudiantes, entre 1975 y 1988, con 420 partidos y 11 goles
Nació el 24/5/1982, en Tres Sargentos, Buenos Aires. Delantero Debutó en Estudiantes en octubre de 2000. Jugó 106 partidos y convirtió 28 tantos
