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Celso Esquivel está un poco confundido: nació el 20 de marzo de 1981 y su pasaporte es paraguayo, pero cuando cumplió un año se vino a vivir al barrio de Barracas... para siempre. Y como será uno de los volantes de Paraguay ante la Argentina, al muchacho se le mezclan bastante los sentimientos. En realidad, es casi un porteño más por su forma de moverse y de hablar.
Duda un segundo, y al final Esquivel jura: "Mañana (por hoy) para mí es todo Paraguay, más allá de lo que me dio la Argentina. Sí... por supuesto, estoy a full con Paraguay".
Esquivel juega en San Lorenzo como lateral izquierdo y debutó en la primera división cuando Oscar Ruggeri era el director técnico. También actuó en dos partidos en la campaña que consagró al Ciclón en el último Clausura, bajo la conducción de Manuel Pellegrini.
Asegura que se siente tan campeón como Ameli, Romeo o Tuzzio y vuelve sobre el partido del seleccionado juvenil ante la Argentina: "No sería un milagro si ganamos, más allá de que el equipo de Pekerman tiene jugadores impresionantes. Si salimos concentrados en el primer tiempo, las cosas nos pueden salir bien. Hay que mantener la tranquilidad y después jugar con la desesperación de ellos, porque sentirán la presión de la gente".
El andar de Paraguay fue irregular en el Mundial; es más, casi se queda afuera en la primera rueda: "Todavía no podemos creer que estamos en las semifinales, porque perdimos varios jugadores importantes. Llegamos hasta aquí con mucho sacrificio. Ahora, sabemos que los ciudadanos paraguayos están muy entusiasmados", dice.
La particularidad de Esquivel en este certamen fue que perdió cuatro dientes por un golpe de un jugador de Ghana: "El número 8 que me pegó nunca reconoció el codazo, pero bueh , ya está. Termina el Mundial, me saco los provisorios y me hago una dentadura definitiva".



