Guardiola, el camaleón radicalizado

Ezequiel Fernández Moores
Fuente: Reuters
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8 de enero de 2019  • 23:59

"Algún día entrenaré a un equipo pequeño con el que será imposible ganar nada". Un equipo que no tendrá a Leo Messi como Barcelona . Ni la historia de Bayern Munich ni el dinero de Manchester City . Pero ese día, con ese equipo pequeño, "la pelota –asegura Pep Guardiola– seguirá siendo nuestra, te lo juro". Guardiola se lo dice a un amigo, algo cansado de quienes reducen su récord de veinticuatro títulos en su primera década como DT a que siempre dirige clubes poderosos, incluida la última Premier League que conquistó sumando cien puntos, histórico en el fútbol inglés. Es que los números, aún por muy impresionantes que sean, olvidan lo más importante. La pelota. El fútbol coral. Y el resultado que el músico Noel Gallagher , símbolo de Manchester City, describe en tres palabras: "Nunca tanta magia".

Las frases de Guardiola y de Gallagher (prologuista de lujo) forman parte de Cuadernos de Manchester, uno de los libros futboleros más interesantes de 2018. Los periodistas españoles Luis Martín y Pol Ballús cuentan acaso como nadie antes de qué modo Guardiola construye su propio equipo de colaboradores. Desde analistas de video que ya le estudiaban siete partidos por fecha cuando en 2007 debutó como DT de Barcelona B (Guardiola fue siempre obsesivo), hasta una nutricionista que obliga desayuno y almuerzo en el City y gelatinas en el entretiempo, más jugos apenas terminan los partidos porque ayudan a la recuperación. Están también los utileros ingleses, los "Peaky Blinders" que idearon una máquina de vapor para que David Silva pueda salir a la cancha con sus botines ya calentitos, o rasgaron las medias de Kyle Walker para que dejara de sentir molestias en sus gemelos gigantes. A su asistente Mikel Arteta Pep llegó a decirle antes de un partido ante Arsenal que esa semana el equipo sería todo suyo porque él conocía mejor que nadie al rival, donde había jugado hasta unos meses atrás. Leyendo Legado, el libro sobre los All Blacks, Guardiola aprendió que, a su lado, no quiere seguidores. Quiere líderes.

Fuente: LA NACION - Crédito: Sebastian Domenech

Por supuesto que Cuadernos de Manchester habla también de los jugadores, incluido el Kun Agüero, goleador histórico, leyenda, favorito de los hinchas, pero que, tras una cena clave con Pep, entendió que Guardiola, como él mismo dijo, saltaría "a la yugular" del jugador que no corriera, y mejoró entonces todos sus registros. El vestuario fue reconstruido de modo oval para que todos participen. Guardiola, dice uno de sus colaboradores, aprendió ahora a ser "más directo" con el jugador. A decir de inmediato y sin rodeos si algo no le gusta. Y a asumir que, si tuviera que pensar luego en las consecuencias de cada una de sus decisiones, debería dedicarse "a otra cosa". En alguna ocasión, como cuando estalló la situación del hijo de David Silva nacido con problemas pulmonares, Pep eliminó su tradicional charla táctica previa y dijo simplemente que había que salir a jugar "por Mateo": 4-1 a Tottenham . Total, ya en su primer día, y en apenas quince minutos, Guardiola le dijo al plantel que, aún con las variantes, según el rival de turno, "básicamente" Manchester City "hará esto cuando tenga la pelota y esto cuando no la tenga". Saber "qué" hacer y saber "cómo" hacerlo.

Su obra acaso más perfecta fue aquel Barça inicial de los seis títulos en un año. Pero luego dejó también en Alemania "un estilo de fútbol que Bayern Munich nunca volverá a jugar y que los aficionados no volverán a ver nunca más", como escribió el periodista Uli Kohler. El establishment de la Premier League le advirtió que no se podía ganar en Inglaterra sin fuerza y a puro toque. Podría alegarse que lo hizo gracias al dinero de sus patrones árabes. Pero allí está el fiasco del también millonario Manchester United. De las hinchadas rivales que le cantaban "Park the bus" (Estaciona el micro) a José Mourinho , burlándose de su defensa tan cerrada. Los del City, en cambio, se la pasan cantando al ritmo de los Dave Clark Five que "están contentos de todo" porque, como crearon dos periodistas, "We’ve got Guardiola" (Tenemos a Guardiola).

Cuadernos de Manchester es también un hermoso homenaje a la ciudad de Manchester. A su música y a sus bares. Y a sus apenas 1416 horas de sol al año. Guardiola lleva siete años sin ganar la Champions. Es su gran desafío de 2019. Igual, perder es parte de la naturaleza de la competencia y, en su oficina, además de una estatuilla de Johan Cruyff, Pep tiene colgada una frase que su admirado Marcelo Bielsa pronunció ante estudiantes de su ex escuela en Rosario. Esa que dice que el éxito es "deformante" porque "relaja, engaña" y "nos enamora de nosotros mismos" y que el fracaso, en cambio, "es formativo" porque "nos hace coherentes". Y que "lo importante es la nobleza de los recursos utilizados". Pep no cambia su idea sobre la táctica y la belleza, pero ahora corrige antes, dice un colaborador. En su libro La metamorfosis, Martí Perarnau describió a Guardiola como un "camaleón dúctil y versátil", pero radicalizado en su idea de intentar jugar siempre con la pelota. Y acaso aferrado a la máxima del penalista estadounidense Gerry Spence: "Prefiero que mi mente se abra movida por la curiosidad a que se cierre movida por la convicción".

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