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A pocos días de haber cumplido 66 años, mantenerse activo para Carlos Timoteo Griguol no significa estar al frente de un plantel de fútbol, algo habitual durante sus últimos 30 años. Tras desvincularse de Unión a principios de abril último, Griguol se siente plenamente ocupado en quehaceres más sencillos, pero no por ello menos placenteros. Sale a caminar todos los días, se reúne con amigos del fútbol, se junta con otros veteranos en el Parque Rivadavia. "Cuando está en casa ve todos los deportes por televisión. Fútbol, basquetbol, tenis, hockey. Es un fanático", comenta su esposa Betty. Es el único sedentarismo que se permite Griguol. Como anfitrión en su departamento de la avenida Pedro Goyena, invita al visitante de turno a subir y bajar los tres pisos por las escaleras. "Hace bien a las piernas", argumenta, mientras desciende con agilidad y a paso vivo.
Atesora una marca difícil de igualar dentro de la Argentina: dirigió 1125 partidos en cinco equipos (Central, Ferro, River, Gimnasia y Unión).
-¿Extraña no dirigir?
-En este momento, no. Porque los clubes no están bien, los planteles son muy pobres, salvo los casos de Independiente, Vélez y Rosario Central, que tiene un gran cantera. Menotti les dio de baja a quince jóvenes porque no los podía atender. Pero los técnicos estamos con la soga al cuello, pagamos los costos de los malos resultados. No te dan tiempo para preparar los pequeños planteles.
-¿Está en retirada o conserva las ganas de volver?
-Estamos ahí, mitad y mitad... Las ganas ya vendrán.
-¿Qué cosas lo desaniman?
-La situación de las instituciones. No te dan ninguna posibilidad de invertir en la compra de algún buen jugador.
-Pero usted es la clase de entrenador que saca provecho de las divisiones inferiores.
-Siempre, siempre. Nunca le hice problemas a los clubes que no podían hacer contrataciones. Pero llega un momento en el que te empezás a cansar. Dejé de dirigir en Gimnasia porque no me renovaron el contrato y me digo: pucha, para qué sirvió que no le exigiera la compra de jugadores para hacer una mejor campaña .
-¿Está arrepentido de la política de manejarse con las inferiores?
-No, lo seguiría haciendo.
-¿Está cansado de la dirigencia argentina?
-Bastante. Los conozco a todos. No cumplen lo que prometen. Cuando estuve en Ferro llegaron a deberme seis meses de sueldo, pero yo sabía que a fin de año cobraba todo. Ahora no es así. Hay muchos clubes que no pueden pagar la electricidad ni el agua; están en situación crítica.
-Y usted nunca fue un técnico barato.
-Es otra de las cosas que hay que aclarar. Porque los equipos en los que yo estuve nunca invirtieron en compras, pero siempre vendieron futbolistas que yo promoví a primera. Entonces, ¿soy caro o barato?
-O sea que le hizo ganar dinero a los clubes.
-Más de 35.000.000 de dólares. Pero no quiero que me lo reconozcan, porque para eso trabajé. A mí me satisface decirles a los dirigentes: miren, yo no los dejé así como están, arruinados.
-¿Cómo ve el panorama de las inferiores, en el surgimiento de jugadores?
-El panorama es bastante crítico. Porque desgraciadamente, en la Argentina, no sabemos si los chicos toman un buen desayuno, si pueden almorzar, si meriendan o comen a la noche. Ese es el grave problema que tienen los clubes, y va más allá del fútbol. ¿Para qué sirve que yo cite a un chico a las ocho y media para trabajar físicamente si no pudo desayunar? Se lesionan, tienen la dentadura a la miseria... Es preferible no hacer nada y darles de comer.
-Y los clubes tampoco están en condiciones de hacer de comedores.
-No. Me acuerdo de que en Gimnasia teníamos a Pelusa Bedogni, un ayudante de campo que trabajaba en las inferiores e iba casa por casa para conocer la situación de cada chico. El se encargaba, todas las noches, de pasar por unas panaderías que le daban lo que había sobrado: pan, facturas, alguna torta. Y a la mañana siguiente, nosotros le preparábamos un desayuno a los pibes de inferiores que no tenían recursos. Y como eso, un montón de cosas más.
También poníamos plata de nuestro bolsillo para ir a comprar leche, yerba, azúcar y otras cosas básicas. Desde el 2000 en adelante, la mayoría de los chicos que quieren ser futbolistas no están bien alimentados. Pobrecitos..., cómo exigirles que sean más veloces. Y eso que la competencia en las divisiones inferiores es muy buena; yo creo que deben estar entre las tres mejores del mundo.
