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Marcelo Gallardo tomó una decisión: poner suplentes en un partido crucial del torneo local, como lo fue el clásico con Racing. Preservó a Teo Gutiérrez, Leonardo Pisculichi, Carlos Sánchez, Ariel Rojas, Gabriel Mercado, Leonel Vangioni y Leonardo Ponzio, además de tener lesionados a Jonathan Maidana y Rodrigo Mora... Desde los comienzos del ciclo, convenció a sus jugadores de una idea de juego, de darlo todo en la doble competencia hasta que en el camino se topó con Boca, por las semifinales de la Copa Sudamericana... Y entonces charló y convenció a los referentes de que debía cambiarse el plan y buscar alternativas para no desgastar aún más a las piezas que él considera clave para afrontar el choque ante el rival de toda la vida, pasado mañana, en el Monumental, por un lugar en la final de la Sudamericana.
Tal fue la magnitud de la determinación de Gallardo que en su condición de manager deportivo de River Enzo Francescoli salió a defender la decisión del entrenador que él recomendó para encarar la etapa post-Ramón Díaz. "No sé quién no hubiera hecho lo mismo... Aparte Gallardo está todos los días con los jugadores. Los jugadores en River tienen que jugar hasta el límite, porque más allá del límite empiezan las lesiones, que pueden traer consecuencias más graves", afirmó el Príncipe. "Perdimos la punta, pero estamos con fe: faltan dos partidos en un campeonato que ha sido muy equilibrado, sobre todo en las últimas cuatro o cinco fechas. Todo puede pasar", manifestó en el programa 90 minutos de fútbol, de Fox Sports.
"La rotación no puede tomarse como un pretexto. Esto es fútbol. River jugó bien hasta cuando pudo y le dio el físico. Las cosas se complicaron: la idea era poner y evaluar a los jóvenes poco a poco, y lamentablemente tuvieron que jugar casi todos en un partido. No hay que quejarse. Estamos ante otro gran desafío y con el equipo más descansado", aseguró Franscescoli.
Más allá de las aclaraciones y de las defensas públicas por las decisiones tomadas, el ambiente millonario se sorprendió ante las elecciones de Gallardo que generaron el nuevo escenario. El Muñeco marcó un camino antes, y lo sigue haciendo ahora. Entendiendo que no es lo mismo asumir estos partidos definitorios que aquellos partidos del comienzo del campeonato. Lo que marca que se juega mucho en la revancha ante Boca.
El conjunto de Gallardo viene de un semestre cargado, con un alto vuelo de juego en el comienzo, pero que declinó en su producción en los últimos partidos. Demostró un cansancio notorio y, en consecuencia, por eso tuvo que revertir varios marcadores adversos. Pero con Racing no pudo. Una prueba de la agotadora instancia del desgaste, tanto físico como mental. Y siempre extenuante psicológicamente.
Las circunstancias empujaron a Gallardo a una apuesta fuerte. Ahora River transita unos días de incertidumbre, manifestada en el rendimiento y en la ausencia de triunfos (cinco partidos sin hacerlo), cuestión que vuelve a poner al Muñeco ante decisiones trascendentes, a saber:
1) Manejar las presiones. Las charlas de las últimas horas del entrenador con el plantel tienen la intención de contener la ansiedad y los nervios. Para intentar controlar la presión lógica de las instancias decisivas y para sacar lo mejor de un plantel corto, pero que ya expuso condiciones como para lograr objetivos importantes.
2) Confiar en los de siempre. Tras la afección abdominal que lo dejó fuera del partido de ida de la Sudamericana, Rodrigo Mora ayer se entrenó con normalidad y, de no mediar inconvenientes, será titular ante Boca. Conformará pareja de ataque con Teo Gutiérrez, delante del enganche Pisculichi. En la defensa, Germán Pezzella seguirá en la posición del lesionado Maidana.
"La decisión fue que descansaran los que venían jugando seguido y presentar un equipo fresco con Racing. Fue una apuesta fuerte. Ahora tenemos que pensar en el jueves, que es la gran apuesta", reconoció Gallardo con el resultado consumado frente a la Academia. River viene de ceder el liderazgo en el torneo de Transición y por delante tiene el desafío emocional de enfrentar a Boca en el desquite por las semifinales de la Copa Sudamericana. La prueba más dura del ciclo de Gallardo.

