Independiente, en construcción, se abre camino con victorias

Sin brillar, pero con un patrón de juego, superó 1-0 a Lanús y se clasificó para los octavos de final, donde se medirá con Chapecoense, de Brasil; el ciclo Milito encadenó cuatro triunfos y mantuvo la valla invicta; la euforia de los hinchas
Jonathan Wiktor
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15 de septiembre de 2016  

Barco y Toledo saludan a Benítez
Barco y Toledo saludan a Benítez Fuente: DyN

Nada más seductor para los hinchas de Independiente que una competencia internacional. Ahí, en parte, estuvo la explicación del estado de euforia en el que quedó envuelto el estadio a las 21.09, cuando ya no quedaba más tiempo, con Lanús eliminado y rendido, sin poder sacarse de la cabeza que el quiebre de la llave había ocurrido el 25 de agosto, en la ida, la noche en la que el equipo de Gabriel Milito dio el verdadero golpe y dejó la clasificación casi resuelta. Ayer apenas se dibujó la estocada final, el 1 a 0 que hizo caer al último campeón del fútbol argentino y que certificó el acceso de Independiente a los octavos de final de la Copa Sudamericana , en donde lo espera Chapecoense , de Brasil.

Los Rojos, con cuatro triunfos consecutivos y apenas una derrota en el semestre, completaron entonces un marcador global de 3 a 0 y superaron a uno de los rivales más fuertes del continente. Si los triunfos llaman a los triunfos, Independiente, que todavía está en etapa de construcción, está colmado de optimismo. Arrastra, como si fuera poco, cuatro partidos con su arco invicto. Sin brillar, pero con un patrón de juego, se las arregla por ahora para abrirse camino con victorias.

El equipo de Milito fue ayer un tanto más cauto que en otras oportunidades. La ventaja del 2 a 0 conseguido de visitante lo llevó a mantener la presión alta para evitar que Lanús creciera con la salida limpia y le dio tranquilidad para manejar su ritmo, con la certeza de que no necesitaba anotar. Ante ese panorama buscó un gol por otras vías, aprovechando los espacios que quedaban en la defensa, para terminar con la ilusión que todavía, y a pesar de todo, sostenía en pie a su rival. Aceptó incluso jugar durante gran parte del segundo tiempo en su propia zona, parado para contraatacar, con inteligencia.

La imagen del gran gol de Benítez
La imagen del gran gol de Benítez Fuente: Telam

No obstante, durante los primeros minutos del partido el nerviosismo afectaba a Milito, a quien en varias oportunidades tuvieron que pedirle que no se saliera del corralito. La preocupación tenía sentido: Lanús, que se hizo dueño de la pelota, el objeto con el que ambos equipos diagraman sus estrategias, fue esquivando la presión que propuso Independiente, mas pragmático que en otras oportunidades. Aunque durante el amanecer del partido su equipo logró contrarrestar la amplitud de su rival, después de los 25 minutos Lanús se fue acercando con seriedad al arco de Martín Campaña. Sabía el Mariscal que la importancia de conservar su arco en cero en ese momento era un pilar determinante para que sus jugadores no entraran en un estado de debilidad.

Con la estrategia de forzar al menos técnico, Lanús, a todo esto, vio con entusiasmo cada vez que Independiente hacía circular la pelota en su propio terreno e incluía en el diagrama de salida al arquero Campaña. Durante varias oportunidades asfixió al uruguayo, que tuvo que responder con pases al límite. Pero nadie los aprovechó.

Poco pasaba en el partido hasta que, sobre el cierre de la primera parte, Martín Benítez capturó un despeje de Braghieri y de frente y al borde del área conectó un remate que viajó a la red. Todavía quedaba el segundo tiempo, pero los granates, sin fuerzas, ya no tendría margen para maniobrar.

Lanús no tuvo la excelencia que hubiera necesitado para dar vuelta la serie, por lo que no llamó la atención que durante lo que quedaba del partido jugara confundido por la impotencia, casi sin ver, perdido. Tuvo insinuaciones y una jugada muy clara que Miguel Almirón desperdició, pero poco más. Ni siquiera pudo acortar las diferencias luego de la expulsión de Toledo. Hubo retoques en Independiente para corregir la ausencia del lateral derecho y, a partir de ahí, se hizo oficial su resistencia. Lanús ya no tenía alma ni corazón.

Apenas hubo lugar para que Milito se fuera ovacionado, los hinchas se ilusionaran con la visita a Brasil y una pelea en el túnel que conecta con los vestuarios, síntomas que tipifican los partidos de Copa.

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