-¿Qué es lo mejor y lo peor de su profesión?
-Lo peor es tener que dejar libre, con el pase en la mano, a un jugador que uno conoce desde las inferiores. Porque para mí es como un hijo, como dejarlo afuera de mi casa. Lo mejor es la amistad que uno encuentra en el fútbol por todos lados. Vos hablás de fútbol y enseguida se te arriman todos.
-¿Por qué cree que la mayoría de los jugadores habla bien de usted?
-Qué sé yo... Habré sido un buen padre, más que un buen técnico.
-¿Se siente un patriarca del fútbol argentino?
-¿Qué? Nooo, qué patriarca. Me parezco al abuelo. Haber dirigido cinco o seis equipos me convierten en uno de los más viejos, junto con Menotti.
-¿Qué le produce ver a Menotti, un técnico de su generación, haciendo una buena campaña en Central?
-Me da una gran satisfacción que su experiencia la vuelque en los jóvenes de Central. Tenía como 40 jugadores y supo armar un plantel con la mitad, porque con tantos futbolistas no se puede trabajar.
-¿Se ve dirigiendo en el mediano plazo?
-No, porque ni me arrimo a las canchas. Veo todo por televisión. Estoy cómodo y tranquilo. Mi preocupación pasa por mi físico y en el fútbol uno se hace mucha mala sangre.
Griguol considera que los mundiales marcan la evolución del fútbol, pero cree que en el de Corea-Japón, en el cual estuvo presente como espectador, se produjo un estancamiento. Dice que por su identificación con Gimnasia y Central le costaría dirigir a sus clásicos rivales.
-Con 30 años dirigiendo en primera, ¿varió mucho la función del técnico?
-Uff, un montón. Cada ocho o diez años, los técnicos tienen que cambiar porque se modifica el fútbol. A veces veo partidos de mundiales pasados y me dan vergüenza; son comparables a un encuentro de una reserva actual. Los jugadores tenían habilidad, sí, pero nadie los marcaba. Ahora hay otro ritmo. Es lo mismo que comparar un Ford T con un modelo actual. Yo no soy el mismo técnico que cuando empecé, nada que ver. Los mundiales te van cambiando, a pesar de que el que terminó hace poco no dejó nada. Estamos casi igual o más atrás que en el anterior.
-¿Qué le parece la continuidad de Bielsa?
-Muy buena. Tiene mucha capacidad y va a conseguir buenos resultados.
-Usted mantiene contacto con él.
-Sí, hablamos de jugadores, aunque ahora hace unos meses que no lo veo. Es un loco..., no le han errado. No conocí a nadie más obsesionado con el fútbol que él.
-¿Qué le pareció el Mundial?
-Muy pobre. La localía permitió que Corea y Japón llegaran más alto de lo previsto. Brasil fue un campeón medio raro, porque no jugó muy bien. Cuando la Argentina ganó en México `86 se veía que el equipo jugaba por todos lados. Brasil dependió sólo de un par de futbolistas.
-Después de tres segundos puestos, ¿no haber sido campeón con Gimnasia es una de las espinas de su carrera?
-Yo creo que Gimnasia hizo muy buenos campeonatos... Le habrá faltado alguna cosa para ser primero.
-¿Le molesta que esos equipos sean considerados segundones o pechos fríos ?
-Lo mismo le pasa al Cabezón Cúper. Llega, llega y llega, pero no es campeón. Para ser segundo también hay que hacer algo. Pero sólo vale el exitismo. Fijate las chiquitas de hockey (por las Leonas); sólo les preguntaban por qué no habían sido campeonas.
-¿Dirigiría a Estudiantes?
-Es muy difícil, no me gustaría. Yo estuve en Central y algunos hinchas de Newell´´s me decían vos tenés que venir acá. Y no sé si aceptaría.
-¿Fue injusto que en Ferro le cantaran Timoteo, vigilante, mandá el equipo adelante ?
-Pero fijate cómo eran las cosas: habíamos tenido la delantera con más goles y al arco menos vencido. ¿Qué más querían? Pero bueno, a los hinchas hay que respetarlos.
"Si no tenés elementos para formar un equipo es difícil ganar. Y eso es lo que pasó. Teníamos a Alfonso, que luego fue a Barcelona, un delantero que no es de área, sino que iba por los costados. Entonces le dije al presidente (Ruiz de Lopera) que comprara a alguien que jugara dentro del área, y no quiso, porque dinero tenía. Faltaba un cinco y un nueve, y él trajo a un dos, a un marcador de punta, un arquero... Compraba lo que se le ocurría. El asunto es que no podíamos hacer un gol; si lo hacíamos era de tiro libre o de córner."



