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HANNOVER.- "Nos gustaría tener aquí a cualquiera de los equipos sudamericanos, porque ustedes sí que saben festejar". En la solemne sala del Ayuntamiento de Hannover (pronúnciese Jannufa, para estar a la altura), la voz de Klaus Timaeus retumba como sólo podría hacerlo la de un hincha. Pero resulta que él es el máximo responsable de todo lo que el gobierno organice alrededor del Mundial 2006 y, por estos días, confirmó su idea sobre la idiosincrasia de esos países tan lejanos del suyo.
Hasta hace sólo unas horas, cuando el pentacampéon aún no se había arrodillado ante México, la mención de Hannover para las semifinales se traducía como un castigo para la Argentina: porque, si llegaba allí, significaba que había resignado el primer puesto en su grupo y debía cruzarse con Brasil antes de la final. Ahora, la lectura no es la misma.
Todo el fin de semana previo al encuentro entre brasileños y mexicanos, esta ciudad con perfil de cuento de hadas y algo más de 500.000 habitantes vivió en fiesta permanente. Sólo bastaba caminar por Linder Platz -de día con ambiente familiar, de noche con la cerveza como excusa de charlas encendidas- para sentir la incitación al festejo. Todo era dejarse llevar bajo el sol abrasador, pasar por puestos de frutas y de cerveza casera y de "Europa por la mañana en un día libre", como cualquiera la puede estereotipar, y llegar al lago Mascht See. Desde allí se veía el AWD Arena, ese monumento al fútbol a veinte minutos de caminata desde la estación central. Como dice Timaeus: "Esta es la única ciudad alemana donde, si te preguntan cómo llegar al estadio, puedes responder: «Por allí, siempre recto»".
Aquí hay devoción por Brasil, es cierto. No podía haber tantos brasileños como en Mundial, pero sí había miles de camisetas: eran mayoría de alemanes quienes se calzaban la 9 de Ronaldo. No será extraño ver a muchos de ellos con la 8 de Riquelme si viene la Argentina, después del partido de hoy, con Alemania.
Ellos los esperan con los brazos abiertos. Se consideran el corazón de Alemania, y no sólo geográficamente: desde aquí se bombea la economía con la más grande industria automotriz del mundo, en la ciudad del automóvil, Wolfsburgo, a media hora de tren; allí late la omnipresente Volkswagen. Sueñan con recibir a un equipo sudamericano y sumarse a esa fiesta de fútbol que semejantes visitantes ofrecen. Admiran esa idiosincrasia, aunque en estos días demuestren que tienen poco que envidiarles.
-¿Por qué son así, tan abiertos? ¿Es una característica de la región?
-No, es por el sol? Fue el primer fin de semana con sol tras seis meses de lluvia. Y eso a la gente le gusta mucho.
Seguramente tanto como el fútbol nuestro.



