Jesús Dátolo, su rol en Banfield a los 35 años y la fórmula para ganarle a River

Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo
Patricio Insua
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15 de febrero de 2020  • 12:00

Atrás queda un largo recorrido, mucho más extenso que el que resta hasta el final. Sin embargo, a los 35 años está en el mismo sitio y bajo la misma conducción que en aquel punto de partida. Jesús Dátolo juega en el Banfield de Julio César Falcioni. Pieza clave de la cuarta parte de la saga entre el club y el entrenador, su debut se remonta al primer capítulo de esa historia.

Hace más de 15 años corría eléctrico por la banda izquierda, desde el medio campo hacia el área rival, con la camiseta verde y blanca que tenía estampado el número 13. Ahora con el 10 en la espalda y la cinta de capitán, su importancia en el juego del Taladro ya no pasa por el desequilibrio sino por la conducción. La velocidad mutó en una mayor sabiduría y una parte importante del andamiaje del equipo se sostiene en su manejo a partir de ser el administrador de la pelota cuando la posesión es propia.

"No tengo la dinámica de cuando empecé, es normal. Además, ya hace tiempo que juego por adentro y los movimientos son otros. Pero tengo las mismas ganas que el primer día, con la satisfacción que me da estar vigente. Es lindo mirar para atrás y ver todo lo que conseguí, pero vivo este presente con el desafío de seguir mejorando y ser útil para mi equipo", le cuenta Dátolo a LA NACION, en el predio de Luis Guillón, con la indumentaria de entrenamiento y los botines puestos.

El círculo que se había iniciado en Peña y Arenales siguió en Boca, continuó en Europa por Italia (Nápoli), Grecia (Olimpyakos) y España (Espanyol), se prolongó casi siete años en el fútbol brasileño (Inter, Atlético Mineiro y Vitoria) y vuelve a cerrarse en el sur del conurbano. Compartió plantel con Juan Román Riquelme, con Ronaldinho y con Lionel Messi. "Primero con Román en Boca, y sobre todo después en Brasil, aprendí que parando la pelota y jugando por el centro, incluso más retrasado, podía sacar mejor provecho a partir de mis características", explica en relación a cómo fue amoldándose a su posición actual.

Jesús Dátolo y la vigencia como volante a los 35 años
Jesús Dátolo y la vigencia como volante a los 35 años Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo

No cuestiona los cambios del paso del tiempo, sino que los asume con naturalidad. Entiende que el modo de jugar en la Argentina es diferente al de hace más de una década y que los futbolistas jóvenes están formateados de otro modo:

"Nuestro torneo es más dinámico que antes y hay que correr más, entonces es más difícil la combinación en una pared, por ejemplo. Antes los planteles tenían pocos chicos y era difícil hablar con los más grandes; hoy pasa al revés y los pibes son más. Yo les digo que se dispongan a vivir de esto, que se cuiden y sean responsables, porque la vida pasa... y el fútbol pasa más rápido todavía. Por eso está bueno que estén acá, que no se quieran ir rápido a la casa, que disfruten los mates, los tiempos compartidos, las concentraciones, la predisposición de la gente que nos ayuda en el club para estar tan cómodos", explica el zurdo mediocampista.

Ahora, en el Monumental

Banfield lleva siete partidos invicto como visitante en la Superliga. No sólo eso: en esa serie positiva fuera de su estadio no recibió ningún gol. Pero el compromiso del domingo en el Monumental se presenta como la escala más difícil.

"River tiene todo: velocidad, juego asociado, muy buena toma de decisiones, dinámica para la recuperación y un entrenador fuera de serie que pone a todos los futbolistas por detrás de su idea colectiva, se trate del jugador que se trate. Vamos a enfrentar al mejor equipo del país y por eso necesitaremos rozar la perfección. Para ganarle a River necesitamos rozar la perfección", anticipa Jesús Dátolo sobre el partido de mañana en el Monumental contra el líder del torneo.

"Para nosotros este partido es un gran desafío, para los más jóvenes y para los que tenemos un recorrido más largo. Es un compromiso muy lindo para jugar, ante el mejor equipo. Julio Falcioni nos da las herramientas para que tácticamente podamos afrontarlo. Es clave estar convencidos de lo que vamos a hacer y aprovechar nuestros momentos al máximo. Ojalá lo podamos ganar".

Fuente: FotoBAIRES

Nombra a Falcioni y abunda el afecto. "Julio me conoce desde hace muchos años y yo a él. Se me hace más fácil trabajar con él y con su grupo de trabajo, ya que con algunos de ellos incluso fui compañero: Javier Sanguinetti y Adrián González. Falcioni sabe lo que puedo dar adentro de la cancha y hacer afuera, y yo sé qué es lo que pretende. Es una historia linda, porque es la persona que me dio la posibilidad de jugar en primera hace más de 15 años y hoy los dos nos mantenemos en la categoría. Los dos estamos felices en Banfield".

También piensa en el retiro

Piensa en el retiro, pero todavía no lo proyecta; asegura que le gustaría que fuera en Banfield, aunque sabe que en los vaivenes del fútbol todo puede cambiar repentinamente. Se sabe importante para el equipo y también se detiene en los detalles que en esta etapa de su vida no son complementarios sino sustanciales, como que Diego Maradona, el técnico que lo llevó a la selección, le haya pedido su camiseta: "Fue tocar el cielo con las manos, esas son las cosas que te quedan para siempre".

Su lugar sigue siendo la zona de Ezeiza, donde están su familia y su gente; ya no en Carlos Speghazzini, sino en el barrio El Trébol. Siguen siendo los mismos mates, los mismos asados y las mismas tardes de pesca con su papa que cuando el fútbol todavía era un horizonte de incógnitas. "Soy el pibe al que criaron mis viejos y mi abuelo. Nunca me imaginé que la vida me iba a dar tantas cosas buenas. Soy muy agradecido por todo lo que me pasó. Vivo muy simple y con poco. El fútbol me dio mucho, pero yo necesito poco. La vida me enseñó a vivir con lo suficiente. Se trata de sentir y no de tener. No nos llevamos de esta vida nada más que eso".

Jesús Dátolo habla con simplicidad y una sonrisa casi indeleble, sin ningún apuro. Disfruta de las prácticas y si un partido se escapa en el último instante, la bronca no se prolonga de más. Abraza al fútbol sin detenerse en la coyuntura de un resultado. En su era de la madurez, pisa la pelota para no dejar de empezar una y otra vez.

Fuente: FotoBAIRES

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