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El Pampa Rosendo Luna había nacido pueblero / Se crió en el rancherío, cerquita del matadero / Sin conocer ni alpargatas, con las ropas que le dieron / y pa disgracia mayor / sin darse el gusto del juego/ y ni siquiera poder dir / como otros pal colegio / porque entre mañana y noche / no le quedaba más tiempo que trabajar dende chico / en lo que le iba saliendo.
Marco Ruben puede recitar durante horas. Admira a José Larralde y disfruta de esas canciones repletas de fábulas y enseñanzas. Las islas del Paraná, los trucos de pesca del abuelo Fermín, el chamamé y las peñas folklóricas en las que se transforma en un hombre cualquiera. Uno más. "Siempre me apasionaron otras cosas, a mí es fácil encontrarme en el río cuando tenemos una tarde libre", se abre y descubre su lugar en el mundo. Siente que la naturaleza pone a cada uno en su lugar, y perdido en su vastedad, esa genuina pequeñez lo emociona. En su figura apacible, a simple vista cuesta adivinar las cualidades de guerrero. La cancha, rectángulo mágico, enciende la transformación. Rosario Central late por todos, pero sueña por él, el lider silencioso que sólo grita cuando festeja un gol.
Cuando llegás a Europa te dicen: el fútbol argentino está un paso atrás del europeo. Esa es la primera piña que te dan: vos no sos el mejor porque triunfaste en la Argentina
¿Marcos? ¿Rubén? Marcos Rubén…, ¿y cuál es el apellido? Toda la vida se sometió a la confusión de los demás. Nada lo desvía. Ni peinados raros ni tatuajes. No hay una pizca de vanidad ni de ostentación en el mejor goleador del fútbol argentino. Gisel es la compañera de siempre, desde la infancia en Fray Luis Beltrán. Y el pequeño Leo, su angelito, que llegó un 26 de octubre… igual que papá. El "Niño" es casi una excentricidad en este fútbol exhibicionista. El "Niño viejo" lo bautizó un día Coudet desde sus habituales ocurrencias, para rubricar la madurez del delantero. Un tipo simple, adulto y reflexivo. El "Niño viejo"… buen título para una canción de Larralde.

Se cuida de los reflectores. No reniega, simplemente elige una vida inusual para la industria del fútbol. Juega con la misma determinación con la que habla. A los 29 años ni espía el futuro…, sin embargo ya sabe qué no habrá en él: "Sé que no voy a seguir en el mundo del fútbol. Sólo me gusta ser futbolista, no tengo ninguna ilusión de ser entrenador, ayudante ni seguir en este ambiente. No me va. Una vez que termine como jugador, se acabó". Apunta y dispara Marco Ruben.
–¿Y qué vas a hacer?
–No lo sé, pero no me hago malasangre. Hoy tengo la cabeza en el presente de Central. Voy a ser feliz haciendo cualquier cosa; si tengo que poner un negocios de anzuelos y atenderlo con mi hermano, sé que voy a ser feliz. Ahora estoy disfrutando el mejor momento de mi vida, con mi mujer, mi bebé, cerca de mi hermano y de mi vieja, vistiendo la camiseta de mis amores en la cancha de Central… Todo esto es lo mejor que me podría pasar.
–Falta un título…
–Sí, claro… me encantaría ganar un título, porque además todavía no gané ninguno en mi carrera. Y por todo lo que traería eso, una enorme alegría para la familia de Central. Y serviría también, por si a alguien le hace falta, para rubrir que este proyecto es válido.
38 goles lleva Ruben en Central, en 52 partidos, desde que en 2015 volvió al país. Nadie marcó más que él. En el mismo período, lo siguen Wanchope Ábila (33), Bou y Sand (26), Mora (21) y Alario (20).
–¿Temés que la gente y la crítica no valoren el proyecto si no lo coronan?
