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Terminó el sufrimiento. Volvió el alma al cuerpo. Gimnasia y Esgrima La Plata, el decano del fútbol nacional, regresa a primera. Adiós a una categoría impropia. Bienvenido a su casa. El 2 a 0 frente a Instituto, en el magnífico estadio Mario Kempes, con 11.500 triperos con la emoción como estandarte, despejó las nubes. Volvió a salir el sol en la cuna de las diagonales. Pedro Troglio, que para el Lobo es mucho más que su técnico, fue el factor determinante para concretar el viejo deseo. Primero, fue Central. Hoy, Gimnasia. La casa está en orden.
El Lobo está: 27 grados en una tarde, casi, casi, veraniega a la cordobesa. Los goles vuelan: a los 37 minutos, centro desde la derecha de Osvaldo Barsottini y cabezazo de Facundo Pereyra. A los 44, tiro libre de Franco Musis y cabezazo de Oliver Benítez. Así es el fútbol: Benítez había marcado un gol en contra en aquella fatídica promoción contra San Martín, de San Juan. Nadie sufrió como él. Nadie celebra como él.
Siento que éste es mi lugar en el mundo. Gimnasia no se merece pasar por lo que pasó (Troglio)
Luego de dos temporadas en el desierto, el agua bendita llegó desde el cielo. Desde las alturas. A Córdoba llegaron 100 micros apasionados. El hotel Windsor (ubicado en las calles Buenos Aires y Caseros), fue el búnker de la vuelta.
Estaban todos: hasta los jugadores que no fueron convocados. Hasta ex futbolistas, como Fabián Rinaudo, Luciano Aued y Lucas Castro. La unión es la fuerza. Aunque, claro, hubo una historia de sinsabores. Más semillas que rosas. Ese camino merece ser repasado en detalle.
El descenso había calado hondo: Gimnasia no hacía pie en la B Nacional. La dirigencia no acertaba sus decisiones, el conjunto que dirigía Osvaldo Ingrao exhibía fragilidad y los hinchas, lógicamente, hacían notar su disconformidad. El club estaba fragmentado. En ese contexto caótico asumió Pedro Troglio en octubre de 2011. Se hizo cargo de un equipo que ostentaba 8 puntos de 27 y que, de continuar por esa ruta, corría riesgos de descender. "Encuentro a la familia disgregada. Para empezar necesito la unidad de todo el pueblo gimnasista", pidió.
El Lobo venció 1-0 a Gimnasia de Jujuy y ese día, como por arte de magia, recuperó algo de la confianza perdida. Si bien al final de la temporada quedó lejos de los cuatro que marcaron tendencia (River, Quilmes, Instituto y Rosario Central), el elenco tripero confeccionó un discreto colchón de puntos. Terminó noveno, lejos de la pelea, pero con un promedio robusto.
Lo económico no fue una traba para la renovación. Troglio pidió "un equipo competitivo" y otra vez llamó a la unidad. "Las peleas no sirven para nada. Se necesita de todos", dijo casi como una súplica.
¿Qué hizo como primera medida? Reorganizó la defensa. La reconstrucción fue tal que formó la última línea con cuatro refuerzos: Facundo Oreja (Ferro), Osvaldo Barsottini (Instituto), Juan Carlos Blengio (Tigre) y Lucas Licht (Racing). Ese cuarteto se consolidó y se mantuvo. Estos nombres y el aporte incalculable del arquero Fernando Monetti fueron las bases para que Gimnasia mutara y se convirtiera en una estructura maciza, casi impermeable (mantuvo la valla invicta en 19 presentaciones).
Los otros dos elementos de la columna vertebral tripera también llegaron en la era Pedro: Omar Pouso, el experimentado mediocampista uruguayo, y Facundo Pereyra, delantero que arribó desde México.
La primera rueda fue difícil. Tras un arranque convincente, con siete triunfos y apenas una derrota en doce actuaciones, finalizó 2012 a un punto de la zona de ascenso.
En la pretemporada de verano Gimnasia sumó la pieza que le faltaba: Franco Niell. Su llegada enfervorizó a los hinchas, que ven al Petiso como un verdadero talismán. La explicación tiene lógica. Sus dos goles en aquella hazaña de julio de 2009, cuando Gimnasia se mantuvo en la Promoción (el 3-0 a Rafaela sellado en el último suspiro), todavía permanecen en las retinas.
Así, Troglio terminó de conformar su once ideal, que comenzó a salir de memoria. El DT se enamoró de ese 4-4-2, férreo y agresivo al mismo tiempo, al punto que repitió la formación en diez encuentros consecutivos; algo inusual en el fútbol.
En febrero de este año, en la reanudación de la competencia oficial, recibió un duro cachetazo: derrota en Junín; volvieron los fantasmas. Sin embargo, el plantel dio una muestra de carácter, ganó cinco encuentros en fila y así encaminó su regreso. El tercero de ellos, de visitante ante Banfield, fue quizás el punto de inflexión. Un gol a los 92 minutos le permitió aferrarse a los primeros puestos y, en simultáneo, le dio un golpe de KO a un adversario directo.
Sólo tambaleó hace un par de semanas cuando perdió dos partidos consecutivos (Ferro y Defensa y Justicia). Pero apareció El Gran Pedro y se despachó con una frase que le podría haber costado cara: "Vamos a ascender, no tengo dudas". Fue el último golpe de timón. Con esas palabras tranquilizó a los hinchas e hizo reaccionar a los jugadores.
Los mismos que hoy levantan la bandera de una entidad emblema de nuestro fútbol. El viejo y querido Gimnasia LP volvió a casa.
De Córdoba a La Plata, sin escalas, recorrió el gran festejo por el regreso a primera. El centro de la alegría resultó la tradicional esquina de 7 y 50. Hubo cantos, bailes, banderas y dedicatorias para Estudiantes LP.

