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La pesadilla ya lleva dos años. No es tanto tiempo, de todos modos, para que Hernán Florentín diga basta y abandone el fútbol. El paraguayo, de 25 años, choca sistemáticamente con contratiempos físicos, psicológicos y hasta burocráticos; así y todo, tiene la esperanza de que resurgirá de este fango de complicaciones. Basta con mirarlo.
El 28 de octubre de 2000 lo marcó a fuego. Ese día, Florentín estaba contento porque reaparecía en All Boys después de un mes de inactividad por una lesión. Y hasta el primer tiempo del partido ante Central Córdoba, en Floresta, por la primera B Nacional, era feliz en un campo de juego. Pero llegó la jugada que lo dejaría muy cerca de la muerte. "Vino un centro largo y saltamos tres jugadores a cabecear. Me quise apoyar en Martín Méndez, mi compañero, y en el 11 de ellos. Salté más alto que los dos y perdí el equilibrio...", cuenta Florentín, cuyo rostro se entristece con el relato de la escena siguiente, en la que su nuca impactó contra el piso y quedó desorientado.
"Tras el golpe, me sacaron y el médico me preguntó luego de unos minutos: ¿Podés volver a entrar? Le respondí que sí. Entré, pero enseguida la cancha empezó a darme vueltas y comencé a marearme feo. Entonces salí definitivamente."
Lo que vino después estuvo teñido de dramatismo. "Me sacaron con una camilla y vomité en el vestuario. Ahí ya me sentía mal. Pidieron la ambulancia; estaba acostado en la vereda del club y me dio el primer paro cardíaco. Hasta ese momento me acuerdo. Y en el trayecto al hospital -en donde luego me operaron por un derrame cerebral- tuve dos paros cardíacos más. El médico de All Boys, Daniel Tomasone, me salvó, porque me hizo respiración boca a boca."
Diecisiete días en coma fue el fatídico desenlace. "Estar en coma es como estar muerto, porque no sentís nada. En el día 17 abrí los ojos y sentí que me hablaban, pero como a tres cuadras de distancia. Pensé que estaba soñando, porque la primera persona que vi en el hospital fue a mi mamá y ella estaba en Paraguay durante el accidente."
Tras las internaciones en los hospitales Santojanni y Argerich y en el Sanatorio Mitre, a principios de 2001 le llegó el alta médica. Y con el objetivo puesto en su regreso al fútbol, Florentín comenzó con un trabajo intensísimo de rehabilitación en una pileta y en un gimnasio, que se prolongó durante el año último y el actual. De todas maneras, todavía no se recupera de una parálisis en la parte izquierda del cuerpo, que le impide moverse sin dificultad.
¿Cómo sigue esta historia? "No descarto la posibilidad de jugar, pero según los médicos es difícil que pueda volver. Estoy mejorando bastante y voy a seguir trabajando día tras día para regresar al fútbol, que antes del accidente lo era todo para mí. Si no puedo, quiero hacer algo ligado a la actividad, como la dirección técnica, por ejemplo. Me estoy mentalizando para esto", sostiene Florentín.
Hay una carrera que puede quedar trunca; en el medio del problema, un papelerío interminable: "Estoy haciendo valer mi seguro de futbolista. All Boys me ofreció una plata que yo no acepto, porque es poca y me alcanza sólo para cuatro años. Yo todavía tenía una proyección de diez años para seguir jugando y quiero justificarlo por ese lado. Menos mal que Futbolistas Argentinos Agremiados me está ayudando bastante; hablo mucho con Sergio Marchi (titular de FAA), pero no ocurre lo mismo con los dirigentes de All Boys. Excepto su presidente actual, nadie se acercó para saber cómo andaba".
En los últimos tiempos, la vida de Florentín transcurre en Ypané, Paraguay, su lugar de origen. Allí sigue con el gimnasio, aunque ahora está en Buenos Aires, en un hotel del barrio de Once que le paga All Boys, para arreglar su situación.
"Lo más importante es que estoy vivo. Le doy gracias a Dios por estar bien; él es el único que dirá si volveré o no a ser futbolista. Sé que si no puedo jugar, la vida no se termina acá", concluye Florentín, aquel que cumplió su sueño y jugó en la selección paraguaya y en Boca. Aquel que sigue luchando y no se rinde.
