Inventaron el VAR: lecciones para aprender a cerrar la boca

Cristian Grosso
Cristian Grosso LA NACION
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31 de octubre de 2018  • 00:30

Un año después, la misma instancia. Semifinales de la Copa Libertadores y eliminación frente a Lanús porque River se derrumbó cuando tenía todo a favor. Marcelo Gallardo , pese a ser una leyenda, se olvidaba que debía proteger mucho mejor sus mensajes y desplegaba un arsenal de señalamientos. "Prefiero que se equivoque un árbitro y no siete", ironizaba disfrazado de estadista. El fútbol, burlón, antojadizo, en la inolvidable noche de Porto Alegre le dio una lección a River. El VAR, en realidad, calumniado ayer, se convirtió en el pasaporte millonario a la final. Una justa intervención tecnológica abrió paso a la epopeya. Penal, gol y clasificación. Y para darle un corte más reivindicatorio, el árbitro que tomó la desafiante decisión ante una atmósfera hostil fue el uruguayo Andrés Cunha..., el mismo que estuvo a cargo del despreciado VAR hace un año en Lanús.

"Cunha es un excelente árbitro", había anticipado el presidente millonario Rodolfo D’Onofrio antes del partido para espantar fantasmas. Una saludable posición, porque refugiarse en la desestabilizadora teoría de que a River había que tumbarlo era tan cómodo como cobarde. El VAR lo hizo, pero River lo forzó con la prepotencia de su carácter para quebrar al campeón en su fortaleza hasta anoche imbatible. Ahí está River, en la sexta final de su historia en la Libertadores. A ‘Pity’ Martínez lo esperaba un destino de héroe que ni se imaginaba cuando estaba en el banco. A Matías Biscay lo acompaña un halo mágico con su racha de seis partidos invictos cada vez que le tocó reemplazar al suspendido Gallardo. Casi un talismán.

Otras tres veces había comenzado River en desventaja el desquite de una serie eliminatoria en la Copa. Y había confiables vibraciones. Contra Cruzeiro revirtió la llave y en el Mineirao; a Jorge Wilstermann lo ametralló con ocho goles en el Monumental. Solo ante Independiente del Valle no había podido renacer en una noche que el arquero ecuatoriano Librado Azcona atajó como nunca en su vida. Parecía que Gremio, pragmático y despiadado, volvería a frustrarlo.

Pero otra vez en la dimensión sin retorno, cuando asoma la cornisa, River respondió. No tiembla. En minutos el duelo tomó un giro increíble para filtrarse en las páginas más fascinantes de la historia riverplatense. "Inventaron el VAR, así nos sacaron de la Copa", acusaba Enzo Pérez al árbitro Pitana, entre mil desbordes, para quejarse por la expulsión de ‘Nacho’ Fernández en el clásico con Boca que se jugó cinco días después de aquella eliminación ante Lanús. El fútbol da revanchas. Y lecciones. Tragarse las palabras puede ser un buen camino hacia la madurez. La histeria al desnudo, de un año a otro.

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