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Se lo recuerda como un equipo vistoso, arrollador por momentos, con soltura e individualidades desequilibrantes a aquel Independiente del Apertura 2002, que de la mano de Américo Gallego se quedó con el título, el último en la cosecha de los Rojos. Se lo proyecta y, como un papel de calcar, se lo superpone a este líder del Clausura, que parece cada día más afianzado en busca de la consagración. Los rasgos son idénticos. Cada trazo coincide, pero la esencia es otra. Cambia el contenido, por más que el envase sea el mismo.
Hay algunas coincidencias, claro. Está el Tolo Gallego, el ideólogo. También se repite el goleador, Andrés Silvera, que se lució en 2002 con 16 conquistas y que ahora lleva seis. Si hasta el esquema es el mismo, un 4-3-2-1, que al principio generó desconfianza y que después consiguió la aceptación de todos. La matemática también los emparenta, ambos con 23 puntos en diez partidos, pero...
Las diferencias empiezan a notarse apenas se desmenuzan los grupos. En lo conceptual, aquel conjunto tenía un sustento que empezaba con la mentalidad ofensiva de cada uno de sus jugadores. La sociedad entre Daniel Montenegro y Federico Insúa se complementaba a la perfección con Silvera, pero a ellos se les agregaban los volantes por los costados, Lucas Pusineri -le ganó el puesto a Leonel Ríos después de algunas fechas- y Pablo Guiñazú. En el centro, como eje, quedaba Diego Castagno Suárez, con algunos gestos rústicos, pero eficaz para lo que precisaba Gallego. Todos llegaban. Todos hacían goles. Hasta la 10» fecha, las 30 conquistas -¡sí, 30!- se repartían entre diez jugadores (Silvera, Montenegro, Insúa, Castagno Suárez, Ríos, Pusineri, Federico Domínguez, Emanuel Rivas, Hernán Franco y Juan Eluchans).
En el actual torneo apenas seis celebraron: Silvera, Darío Gandín, Ignacio Piatti, Eduardo Tuzzio, Lucas Mareque y Leonel Núñez, que se distribuyen los 13 goles en la campaña. Este Independiente es más ordenado y paciente. No brilla tanto, pero se aferra a una idea y saca provecho cuando los rivales se adormecen. Nunca se rinde.
Hoy, Gandín no tiene la explosión ni la técnica de Rolfi Montenegro, aunque muestra más apego al sacrificio y a la función colectiva; también es importante el aporte goleador de Chipi, resistido por una parte de la hinchada. Ignacio Piatti alcanzó destellos, sutiles pinceladas de talento, pero no muestra la continuidad en el juego que daba Federico Insúa. Hernán Fredes, Federico Mancuello o el lesionado Walter Busse, que se perderá el resto del torneo por la fractura de tibia y peroné izquierdos, no consiguen la profundidad en el ataque que lograron Pusineri y Guiñazú. Aquél era más lúcido, éste parece más compacto y sacrificado. Los dos parecen igualmente eficaces. En 2002 se recuerdan los arrolladores triunfos ante Colón por 7-1, por la 7» fecha, y ante Chacarita por 6-2, por la 8», y en 2010 se aplauden los cinco triunfos consecutivos, con 452 minutos con el arco invicto.
Surgen más caras opuestas. En el arco estaba Leonardo Díaz, que, salvo por contadas actuaciones, nunca consiguió una plena aceptación pese a la larga experiencia en Colón. Hoy el guardián es Adrián Gabbarini, un hombre de la casa, que se quedó con el puesto con apenas un puñado de partidos en primera y tras las lesiones del correntino Hilario Navarro. A Díaz se lo miraba con recelo. A Gabbarini se lo ovaciona.
Antes, en la defensa, estaban Juan José Serrizuela y Federico Domínguez, que se ganaron el mote de los laterales más ofensivos de aquel momento, ambos de feroces pegadas. En la zaga se lo veía a Gabriel Milito en el pico de su rendimiento, bien acompañado por Hernán Franco, un volante devenido marcador central, que se movía a la perfección en el juego aéreo. Lucas Mareque, que anteayer marcó su primer tanto en Independiente en el triunfo ante Central por 2-0, y Luciano Vella se proyectan, pero por ahora no tienen la misma claridad ofensiva que Domínguez y Serrizuela. Los zagueros, Eduardo Tuzzio, en los últimos tramos de su carrera, y el prometedor Leonel Galeano, en los primeros, también entran en contraste.
Independiente 2002 era un modelo con brillo, goleadas inolvidables y muchas figuras. En 2010 propone sacrificio, oportunismo y funcionamiento colectivo. De afuera parecen iguales, aunque las diferencias se advierten con un golpe de vista.




