Gastón Aguirre: "Mi campeonato era volver a jugar"

Gastón Aguirre con los colores de Temperley
Gastón Aguirre con los colores de Temperley Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri
Después de varios años de sufrir por graves lesiones; el defensor recuperó la ilusión en Temperley, su club, que volvió a primera
Patricio Insua
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30 de enero de 2015  • 22:24

Hizo todo lo que estaba a su alcance y hasta imaginó lo imposible para volver a hablar de fútbol con una sonrisa. Hace dos años que Gastón Aguirre se expresa como protagonista y no desde un retiro forzoso. Lo espera otra vez la primera división, en un paso histórico con Temperley , el equipo de su corazón: lleva tatuado el escudo del club en el gemelo de la pierna izquierda. Un férreo convencimiento, el apoyo de su familia, la confianza en la ciencia y una fe inquebrantable lo impulsaron entre 2010 y 2012, cuando sus días eran un deambular por quirófanos, gabinetes de kinesiología y gimnasios. Las canchas estaban muy lejos, se habían sucedido tres roturas de ligamentos cruzados y, antes, la del tendón de Aquiles. Esa pierna derecha parecía una trampa artera. Cuando se abrió la puerta del Celeste solamente puso una condición: no cobrar ni un peso hasta estar recuperado plenamente. Hoy, cuenta su historia con orgullo al haber superado una adversidad que parecía infranqueable.

—¿Te detenés en el contraste entre ese pasado y este presente?

—No me olvido, porque es una historia muy particular, pero no es algo sobre lo que vuelvo. Hoy mi realidad es el fútbol, los logros con Temperley y lo que nos espera a partir de lo que conseguimos. Seguro que no es lo mismo haber llegado hasta acá después de todo lo que pasé que si hubiese tenido una carrera más normal. Capaz por eso lo disfruto tanto.

—Estabas dispuesto a todo por la recuperación.

—A todo, no podía ser que una lesión me retirara. Llegué a ir a ver al ortopedista Adrián Peláez para que me hiciese una prótesis que me permitiese jugar y pedir un permiso especial en AFA para que aunque sea me dejasen participar en la tercera categoría con un elemento especial que me estabilizara la rodilla.

—¿ San Lorenzo te ayudó?

—Sí, siempre estuvo a disposición. Pero después de que no habían funcionado las operaciones y recuperaciones anteriores decidí ir por mi cuenta. Era mi última carta. Entonces, me hice cargo económicamente de la intervención del doctor Jorge Batista y del trabajo con los mejores kinesiólogos del país.

—¿Cómo fue tu salida del club?

—Me quedaban dos meses de contrato cuando me volví a lesionar, lo que permitía renovar automáticamente. Era un contrato importante, pero decidí con el corazón que tenía que buscar otra cosa. Vine a Temperley y pedí que me dejasen hacer el intento. El equipo estaba en zona de descenso a la C y a los dirigentes y el entrenador se les aparecía un tipo que hacía dos años que no jugaba y quería probarse.

—¿Y qué te respondieron?

—De entrada era una cosa muy sorprendente para ellos. Quería hacer la recuperación en el club; no quería un contrato ni nada, solo intentar jugar otra vez. Y la vuelta se dio en diciembre de 2012, en el último partido del año. Llovía mucho y lo lógico era no arriesgar y encarar tranquilo la pretemporada. Fui a la cancha de Flandria sin siquiera tener la habilitación de AFA. Era una locura. Pero llegó la autorización, decidí jugar, y desde entonces no salí más.

—A San Lorenzo no volviste.

—No logré superarlo. Todas las lesiones fueron en esa cancha, y no volví más. Por supuesto que no es algo contra la cancha, sino con mis propios recuerdos. Me volvía llorando todos los días porque vía que no podía. Muchas veces me reprocho no haber vuelto al club, porque estuve cinco años ahí y dejé muy lindas relaciones, pero es más fuerte que yo.

—En tu regreso, ¿cómo fue convivir con el temor a otra lesión?

—Las primeras fechas eran terribles. Arrancaban los partidos y al poco tiempo tenía bloqueos de dos o tres minutos, en los que sentía que mi cuerpo estaba mal otra vez. Hasta que Marcelo Pirota, el médico de Temperley, me agarró y me dijo que estaba bien, pero que si no dejaba de pensar así no iba a poder jugar. Eso me cambió la cabeza, aunque me llevó un tiempo perder el miedo. Dios me dio una revancha por todo lo que sufrí, por el padecimiento que tuve que atravesar. Siento que viví una historia de vida importante.

—Temperley consiguió dos ascensos en ocho meses para volver a primera. ¿Lo creían posible?

—Soy hincha de Temperley y soñaba con esto, pero era muy difícil de imaginar. Ya jugar una final para ascender al Nacional B, era algo importantísimo. De todas maneras, mi campeonato era volver a jugar al fútbol, con eso ya me daba por hecho. Esto es todavía mucho mejor, realmente un sueño.

—¿Era Temperley el club ideal para intentar el regreso?

—Sí, porque yo soy de acá, del club y del barrio. Cuando llegué hacía dos meses que me habían operado nuevamente y volver a jugar al fútbol parecía algo muy lejano. Más cuando después de empezar a entrenarme sufrí una rotura de meniscos y otra vez al cuchillo. Sin embargo, de ahí para adelante todo fue bien.

—¿Te mirás la rodilla y qué sentís?

—Nada, ni pienso en la rodilla. Parece increíble, pero después de todo lo que me pasó nunca más le presté atención. Cuando terminan los partidos no me pongo hielo, no necesito infiltrarme ni sacarme líquido.

—¿Qué fue lo que más te marcó de todo lo que tuviste que padecer?

—El afecto. En los partidos y en la calle me cruzo con jugadores y técnicos que me felicitan. Siempre sentí el acompañamiento de la gente de fútbol. Y a eso se suma el cariño de mi club y de mi barrio, que me sorprende. A veces siento que todo esto es gratis, que el día que me toque largar voy a estar feliz por todo lo que hice.

En 15 años de carrera, Gastón Aguirre estuvo a las órdenes de José Pekerman ( seleccionado sub 20 ), Marcelo Bielsa (en el Preolímpico de 2003), Diego Simeone , Américo Gallego , Ramón Díaz , Héctor Veira , Miguel Ángel Russo y Julio César Falcioni , entre otros. "Todos los técnicos son distintos. Algunos son más eufóricos y otros muy tranquilos, como ahora Ricardo Rezza , a quien jamás lo escuché gritar. De todos se aprende", dice. "Además de lo que enseñaba con sabiduría técnica y tácticamente, Pekerman era un formador de personas y por eso fue el mejor entrenador que hubo en juveniles. Bielsa es muy meticuloso y metido en cada detalle, distante con el jugador pero con capacidad para llegarle. Simeone es muy parecido al Bielsa, apasionado por el fútbol y obsesivo", agrega.

La lesión que lo salvó de Cromagnon. Junto a su hermano y tres amigos, Aguirre tenía planes trazados para la noche de 30 de diciembre de 2004: lo esperaba el recital de Callejeros en Cromagnon . Pero el día anterior, lo que era una consulta médica por una fractura de peroné (con una posterior de tibia) que había sufrido en Newell's se trasformó repentinamente en la antesala del quirófano al que pocas horas después ingresó para ser intervenido por el aprisionamiento de un nervio. La operación, imprevista, hizo que no estuviese en ese recital trágico.

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