–No puede estar en la cabeza de cada hincha. Nadie más que nosotros queremos ganar, y nos matamos para conseguirlo. Y creemos en lo que hacemos para ganar. ¿Qué quería yo cuándo llegué a Central? Quería armar un equipo competitivo, que fuese capaz de mantener el protagonismo. Con el tiempo los éxitos llegan… ¿Qué le pasó a Lanús, a Vélez? Si se mantienen cuatro o cinco años buenos planteles, las cosas llegan. Uno va aprendiendo, los chicos van creciendo… Lo principal de Central es que ha formado un equipo con actitud, con identidad. Ahora hay que mantenerlo para que lleguen los campeonatos. El estilo es anterior a los resultados.
–En la Argentina, los equipos que se destacan suelen desarmarse por urgencias económicas. Se irán Cervi, Lo Celso, quizá Coudet necesite otro desafío… ¿Pronto habrá que refundarlo a Central?
Es el mejor delantero del fútbol argentino. Es un generoso, participativo y el arco lo seduce pero no lo obnubila. Si el arco fuera una mujer hermosa, no se le tira encima. La va conquistando. Y sobresale porque Coudet tiene las pelotas bien puestas para cuidarlo (César Menotti)
–Vamos a perder piezas..., eso es real. Los jugadores quieren crecer, el club también lo necesita, el técnico también puede desear otros retos…, pero lo importante será que no se vendan tres jugadores a la vez, o en ese caso, que lleguen dos o tres del mismo nivel. Ahí entrará el trabajo del técnico y de los dirigentes. Llegue el técnico que llegue, u ojalá el Chacho se quede cinco años más, la base y las ideas no se tienen que perder. Hay que identificarse con un juego y no abandonarlo, más allá de los nombres que se vayan o se queden.
–¿Lo Celso y Cervi se podrán afirmar en Europa?
–Estoy seguro de que les va a ir bien en Europa. Porque son jugadores que no resignan el trabajo. Porque más allá de sus condiciones, que todos las ven, son chicos que son responsables, que los apasiona el fútbol y saben que tienen que trabajar… Hay miles de jugadores que son geniales con la pelota, con muchas cualidades, pero si no trabajan van quedando apartados. En el fútbol de hoy, si no corrés, si además no podés presionar, es muy difícil que juegues.

–¿Eso el jugador argentino recién lo entiende afuera?
–Sí, y me tocó vivirlo. La primera idea del jugador argentino, por ejemplo al llegar a España, es que va a ser el mejor porque juega en la Argentina y porque en su club era el mejor. Y ahí te chocás con otra realidad. El fútbol argentino puede ser muy difícil, puede ser muy sacrificado, pero el mejor fútbol del mundo es el europeo. Cuando llegás allá y en tu puesto hay tres, y los tres trabajan y los tres juegan bien, ahí descubrís otro mundo. Te empezás a chocar con muchas cosas que tenés que vivirlas para poder entenderlas, y después superarlas. Pero lo primero que recibís es un golpe y te dicen: el fútbol argentino está un paso atrás del europeo. Esa es la primera piña que te dan: vos no sos el mejor porque triunfaste en la Argentina. A partir de ahí, la persona que es respetuosa, que trabaja, que se lleva bien con los compañeros, va a tener más posibilidades que el que llega a Europa y piensa que sólo con jugar le va a alcanzar.
–¿Y vos por qué no rendiste en los cinco años que estuviste en Francia, Ucrania y México?
Lo principal de Central es que ha formado un equipo con actitud, con identidad. Ahora hay que mantenerlo para que lleguen los campeonatos. El estilo es anterior a los resultados
–Cuado estoy bien, cuando tengo una vida linda con la gente que me rodea, me potencio. En Villarreal pase tres años espectaculares porque me sentía muy bien. Va todo de la mano. Hay gente a la que todo eso no le hace tanta falta, pero a mí sí. Como me siento, después se nota en la cancha. En Central volví a sentirme pleno, algo que en los últimos años había perdido. Recuperé la ambición y la ilusión.
–¿Las inferiores de Central proponen jugar con el mismo atrevimiento que la primera?
