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SAITAMA, Japón.– Los dos tuvieron el triunfo en sus manos. Los dos lo dejaron escapar. No hubo buen fútbol en el partido, es cierto. Pero en la segunda mitad, Japón y Bélgica armaron un desparramo de goles y emociones y terminaron por hacer interesante un encuentro que parecía destinado al aburrimiento.
Lo del primer tiempo fue un compendio de pases infructíferos, esfuerzo inconducente y bajísima capacidad de generar peligro sobre los arcos. Sin embargo, en la actitud, Japón tomó la iniciativa y Bélgica adoptó una posición expectante en el campo.
El conjunto local estuvo errático. Casi ausente su figura, Hidetoshi Nakata, Japón se encontró sin conducción para abastecer de juego a sus delanteros. Los belgas, retrasados en el campo, dejaban demasiado aislados a sus tres hombres de adelante, aunque fueron ellos los que tuvieron las principales ocasiones de gol de la etapa.
Todo cambió en el segundo tiempo. Bélgica se mostró más activo y metió presión en el campo rival. Así, no extrañó que a los 11 minutos sacara ventaja. Un mal despeje de la defensa japonesa permitió que la pelota volviera con peligro al área y Marc Wilmots, con una magnífica chilena, puso el 1-0.
Duró poco la alegría belga, ya que dos minutos después empató Japón. Ono metió un pelotazo en profundidad, falló en el cierre Van Buyten y Suzuki llegó en velocidad para puntear el balón y superar al arquero De Vlieger.
A los 23, Inamoto –la figura del partido– recuperó una pelota en la salida de Bélgica, tocó con Yagisawa, la volvió a recibir, eludió a un defensor y, a la carrera, definió de zurda. Golazo.
Pero todo quedó igualado. La defensa nipona quiso jugar al off-side, pero Van der Heyden picó habilitado y definió por encima del arquero.
Para el final quedó la controversia: cuando parecía que el partido terminaba igualado, Inamoto armó una gran jugada en el área y definió de derecha. El árbitro Williams Mattus, de Costa Rica, empero, anuló la acción por una supuesta falta anterior. Era lo que faltaba para completar un segundo tiempo pleno de emociones.
SAITAMA, Japón (De un enviado especial).– Los 30 grados de temperatura y la intolerable humedad no intimidaron a los japoneses. En el estadio no cabía ni un alfiler. Desde muy temprano las adyacencias parecían un hormiguero. Es que al fin debutaba el seleccionado local en la Copa del Mundo y la gente, en su mayoría con la cara pintada de blanco y rojo, los colores de la bandera, y vestida con la camiseta de sus dos ídolos, Nakata y Ono, salió a darle su respaldo y concurrió con gran entusiasmo para ver el partido frente a los belgas.
Pese al empate final, Japón fue una fiesta. Su público conoce las limitaciones de su equipo y sabe que, tal vez, ni siquiera pase la primera rueda. De todas maneras, eso no le quitó las ganas de celebrar una igualdad que no estaba en los cálculos de muchos.
Todos fueron a ver a Nakata, pero Junichi Inamoto, con su buena labor en la marca y un gol de gran categoría, se convirtió en la estrella del equipo.
El DT Robert Waseige esperaba algo más que un empate: "Pensaba que los tres puntos iban a ser nuestros. El resultado es una sorpresa".
El costarricense William Mattus permitió que Japón abusara de las infracciones y debió expulsar a Toda; además, sobre el final, generó una polémica al anularle un gol a Inamoto.
Esta es la segunda participación del seleccionado japonés en una Copa del Mundo, pero es la primera vez que consigue sumar. En Francia 1998 perdió los tres partidos de la primera rueda (ante la Argentina, Croacia y Jamaica) y quedó fuera de la competencia.



