Ernesto Duchini, maestro de cracks

Tenía 95 años y fue el mayor descubridor de talentos del país; seleccionó el plantel que fue campeón mundial Sub 20 en Japón 79 1Hsu momento de ma, . "Mi principal virtud fue saber elegir", reconoció
Daniel Meissner
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20 de marzo de 2006  

El ex futbolista y detector de talentos más importante que dio el fútbol argentino, Ernesto Duchini, falleció ayer, a los 95 años, en el hospital Pirovano, donde permanecía internado desde hacía varios días. El velatorio de Duchini se realiza en la sede del club Chacarita, Teodoro García 3550, y sus restos recibirán sepultura hoy en el cementerio del barrio homónimo.

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Manifestó en una de sus últimas entrevistas que la virtud que siempre lo destacó fue "saber elegir". Ernesto Duchini, que había nacido en la porteña esquina de Charcas y Pueyrredón, en 1910, tuvo una vocación de docencia que lo llevó a tratar a los jugadores como si fuese su padre.

"Mi principal virtud fue saber elegir, lo que es una gran ventaja cuando se trabaja en divisiones inferiores. Por ejemplo, al plantel argentino campeón mundial juvenil en Japón en 1979, con César Luis Menotti, lo formé con mucho tiempo, luego de recorrer casi todo el país. Y fue tan bueno que todavía se recuerda", dijo el gestor de aquel fantástico conjunto que integraban, entre otros, Ramón Díaz, Diego Maradona, Juan Barbas y Gabriel Calderón.

"Yo lo armé, pero fue Menotti quien lo dirigió y lo condujo al título mundial", reconoció Duchini más de una vez, dejando entrever otra de sus grandes cualidades: la modestia.

El entrenador estuvo a cargo de los seleccionados juveniles argentinos desde 1954 y fue nombrado asesor de ese departamento en 1964. Su ojo clínico fue el que permitió armar otro recordado conjunto, que, también de la mano de Menotti, ganó el Torneo Esperanzas de Toulón, en 1975, con la participación de Américo Gallego, Alberto Tarantini, Daniel Passarella, José Valencia y Daniel Bertoni, quienes fueron campeones mundiales con el seleccionado mayor tres años más tarde.

Al margen de sus logros a nivel internacional, Duchini condujo a las divisiones menores de Chacarita Juniors, River (ganó once títulos en tres años), Racing, San Lorenzo e Independiente. A pesar de tantos éxitos, jamás se explicó cómo el seleccionado argentino pudo haber quedado eliminado de los Juegos Olímpicos de Tokio 1964.

"Esa selección tenía, por ejemplo, a (Agustín Mario) Cejas en el arco y a (Roberto) Perfumo y (Andrés) Bertolotti en la zaga central. Pero nos eliminó Japón y me provocó la mayor amargura de mi carrera deportiva", aseguró. Fue su victoria pendiente, según lo aclaró en varias oportunidades, ya que bajo su batuta, los seleccionados juveniles perdieron sólo cuatro partidos en las trece temporadas abarcadas entre 1952 y 1964.

Mucho más acá en el tiempo, llegaron los triunfos de José Pekerman, quizás un sucesor lejano, como Jorge Bernardo Griffa, continuadores de su obra forjadora y formadora.

Duchini trabajó siempre lejos de la notoriedad y el reconocimiento mayúsculo fue para otros. La gloria personal nunca lo desveló. Su mayor y mejor distintivo fue el reconocimiento de todo el ambiente futbolístico nacional. Respetado por su honradez y conocimientos, Duchini, en la función de entrenador de selecciones juveniles, logró los campeonatos Panamericanos de 1955 y 1959, además del torneo Preolímpico de 1964.

Su romance con el fútbol comenzó como jugador en el club Pequeño Alumni y a los 15 años llegó a Chacarita Juniors, equipo con el que debutó en primera división durante el amateurismo, cuando tenía 18 años.

Fue defensor titular de la entidad de San Martín hasta 1938, con una trayectoria de 145 partidos y cinco goles, hasta que en 1939 debutó como director técnico de la misma entidad.

Tantos años vinculados con la orientación y la enseñanza pueden llamar a engaño. Como entrenador trabajó solamente en cuatro clubes. Tuvo varias etapas en Chacarita, estuvo en River desde 1958 hasta 1960; en Racing, en 1961, y en San Lorenzo, entre 1965 y 1971. Muchas veces fue tentado para dirigir en primera, pero jamás tuvo problemas en reconocer que su verdadera vocación eran las divisiones inferiores.

No menos de veinte grandes futbolistas fueron descubiertos por el Maestro. Uno fue Roberto Perfumo, al que vio jugar en un potrero de Sarandí en 1958, durante un campeonato nocturno.

Un poco después, paseando con su esposa por Villa Ballester, vio a un chiquilín correr en un picado y darle a la pelota de aire un tremendo zurdazo y clavarla en un ángulo. Era Oscar Pinino Mas.

A Juan Carlos Manija Puntorero lo vio una tarde en que el habilidoso volante derecho de Chacarita se la pasó tirando caños a sus rivales...

Sólo Carlos Peucelle, José Scalise y en menor medida Carlos Caloccero (River, Ferro Carril Oeste y Argentinos Juniors, respectivamente) alcanzaron una dimensión parecida en aquel tiempo desde el amor por los pichones de cracks.

Antes de su internación, Duchini estaba abonado al ostracismo, aunque César Luis Menotti, entre otros, lo tenían bien presente en su reconocimiento.

De todos modos, a partir de ayer, no por casualidad domingo, no habrá más penas ni olvidos para Don Ernesto. Desde ayer, su nombre se eternizará y bien podría convertirse en fecha de culto para el fútbol argentino. Como un nuevo Día del Maestro.

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