Gabriel Hauche y Santiago Silva: cómo es la fórmula de Argentinos que juega en la cancha y en el vestuario

Elías Gómez abraza a Hauche, mientras Santiago Silva se suma al festejo de un gol de Argentinos
Elías Gómez abraza a Hauche, mientras Santiago Silva se suma al festejo de un gol de Argentinos Fuente: FotoBAIRES
Alberto Cantore
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28 de noviembre de 2019  • 23:59

Sueñan, porque las ilusiones nunca se abandonan. No es una fantasía, aunque en la Paternal se miren de reojo, tratando de descifrar si es verdad lo que sucede con Argentinos. Gabriel Hauche y Santiago Silva son más que un simple argumento ofensivo que ofrece el equipo que dirige Diego Dabove. Dos delanteros de largo recorrido, líderes positivos, futbolistas que transmiten experiencias y sirven de referencia en un grupo que desanda un camino despejado: escaló de los puestos que ponen en riesgo la permanencia, meta de primera instancia que se trazó el conjunto, y ahora la Superliga lo expone en los más alto de la tabla de posiciones, junto con el atribulado Boca, a quien visitará este sábado, desde las 19.40.

"Sorprende vernos ahí, es más normal ver a River, Boca o Racing. Pero que estemos quiere decir que algo bueno estamos haciendo. Es muy lindo competir semana a semana con los grandes", comentó Hauche, el artillero, con cinco goles; el último, el lunes pasado, a Newell's, una definición a pura velocidad y precisión, con gambetas para desairar a Bittolo y al arquero Aguerre.

En 12 de los 14 juegos, la sociedad compartió el ataque, al que se suma el juvenil Damián Batallini como parte del elenco estable, ese que Dabove muta de 4-2-3-1 a 4-3-3. Juntos, solo marcaron en uno de los encuentros: la victoria 3-1 frente a Central Córdoba, de Santiago del Estero. Pero Hauche, de 33 años, y Silva, de 38, jugadores con personalidades y características futbolísticas diferentes, entienden que el secreto es complementarse y no aferrarse al lucimiento personal.

El gol los alimenta tanto como una asistencia. Una síntesis de lo que enseña Argentinos, donde no sobresale una figura descollante o que le marque el terreno al resto: todos se esfuerzan y se potencian a partir de las virtudes individuales para realzar la estructura. Así, cada individualidad rinde por encima de sus posibilidades y se beneficia el equipo.

Como si se tratara de perfiles invertidos, Hauche lleva la capa de goleador, un ropaje que la historia indica que debiera calzarle mejor a Silva, que fue el máximo artillero en el Apertura 2009, con Banfield, y el Apertura 2010, en Vélez. Pero el uruguayo -aportó un solo festejo- es ahora un N°9 que engaña: alejado de la figura de dueño de los festejos que lo acompañó durante su extensísima trayectoria, es el primer defensor cuando el equipo retrocede. El esfuerzo no lo negocia.

Son diferentes desde el físico -Hauche mide 1,68 metro; Silva, 1,83-; también porque el delantero que surgió en Temperley no tiene tatuajes, ni cadenas ni relojes, mientras que el charrúa lleva un dibujo maorí que le abarca el brazo izquierdo y el pecho; si el Demonio elige pasar siempre desapercibido, el histrionismo del Pelado -recordar los festejos, que practicaba y le servían para motivarse- es una marca registrada.

Pero también ofrecen similitudes, como ser dos de los tres futbolistas del plantel que tienen un campeonato en la mochila en primera -Angeleri, el restante- o extravagancias que protagonizaron hinchas con ellos como eje: una fanática de Racing se tatuó la firma de Hauche; un grupo de estudiantes secundarios parodió en el viaje de egresados en Bariloche un festejo de Silva -con gorros de natación simularon no tener cabellos; se vistieron con varias de las 18 camisetas que vistió el uruguayo- y ganaron un premio. El Tanque, vía redes sociales, se contactó con los jóvenes y se juntaron cuando Argentinos superó a Central Córdoba, la noche en que convirtió el único tanto de la actual campaña.

El líder Hauche

Cuando Dabove tomó el mando del plantel fijó con rapidez la falta de efectividad del equipo. Los dirigentes le respondieron con celeridad: durante los primeros días del año, Hauche se convertía en refuerzo. Para el entrenador, la presencia del atacante tenía un doble motivo, una doble faceta: lo que le brinda en la cancha, pero también en los entrenamientos, las concentraciones, los espacios ociosos que tiene un grupo durante un viaje. Líder positivo, lo apuntó el entrenador.

"Es cuando te ponés más viejo", relata Hauche, con una sonrisa. Y define con la misma claridad que frente al arco rival: "Se puede ser líder de chico y no a mi edad. El comportamiento y el compromiso le dan lugar al liderazgo. Y cuanto más jugaste, más experiencias tenés. Cuando estaba en Temperley, el DT Mario Finarolli me dijo que empezaba a entrenarme con los profesionales. Tenía 17 años, no había terminado la escuela y mi mamá no quería saber nada de que abandonara el colegio. Le expliqué la situación y Finarolli fue muy práctico: 'vuelva a su categoría y cuando resuelva lo del colegio, me avisa'. Ese fue un aprendizaje de un líder positivo, porque me enseñó principios en un momento de la vida en donde no sabés qué hacer, responder, actuar. Ahora si veo a un chico en la misma situación, tengo herramientas para aconsejarlo", explica, quien terminó el profesorado de educación física cuando jugó en Racing y también cursó y se recibió de director técnico.

El susto de Silva

La desvinculación de Silva de Gimnasia y Esgrima La Plata provocó que el nombre del artillero pasara a ser una figurita codiciada por varios equipos. "Era la primera opción, se nos había ido [Claudio] Spinelli. Necesitaba a un jugador que conociera el fútbol argentino, el entorno. Y fue un gran dolor la noticia del doping. Fue un golpe duro, porque se acopló muy bien al grupo y el grupo lo bajoneó", comentaba Dabove, sobre el episodio que protagonizó el uruguayo, cuando se conoció la suspensión provisoria por una sustancia prohibida que se detectó en un juego de la Copa Argentina, entre el Lobo y Newell's, el 12 de abril pasado.

Lejos de entrar en una espiral negativa, Silva realizó la contraprueba y dio las explicaciones que le posibilitaron levantar la sanción, hasta que el Tribunal se e expida definitivamente. "Estaba siguiendo un tratamiento de fertilidad, estaba buscando otro hijo. Lo hice en enero, tenía todos los certificados. Pero se elevó el nivel de las hormonas. Siempre estuve tranquilo, me apoyé en mi familia, en Argentinos; nunca se me ocurrió tomar nada para mejorar el rendimiento, menos a los 38 años", explicó el charrúa, que superó con rapidez el momento de intranquilidad y sueña, como toda la Paternal.

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