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Salud, Ferro! Pasó hace 100 años: el 28 de julio de 1904, con el propósito de encontrar un lugar para “practicar ejercicios físicos”, se reunieron don Martínez, encargado de la oficina de cargas de la estación Once, y el británico J. C. Hardy, secretario de gerencia del ramal Ferro Carril Oeste. Aquella idea sumó adeptos y 95 ferroviarios de la estación Caballito terminaron de formalizar la iniciativa en la oficina de cargas.
Así nació el Club Ferro Carril Oeste, una de las entidades más tradicionales de Buenos Aires, que hoy tendrá su festejo centenario y que durante buena parte de su historia fue un ejemplo porque conjugó en la medida perfecta el aspecto social y el deportivo. En sus primeros pasos, los empleados utilizaron las maderas que servían de embalaje a las piezas importadas de las locomotoras y levantaron una casilla. Allí, a la vera de las vías, se alojó el canchero. Poco después se nombró al primer presidente de la entidad, W. B. Beeston, y como socios honorarios a los jefes del departamento del ferrocarril.
Los entusiastas fundadores de Ferro recibieron una importante ayuda de la empresa y rápidamente construyeron una cancha en terrenos cedidos por el gerente del ferrocarril, al costado de la vía, donde estaba la quinta de verduras y hortalizas de doña Anita. Por esta razón, además del color de sus camisetas, se los apoda “verdolagas”.
El club adquirió forma en el barrio de Caballito, ubicado en el centro geográfico de la ciudad, que por aquel entonces se caracterizaba por sus petit chalés y tenía el sello distintivo de la clase media, que aún conserva.
Hasta 1908 los equipos usaron una camisa blanca con franja oblicua roja y un corazón rojo sobre el bolsillo. Ese mismo año la cambiaron por unas camisetas de jersey de lana color marrón con puños y cuellos celestes, donadas por la tripulación de un barco inglés que jugó un amistoso con Ferro. En 1909 hubo una racha adversa y, por iniciativa de Emilio Languasco, secretario de la institución, se eligió el color verde, símbolo de la esperanza.
Durante el siglo XX Ferro mostró su paulatino crecimiento económico, deportivo e institucional. En los años 40 eran tradicionales los bailes en el playón de la sede de Cucha Cucha; se bailaba el foxtrot, los boleros y el tango, y para los asistentes se reclamaba el smoking, hasta que la vestimenta admitió traje y corbata.
La época de máximo esplendor llegó en los años 80, con la ampliación de las obras y las conquistas deportivas. La institución no sólo movilizaba a la gran masa de clase media de Caballito, sino que además captaba el interés de barrios cercanos, como Almagro, Flores, Villa Crespo y la Paternal, que se veían atraídos por la calidad de las actividades sociales y por las disciplinas de alto rendimiento, que entregaban nuevos títulos y figuras.
Ferro, que hasta fue premiado por la Unesco por ser una entidad modelo, alcanzó la cifra récord de 47.000 socios en 1981 bajo la conducción de Santiago Leyden, que gobernó la entidad desde 1963 hasta 1993. En 1982, con la obtención del Nacional de ese año, comenzó el boom futbolístico. Fue el primer título de Ferro, de la mano de Cúper, Saccardi, Márcico, Arregui y Juárez, que conformaban la base.
Dos años más tarde sumó más gloria con aquella formación que obtuvo el Nacional y que incluía a Oscar Acosta, Garré, Brandoni, Noremberg y Crocco, entre otros. En ambos casos, el entrenador fue Carlos Griguol, que sacó el máximo provecho a un grupo de jugadores sin mucho cartel.
Fueron logros que a fines de la década del 30 no concretó la famosa Pandilla Verdolaga, integrada por Maril, Borgnia, Sarlanga, Gandulla y Emeal. Ni tampoco otros futbolistas que brillaron en distintas épocas: los arqueros Roque Marrapodi y Antonio Roma, Silvio Marzolini, Héctor Berón y el Charro José Manuel Moreno.
El deporte que más alegrías le dio a Ferro fue el basquetbol, con tres títulos en la Liga Nacional (1985, 1986 y 1987), y otros tres lauros sudamericanos (1981, 1982 y 1987), con la guía maestra de León Najnudel. El voleibol también entregó emociones y títulos en el gimnasio Héctor Etchart, con los desempeños de Waldo Kantor y Hugo Conte. En verdad, las posibilidades de triunfo en el nivel de clubes se multiplicaban con el béisbol, el atletismo, la pelota paleta, el handbol, la gimnasia y el tenis de mesa.
