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Nada fue igual tras el Barcelona 3 vs. Real Madrid 3 del pasado marzo. Recuperado de una lesión que lo había sacado de las canchas durante tres meses, Lionel Messi rompió su regular temporada con una estelar actuación. Probablemente, aquellos tres goles, todos de impecable terminación, hayan reescrito su destino como futbolista. Esa noche, eliminó de un plumazo el síndrome del segundo año como profesional, cuando lo difícil no es llegar sino mantenerse. Finalizó su show con un golazo similar al segundo de Maradona a Bélgica en México 86. Messi nunca será Diego, pero siempre lo compararán con él. Después hizo la réplica más original de la obra maestra a los ingleses y hasta metió groseramente la mano en un juego de la Liga española para completar su repertorio de grandes imitaciones maradonianas.
Curiosamente, a Leo (éste es su apodo, no Lio) le fue mucho mejor que a Barcelona tras aquel inolvidable empate. El equipo aflojó en el final y perdió el campeonato ante Real Madrid. Mostró un buen nivel en la Copa América, donde Basile lo eligió por sobre Carlos Tevez. Amigos fuera de la cancha, Messi y Tevez aún deben complementarse sobre el verde césped. Han formado la delantera del seleccionado en muchos partidos (Pekerman los juntó ante Holanda en Alemania 2006), pero, por ahora, la fórmula no ha funcionado. Se duplican, se chocan y no se potencian. Ellos y el propio Basile tienen este desafío por delante pensando en las eliminatorias.
Lionel es el argentino que más goles ha marcado en este 2007. Ya van 20, 16 con Barcelona y 4 con la Argentina. Este número dice mucho sobre él. Tiene más gol que pase, más gambeta que toque. Es, en definitiva, delantero. Hace daño en los metros de la verdad. No se le caen los anillos si debe perseguir una proyección del lateral rival hasta su propia área. Los tres piques que hizo el miércoles pasado ante Lyon para marcar al francés Reveillere habrían emocionado a Marcelo Bielsa, que siempre defenderá aquel esfuerzo de Ortega ante Roberto Carlos en la Copa América de Paraguay 99. No lo duden: el seleccionador de Chile, que en su momento usó a los López, Gustavo y Claudio, como extremos derechos de perfil invertido, estaría fascinado con dirigirlo. Hoy debe estar preguntándose cómo su equipo podrá neutralizarlo el sábado 13 de octubre cuando empiecen las eliminatorias con ese morboso duelo en el Monumental.
Frank Rijkaard lo dejó en el banco para el primer partido de la temporada. Prefirió armar el trío atacante con Ronaldinho, Eto o y Titi Henry, el fichaje mediático del Barsa para recuperar protagonismo tras el título de Real Madrid. El problema de la abundancia se acabó enseguida con la lesión del camerunés. Y Messi puso las cosas en su lugar. En el arranque de la Liga de Campeones, la rompió toda para el 3-0 ante Lyon. Anteayer, se encargó de liquidar a Sevilla con dos definiciones marca registrada. En la primera, recompensó un excelente pase de Henry con un extraordinario control de balón y un golpe de tijera. En la segunda, ejecutó el penal bien despacito, como hacemos los papás cuando queremos que nuestro hijo lo ataje. Pero el arquero Palop, despatarrado en el otro palo, no salió en la foto. En sus dos festejos apareció el saludo surfer dedicado a su amigo Ronaldinho, ausente y cuestionado por supuestos excesos de noche y discoteca.
Ahora manda Messi en el Barsa. Es el jugador más desequilibrante del mundo. Encara, gambetea y no lo pueden parar. Cada intervención suya le da un martillazo al partido. Cuando la agarra, todos intuyen que algo grande va a pasar. Y casi siempre pasa. Sus compañeros lo buscan permanentemente. No importa que esté marcado. Se la tiran igual. Si bien su punto de partida sigue siendo la banda derecha para limpiar el camino a puro enganche con la zurda, aparece por todos lados. Ante Sevilla llegó a jugar de 9 cuando entró el mexicano Giovanni dos Santos. Justamente a quien ya llaman el nuevo Messi. El chico, de padre brasileño, irrumpió en Barcelona de la misma manera que Leo hace un par de temporadas.
Pero cuidado: es el equipo el que potencia a Messi y no al revés. Cuando juega bien, juega bien él y punto, a diferencia de su compañero Iniesta, por ejemplo, que sí hace jugar al equipo. Por sus características de neto corte individual (gambeta, velocidad y gol), difícilmente influya en el rendimiento de sus compañeros tanto como influye en el resultado de un partido. Esto no lo reduce como futbolista, simplemente lo retrata. No tengamos miedo en ponerle esa palabrita tan peligrosa y tan dañina cuando se usa mal: Messi es un crack. En la furiosa actualidad, está por encima de todos. En el balance de 2007, sólo el brasileño Kaká saca más chapa gracias a su título de Liga de Campeones con Milan (máximo goleador, con 10).
A sus 20 años, se ha convertido en el jugador argentino más importante del mundo. Y Basile deberá armar el seleccionado pensando en cómo potenciar su juego vertical, explosivo y frenético. El Barsa está lleno de buenos pasadores que lo encuentran con habilitaciones profundas y rasantes: Xavi, Iniesta, Deco y hasta el propio Henry. Mientras Riquelme se entrena sin jugar, cuesta encontrar uno de éstos en el plantel argentino. Lucho González podría ser, pero en la selección no repite sus buenas actuaciones en Porto. Fernando Gago llena el formulario, pero es suplente de Diarra en Real Madrid y juega poco. Aimar lo interpretó muy bien durante la Copa América. Se buscaron, se entendieron naturalmente y armaron una sociedad interesante. Sin Román, Coco ya lo probó como conductor. Se desgastó en el traslado de la pelota demasiado lejos del arco y le pegaron muchas patadas en zonas sin peligro para los rivales.
Fanático del fútbol, siempre está dispuesto al aprendizaje. Sabe que no le sirve exponerse a golpes innecesarios. Ya no está tan pendiente de hacer magia en cada pelota que toca y acepta que, a veces, la mejor jugada es un simple toque a un compañero. Mientras más cerca juegue del área contraria, más daño hará con sus gambetas. Por eso, será muy importante que el equipo lo alimente con un circuito de juego. Antes nos poníamos contentos con sus goles (aun los decorativos) y nos sorprendíamos con su rápida inserción en Barcelona. Los tiempos han cambiado. Hoy Messi es un crack con todas las letras y se le exigirá como tal. Por supuesto que tendrá partidos malos, como todos los buenos. Pero la selección debe asumirlo como su jugador más importante.
No es el único, desde luego. Hay unos cuantos argentinos destacándose en los equipos top del mundo. Tevez ya facturó en Manchester United, Mascherano se luce en Liverpool, Demichelis juega siempre en Bayern Munich, Milito nunca sale en Barcelona y, aunque juegue 10 minutos, Saviola también mete goles en Real Madrid. Pero Lionel Messi es el distinto. Aunque él diga que sigue siendo el mismo de toda la vida. Desde aquel 3-3 en el Camp Nou, ya nada fue igual...