–Hoy sí, y eso es fundamental. En Villarreal me quedaba a ver las inferiores y hacían exactamente lo mismo que nosotros. Eso es identidad. Y un club debe tener una identidad y creer en ella. Y protegerla. Central siempre fue lucha y pasión, pero muchas veces no se mantuvo la idea futbolística, se varió según el momento, las urgencias y la gente de turno. A través de los años se gana por la identidad futbolística, sea quien sea el que esté adentro de la cancha. Que el club sea más importante que cualquier otra cosa.
Ya no sueño con jugar en la selección
–¿Qué clase de capitán sos?
–Yo no soy el capitán gritón… Quiero que mis compañeros confíen en mí, que me vean como un allegado al técnico y a los dirigentes. Que me vean como un tipo serio y así conseguir que entiendan que hay que poner la vida al jugar. Pero nunca a los gritos.
–¿Soñás con la selección?
–En un momento lo soñé, lo deseaba… el año pasado tuve ganas, pero ya no tengo esa ilusión.
–¿Porqué el fútbol europeo es mejor? ¿Por los cracks que hay en el ataque?
–En este momento de mi vida no lo veo. Mis sueños están en Central, en la Libertadores. Veremos qué pasa si en algún momento llega una convocatoria y me cambia totalmente la cabeza, pero hoy por hoy, no me quita el sueño ni estoy deseando llegar a la selección.
Tenía 17 años Marco Ruben cuando don Ángel Tulio Zof lo llevó con el plantel profesional. En la concentración le tocó compartir la habitación con un tal… Coudet. "Fue rarísimo. Yo era un pibe y él ya era el Chacho, un ídolo total de la hinchada de Central. Duré muy poco en su cuarto…, la primera noche me dormí a las 11 y él quería tomar mate hasta la 3 de la mañana..., chau pibe, me volaron. Yo venía de un ritmo de vida muy distinto al de él. Yo todavía iba a la escuela, entrenaba y en mi casa, a las 11 de la noche ya estaba en la cama. Él ya tenía total vida de futbolista y además era una persona a la que le gustaba relacionarse, dormirse tarde… Yo era un estorbo, o tenía que irse él… o mejor correr el pibe", recuerda Marco Ruben entre carcajadas.
–¿Qué diferencias encontrás entre aquel Coudet y éste?
–Muy pocas. Nunca dejé de tener contacto con él por cuestiones personales y afecto compartido. Su personalidad cambió muy poco: constantemente está de buen humor, haciendo chistes, alegrando al compañero… Los cambios que sí son normales son los propios de su nueva función de entrenador.
–¿Cuáles son sus méritos en el presente de Central?
–Involucró al grupo con una idea de juego y una idea de trabajo. Eso es lo más importante. Nos convenció de un estilo y demostró su validez desde el trabajo, no sólo desde los resultados. Y no es fácil lograrlo. Porque cada jugador que llega a un club tiene una idea; uno jugó en Olimpo y le fue bien de una manera, a otro le fue bien en Racing y otro con un estilo diferente rindió en el exterior. Entonces es difícil, en poco tiempo, convencer al jugador. Convencerlo de una propuesta y del sacrificio que eso implica. Al jugador le cuesta involucrarse con una idea distinta a la que le dio resultado antes. Y él lo consiguió. Y además, insistió con el sentido de pertenencia, con el orgullo por estar en Rosario Central. A pesar de ser muy nuevo en esto de ser entrenador, está haciendo un gran trabajo. Él y su gente, el profe Colman, y todos sus ayudantes, que son muy buena gente.
–No mencionás a Newell’s. Ninguno se nombra. ¿Así no colaboran con la locura?
–No estoy acostumbrado… Pero yo nunca le falto el respeto a nadie. En la cancha voy a querer ganarle siempre y me muero cuando no les gano. Perder el clásico me pone más triste que perder un torneo porque es así..., así nos criaron. Pero el tema de la violencia se nos fue de las manos.
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