Por aquellos tiempos los gimnasios no dominaban la escena y el poder adquisitivo era mucho mayor. Así, Ferro se convertía en la mejor opción para el desarrollo físico y la formación intelectual del socio. Una de las tantas muestras: se armaban largas colas para anotar a los niños en las colonias Vacaciones Alegres, que superaban los 8500 inscriptos.
Lamentablemente, las malas administraciones a partir de los años 90 borraron de un plumazo los balances superavitarios y las proyeccciones de crecimiento. De manera progresiva se produjo el deterioro de las instalaciones, se incrementó un pasivo exorbitante en dólares y la sangría de socios no tuvo freno.
Frente a un presupuesto cada vez más reducido, lo inexorable: en el fútbol, el equipo perdió dos categorías consecutivas desde mediados de 2000 y se hundió en la primera B, en donde participa hasta hoy, controlado por la empresa Gerenciar S.A. El basquetbol fue otra alarma de la decadencia: luego de haber sido el dominador de la Liga Nacional con Miguel Cortijo, Diego Maggi y Sebastián Uranga, descendió esta temporada y jugará por primera vez en el torneo de ascenso.
Acorralado por los acreedores, llegó la sentencia de la quiebra que el titular del Juzgado Nacional en lo Comercial N° 3, Rodolfo Herrera, dictó a fines de 2002, cuando el pasivo trepaba a los 27 millones de pesos. El mal trago provocó varias marchas de socios que protestaron por la decisión judicial, que además dispuso que el club sea manejado por un órgano fiduciario en reemplazo del mandato de Walter Porta.
Después de haberse descubierto una supuesta maniobra ideada por el juez Rodolfo Herrera, la Cámara de Apelaciones lo apartó de Ferro por “mal desempeño” y lo reemplazó por la magistrada Margarita Braga.
Mientras que se continúa el proceso de quiebra, Porta es el presidente de la Comisión Directiva Residual. Y en plena celebración por los 100 años, todos añoran la normalización de un club que se ganó el corazón de Caballito.
Hoy saldrá a la venta el libro “Ferro, 100 años”, un trabajo de 200 páginas a la cabeza del cual estuvo el periodista Gustavo Grabia y que publica Ediciones Al Arco. Los grandes ídolos, los títulos del fútbol, voleibol y basquetbol y la ficha personal de todos los jugadores que pasaron por el club en el profesionalismo aparecen en la obra. El libro tendrá un costo de 20 pesos y se podrá conseguir en diferentes instalaciones del club y en el Ferro Shop del Shopping Caballito.
Hoy:
A las 17.30 se hará el descubrimiento de la Placa de los 100 años, donada por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
A continuación, la inauguración del Mural Conmemorativo en la esquina de la sede social, en Av. Avellaneda y Martín de Gainza.
Luego, el encuentro preliminar entre “Ferro Campeón 82-84” v. “Ferro estrellas de todos los tiempos”.
A partir de las 20.30, el partido entre el primer equipo de Ferro y Talleres, que jugará la próxima temporada en la B Nacional (en directo por TyC Sports). Además habrá un Banderazo de Júbilo y Show de Fuegos Artificiales.
En otro de los actos, se hará el bautismo oficial de la tribuna local del estadio Ricardo Etcheverry con tres nombres de ex figuras de la entidad. A pedido de la masa societaria, se eligió a Héctor Rubén Berón (204 partidos, entre 1954-1956 y entre 1963-66, con 41 goles), Gerónimo Saccardi (358 entre 1971-75 y 1979-1983, con 44 tantos) y Héctor Arregui (345 entre 1968-1980, con 84 goles).
Viernes:
Se hará el bautismo de la Cancha Trinquete Eduardo Ross. Desde las 20.30 se jugará un partido de exhibición con destacados pelotaris.
Sábado:
A las 15.30 se realizará paseo especial en adhesión a los 100 años con la participación de la Asociación Amigos del Tranvía. La salida será desde Rivadavia y Emilio Mitre.
Domingo:
Gran Maratón del Centenario, que se largará desde Avellaneda 1240.


